El Regional de Piura:
29 de noviembre del 2006
Trece mil hectáreas cultivadas de caña de azúcar incorporadas a la gran
agricultura de exportación entre los años 1912 y 1918 constituyeron la
cifra referencial y relevante en los estudios y tratados de Alan García
en sus diagnósticos de la realidad peruana, en que describía el proceso
de nuestra economía desde los inicios del siglo pasado y en la que
afirmaba: “ El Estado instrumento de poder de los grupos intermediarios
es embrional y comparte sus atribuciones de imperio con el
latifundio..”.
Alan García reafirmándose en sus tesis del sistema de enclave,
“característico de las economías dependientes de inicios de siglo
–pasado-“ y donde les excedentes eran resultados de bajos salarios,
rumbo a engrosar el capital financiero con destinos lejanos a nuestro
país, el sistema de enclave no tenía otra definición sino la de “no sólo
la captura de zonas geográficas de recursos primarios por el capital
extranjero, el que tiene también canales de exportación directa sin
relación con el país...”, o lo equivalente al latifundio.
La historia nos recuerda también las definiciones “extremas”,
conceptualizando la realidad económica como “el modo de producción
servil mercantilista” y en que a sus defensores conceptuales en unas de
las tantas veces en que Haya de la Torre respondió, les sentenció:” Agua
O Muerte” frente al “Tierra o Muerte” o consigna a rabiar en el problema
agrario del Perú.
Trece mil hectáreas a cultivar de caña de azúcar a incorporarse hoy a la
gran industria del etanol y el gran capital, en la misma costa peruana
en la región Piura a favor de la transnacional Maple y los Romero,
renacen la vieja concepción del latifundismo un siglo después, donde el
Perú es convulsionado por el desarrollo de la ciencia y la tecnología y
donde en apariencia y práctica las ideologías han perdido espacio, el
capital corre a velocidades vertiginosas, el libre mercado marca la
pauta y sus aliados la información y el conocimiento lo hacen exitoso.
Pero también aquí donde la miseria y la destrucción laten y al acecho,
son el gran pasivo de una historia de injusticias y de violencia.
No es un hecho extraordinario, que trece mil hás pase a pocas manos,
recordando la injusta tenencia de la tierra en el Perú de hoy, que marca
enormes desigualdades, donde el 84% de propietarios tiene menos de 10
hás. y el 10.5% de superficie agropecuaria comparado al 3.5 %con
tenencia de más del 77% de superficie, con mas de 50 hás. Lo discutible
y que hoy merece la respuesta justa y encendida de los productores
agrarios de la localidad al arrancarles una justa aspiración a la
explotación de esas tierras y a su derecho al uso del agua que hoy se
les niega para sus cultivos existentes por preferir al “gran capital”,
con mejores precios por hectárea que a ellos. Hoy le gritan a la
historia y al gobierno regional: “Tierra y Agua”.
Si la nueva concepción de desarrollo del Estado parte de la
redistribución de la riqueza, eliminación de la pobreza, el logro de
mejores condiciones de vida , el desarrollo humano y espacial, en
función de la dinamización de su economía local y el uso de sus propios
excedentes, como respuesta y estrategia de la misma humanidad por
contrarrestrar los efectos de la glovalización, que duda cabe, la
necesidad de evaluar, resultados y objetivos a futuro.
Los posibles beneficios del Estado suponiendo romper la tesis del
“sistema de enclave” de Alan García, en el caso de la nueva explotación
de caña de azúcar a favor de pocas manos supone cuantificar las mejores
condiciones laborales y remunerativas del factor mano de obra, nuevos
puestos de trabajo, acumulación y reinversión de excedentes, beneficios
tributarios, tecnología, responsabilidad social etc (evaluando con Haya
de la Torre su tesis del lado bueno del capital). frente a las enormes
posibilidades de desarrollo económico y social de pequeños productores
que asociados ya hoy acá en nuestra región, en la práctica satisfacen ya
segmentos de mercados mundiales con productos agrícolas no
tradicionales, productores a los que hay que dar la oportunidad de
maximizar beneficios en su favor, capacitándoles, asistiéndolos
técnicamente, dotándolos con tecnología y canales de comercialización
más directos, que frene el abuso de las empresas comerciales
exportadoras, hoy Hernando De Soto plantea su “TLC para adentro” que
equivale precisamente a elevar la capacidad o masificar los beneficios
de ese comercio exterior que hoy se reduce a pocas manos.
El malestar de los productores de la región, y los más afectados con la
posibilidad de verse afectados por el recorte de su couta de agua para
beneficiar a la transnacional Maple cuya producción final sería a EEUU y
de los Romero, poderosos financistas del Perú, tiene sobradas
justificaciones. Basta escucharles, revisar y proyectar la historia. |