El Regional de Piura:
27 de noviembre del 2006
Concluidas las elecciones, como era previsible, como una plaga de
cucarachas, han aparecido los analistas políticos esos que siempre
vaticinan triunfos, los desinteresados proveedores de servicios con
beneficio incluido, los asesores, los camaleones incondicionales que
conforme a sus diagnósticos saben como es el “monstruo” de la
administración municipal o regional por dentro. Los hay de todos los
colores con alma de melcocha porque se acondicionan al ganador de turno.
Por supuesto no faltan los que se quemaron el lomo durante la campaña y
ahora pasan factura y quieren un puestito del que vivir en los próximos
cuatro años.
Los candidatos derrotados optan por consolarse con los resultados
obtenidos, pagar las abultadas deudas que dejan las campañas o jugar al
muertito y flotar hasta la próxima contienda electoral. Todos juran y
recuran no meterse más en política pero el juego del poder como el de la
ruleta tienta al mismo diablo. Pocos son realmente los que ladrillo a
ladrillo construyen un vigoroso liderazgo. Muchos desprecian ser los
vigilantes fiscalizadores de los que electos ocupan ya sus cargos porque
su horizonte diminuto fue la contienda electoral. Se puede perder una
batalla pero no la guerra.
Este civismo que supera la pasión de una campaña es el que nos hace
falta. Esa energía social para exigir a los alcaldes y al propio
presidente regional menos circo y más seriedad en el manejo de los
presupuestos. Ese afán de ejercicio cívico activo que construye espacios
de participación y de inclusión por encima de los festines partidarios.
La vigilancia serie y honesta no es otra cosa el que exigir a los
gobernantes de turno que cumplan con sus planes de gobierno y que en el
manejo de los dineros públicos sean escrupulosamente honestos. Esa
valentía, la de apretar los chupos de la corrupción, es la que nos hace
falta.
Nosotros sólo nos acordamos que somos ciudadanos a vísperas de las
elecciones después nos gusta jugar al muertito a la flotación
indiferente de hacer nada. Tampoco se nos ocurre criticar, reclamar,
exigir, señalar, convocar y organizar. Preferimos dormir la siesta,
callar, silenciar, coludir, disfrutar pero no ejercitar ciudadanía
activa. Nos hemos acostumbrado al circo electoral no a ganar palmo a
palmo las adhesiones ciudadanas. Como bien dicen en los barrios
marginales: “…sólo para la elecciones se acuerdan de nosotros después no
somos nada”.
El ejercicio de la ciudadanía activa, no es un sarampión político. Es
reconocer que somos ciudadanos y que la política es un ejercicio
cotidiano en defensa de mejores condiciones de vida para todos. No se
piense que las autoridades elegidas se sacaron la tinka y bien por ellos
que disfrutarán del poder. No es así. Nosotros también podemos
revocarlos y ponerlos de patitas en la calle si empiezan con el inmoral
carnaval del dispendio, la malversación y el cohecho propio. Nosotros la
sociedad civil somos un poder algo así como el foquito en la casa del
pobre. Miles de foquitos que se enciendan iluminarán con vigor la
conciencia de los pueblos. |