El Regional de Piura:
25 de abril del 2006
La expresión “Entre Escila y Caribdis” se utiliza para referirse a una
situación donde uno debe elegir inevitablemente entre dos peligros o dos
males.
La mitología griega dio lugar a esta encrucijada, donde en el estrecho
de Mesina que es un paso entre Sicilia y la Península Itálica, los
navegantes tienen que sortear a Escila, joven doncella convertida en
peligrosa roca por los dioses y a Caribdis ninfa marina hija de Poseidón
y Gea que inundó la tierra para ampliar el reino submarino de su padre
hasta que Zeus la transformó en un remolino que devoraba todo lo que se
ponía a su alcance.
Alejarse de Escila aproximaba a los navegantes a Caribdis y viceversa.
Según La Odisea de Homero, Ulises eligió arriesgarse con Escila a costa
de parte de su tripulación antes que perder el barco completo con
Caribdis.
Un tercio del electorado peruano, al haber perdido su opción preferida,
se siente como si en esta segunda vuelta del proceso electoral tuvieran
que optar ahora entre Escila y Caribdis, por su aversión a ambos
finalistas.
Una alternativa es alejarse del peligro, lo que en este caso equivale a
votar con los pies, es decir mandarse a mudar a otro país.
La mayoría de este tercio tenemos que asumir nuestra realidad y decidir
no solamente nuestro futuro sino el de nuestros hijos y nietos sin
abandonar nuestro país.
Estamos en una situación parecida a la de un miembro de un grupo de tres
donde al decidir inicialmente ante un menú donde había Lomito Saltado
(L), Olluquitos (O) y Arroz Chaufa (A), el lomito ha sido descartado por
ser un plato para ricos.
Si no nos gusta ni O ni A tendríamos que resignarnos a quedarnos sin
almuerzo. Esto puede ser posible un día pero no seis años seguidos. Si
hemos decidido quedarnos no podemos optar por el voto en blanco. Tenemos
que elegir emulando a Ulises lo que consideremos el mal o el peligro
menor, hasta que llegue el día en que los otros dos miembros del grupo
entiendan a la luz de la experiencia que L era una buena alternativa… si
es que antes no somos devorados por Escila o Caribdis.
Generalmente los gobiernos totalitarios han llegado al poder por la
fuerza, en muy raras ocasiones han sido resultado de la voluntad
democrática expresada en las ánforas.
Para ejercer el control sobre los gobernantes, el instrumento en una
democracia es la Constitución del Estado, Carta Magna, Ley de Leyes o
Carta Fundamental y la libertad de prensa. Son estos mecanismos los que
deben prevalecer como garantía de la libertad individual, esencia del
ser humano.
Sin embargo, muchos no logran explicarse los hechos observados en
nuestra historia reciente. ¿Cómo un solo individuo logró meterse al
bolsillo a todos los poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo,
Judicial, Electoral incluso a la Fuerza Armada y a los medios de
comunicación sentándose sobre la Constitución y la libertad de prensa?
¿Cómo Keiko obtiene más votos que Don Valentín? ¿En que país estamos?
La respuesta la dio hace 158 años el precoz Economista John Stuart Mill:
“La única garantía contra la esclavitud política es el control mantenido
sobre los gobernantes mediante la difusión entre los gobernados de la
inteligencia, la actividad y el espíritu público.” |