Insólita parece esta huelga
de transportistas contra los incrementos de precio de los hidrocarburos
y los pagos al SOAT. Los empresarios del transporte, al parecer, quieren
diesel y gasolina subsidiados. Los subsidios a los combustibles son el
sarampión de la economía y pueden desatar una espiral inflacionaria
inimaginable. Esta medida arbitraria de protesta provoca cuantiosas
pérdidas al país en horas de clase no dictadas, en sobre costos para
llegar a tiempo al centro de labores. Sin duda, desangra a los propios
transportistas muchos de los cuales son conscientes que tras la
paralización en realidad no se logra absolutamente nada. Quienes se
pelan de muelas en realidad porque sino trabajan no comen son los
conductores y cobradores que para ganarse el día en tiempos de paro son
azuzados al vandalismo callejero en el marco de la consabida protesta.
Quienes realmente deberían
emprender una huelga y no sólo de dos días deben ser los usuarios
maltratados diariamente. Niños, amas de casa, ancianos y estudiantes son
conducidos a sus hogares en forma indigna e inhumana. Los niños son
apretujados como animales sin consideración ni respeto. El Perú es
realmente uno de los pocos países de América en donde la ineficiencia en
el sector transportes aún se mantiene en pie. Hasta en el Ecuador
contrasta el trato amable a los usuarios. Los taxistas, por ejemplo, se
caracterizan por su cortesía, buen trato y la limpieza de sus unidades.
Aquí andamos peleados con la higiene.
El transporte interprovincial
ecuatoriano no tiene los defectos de la informalidad tan nuestra que
vende más pasajes que los que pueden soportar las unidades. Los
vehículos están en mejores condiciones de seguridad y limpieza. Tampoco
se alienta esas malas prácticas que favorecen la delincuencia en las
carreteras: como el embarque de pasajeros donde se le ocurre al chofer,
los paraderos informales, el tratar a los pasajeros como carga que se
acomoda en el camino. Aquí acontece todo lo contrario sin que a los
operadores monopólicos de los servicios de transporte nadie les coloque
un dedo y nadie absolutamente nadie les diga de una voz por todas: ¡
Alto señores somos seres humanos.!
Los usuarios estamos hartos del mal estado de los vehículos, la
insolencia de los conductores y cobradores. Porque no tenemos cultura de
reclamo nos callamos ante las incomodidades de los vehículos viejos y
destartalados. Realmente no hay usuario o usuaria que no exprese su
cansancio y su rabia ante estas empresa de transporte “ que siempre
pierden” pero que contradictoriamente nunca abandonan esta actividad y
reaccionan con salvajismo frente a cualquier modalidad de competencia
que los arrincone en el rincón de la chatarra.
Ya quisiéramos transportistas
competitivos por la calidad del servicio no por la suma de
ineficiencias. Necesitamos empresarios que hagan posible buenos
servicios no ganapanes que quieren cargar al usuario los costos de la
informalidad, vicios y falta de previsión. El futuro del transporte
público urbano y transporte interprovincial se llama eficiencia. No
abuso. Si estos operadores quieren permanecer en el mercado tienen que
demostrar que son competentes. No incompetentes, ineficientes y
abusivos. El día que los usuarios decidan iniciar paros en contra de
este mal servicio es muy probable que desaparezcan del mapa. El día que
realmente los usuarios exijan y se penalice el abuso. Muchos quedarán
fuera del negocio. En algunas ciudades operan verdaderas mafias del
transporte que impiden que otros operadores ingresen en el negocio. El
futuro realmente se llama calidad en el servicio a precios justos y hay
que promoverlo.
En un mercado
competitivo sólo sobreviven los que brindan un buen servicio. El
objetivo del servicio de transporte son los usuarios. A los empresarios
corresponde la provisión de servicios en condiciones de equidad en las
que los precios guardan correspondencia con el servicio que se recibe.
No guarda correspondencia con lo que el usuario paga la incomodidad y el
maltrato. Finalmente creemos que todos somos libres de protestar pero no
de bloquear caminos e interrumpir el libre tránsito y desencadenar el
caos. Este es un delito frente al que tiene que intervenir con energía
el Ministerio Público. El orden público es un preciado bien que no se
puede salvajemente violentar. (Septiembre,19, 2005)