El Regional de Piura:
16 de octubre del 2006
Partí
al filo de la madrugada confundido entre los adoradores infinitos del
Cautivo de Ayabaca. Toda la noche sumergido en sueños y el aroma
penetrante de mentol chino y Agua Florida de los devotos. El chofer se
mantenía insomne gracias al el elevado volumen del tocacintas repitiendo
insistentemente huaynos, pasillos, tonadas cajamarquinas y los cantos a
los peregrinos del ciego Pablito Maldonado. Los niños revestidos de
hábitos morados y chambritas de lana en pleno sueño soportando el frío
que penetra por los ventanales. El viaje duró cinco horas desde Piura
atravesando la sabana verde de Sullana, Tambogrande hasta Paimas. De ahí
en ascenso al filo de la cordillera.
Cerca de Arraypite una Coaster con las llantas al cielo y el chofer
muerto por saltar al abismo. El se arrojó primero el bus lo aplastó
después. Los cuarenta pasajeros se salvaron de milagro. Eran las 5.00 de
la mañana. La travesía sigue entre cerros poblados de salvajinas e
higuerones. A las siete y media de la mañana asomó Ayabaca convertida en
un hormiguero gigantesco. No había llovido en la noche y los peregrinos
se habían posesionado de todo. De la plaza, de las posadas de todos los
rincones. Todos descansaban cubiertos con colchas de lana y plásticos de
todos los colores.
Aquí llegan todos los que tienen plata y los pobres. Los que roban y los
que se defienden con sus filudas puñaletas y espadas ocultas bajo los
ponchos. Una legión de chunchos inicia el día con música tarapotina. En
los comercios se repite infinitamente el video del Señor: “Lleve…lleve
usted la verdadera historia del Cautivo a sólo tres soles…un recuerdo.”
Ayabaca sólo tiene agua dos horas en la mañana y con alrededor de 10 mil
almas que congrega el Cautivo el pueblo se transforma con este desbocado
ritmo inusual.
Las familias campesinas descienden por los cerros para venerar al Señor
y de paso comprar alguna cosita. Van ataviados con sus ponchos y sus
coloridas alforjas. En el pueblo se confunden con los yunganos y los
miles de peregrinos que rodean el santuario y organizan la “adoración”
al Señor. La fila recorre las cuadras y los fieles pertrechados de
ofrendas y algodones esperan tocar la preciosa imagen y desgranar sus
ruegos. Un verdadero mar humano con cirios ilumina al Cautivito. Un
Cristo moreno imponente con el rostro lacerado y la mirada puesta sobre
ese gentío conmovedor de feligreses. De pronto a las 10.00 se escuchan
tambores con insistencia. Pareciera que el antiguo inca llegara a la
Plaza pero no es el Señor colocado en sus andas por los varones de la
hermandad. Un mar de aplausos, oraciones y llantos es demostración de la
fe patente de un pueblo. Un pueblo que revitaliza su esperanza y su
fervor.
“Cautivitos” de todos los tamaños son reliquias preciadas. Los
callejones de Ayabaca no tienen espacio para la gran cantidad de
peregrinos que cada Octubre llega a esta capital andina. Aquí estamos
recorriendo las calles en plena mañana fresca y soleada. No faltan las
camionetas 4 x 4 de los ecuatorianos y las de los narcos. La agricultura
de Ayabaca es pobre. Cuando pregunté:¿De qué vive la gente en Ayabaca?.
Me respondieron: “Unos de sus chacritas, los más del municipio y de los
ministerios de educación, salud y agricultura, últimamente también de
las ongs”. En los bares y las cantinas los jóvenes de Ayabaca no beben
aguardiente ni son aficionados a los “canelazos”. Hoy prefieren cerveza
Cristal al tiempo que es como si estuviese helada. Ya no usan poncho
prefieren los jeans y los polos modernos, tampoco usan sombrero como sus
antepasados. Aunque siguen aficionados a los dientes de oro para
cautivar a las hembras.
Las ayabaquinas conservan su hermosura, la tez muy tersa refrescada con
agua serenada con pétalos de rosas de Castilla. Los tres días que se
venera al Cautivito Ayabaca es un mar humano. En los muros de los cuatro
callejones nuevas pintas : “Agro si-Minería no” pero la agricultura de
Ayabaca es pobre. Basta contemplar a los pobladores que se arremolinan
por los caminos sólo pueden vender a los viajeros botellitas de cañazo,
limas, caña cortada y algunas bolsitas de chifles traídos de la costa.
Los caldos de gallina han sido reemplazados por los de pollo de granja.
Entre los atractivos de Ayabaca están el Capac Ñan y los viejos muros de
Aypate. También están las orquídeas las que admire como una posibilidad
de desarrollo de una actividad económica floreciente para los
pobladores. Me descorazoné cuando me dijeron:” Son hermosas, parecen de
plástico”. |