El Regional de Piura:
21 de octubre del 2006
En un último encuentro académico sobre Desarrollo Económico Local que
convocó a representantes de la región norte de nuestro país, trató como
parte de su temática, el flujo de dinero a los respectivos espacios
económicos locales, buscando cuantificar los volúmenes que participan en
su dinámica.
Una pregunta puntual demandó explicación y justificación a la validez o
no del dinero inyectado producto del narcotráfico a esas economías
locales. La respuesta fue clara y firme: es un flujo válido que hay que
aceptar e incorporarlo a la información requerida. En efecto se procedía
simplemente a la descripción de los hechos. Es claro que estos flujos se
incorporan a la dinámica productiva, comercial, financiera, formal y
legal de nuestra economía. Sin embargo una reflexión implícita al asunto
se había cursado.
El narcotráfico afecta la economía nacional y local. Produce competencia
desleal por acción del lavado de dinero. Junto con el contrabando
distorsiona las actividades económicas, llegando a la destrucción o
desaparición de negocios formales y hasta consolidados como se ha podido
constatar en nuestros espacios locales.
En nuestra región nombres propios y ocultos, desde hace décadas, se han
constituido en gran parte de la nueva “élites” económicas y sociales,
manifiestas de la noche a la mañana, con evidentes y extraordinarios
signos de riqueza y poder. Han contribuido a nuestra precarias
economías, en su dinamismo comercial y financiero, exhibiendo niveles
contradictorios de estabilidad y crecimiento, considerando épocas
difíciles de las economías locales respectivas.
El narcotráfico corroe nuestro tejido social, limitando su participación
efectiva y transparente y mermando la generación de su capital social
tan reclamado e incluido como factor importante en la generación de
competitividad y desarrollo.
La lacra en referencia es, si, generadora del principal insumo de
destrucción institucional y social. Su poder y fortaleza ha quebrado con
facilidad la representación de la justicia en nuestro país, y está
latente en otros poderes del estado, debilitando la confianza y
estabilidad jurídica tan reclamada por nuestros potenciales inversores.
El incremento de la delincuencia criminal ha alcanzado niveles
desproporcionados, teniendo como principal aliado el consumo de drogas.
La tesis de Sendero Luminoso y el MRTA de exportar “muerte” al
imperialismo y recibir dólares a cambio y la complacencia de algún
gobernante convencido de “mejores condiciones” para nuestra economía,
facilitaron sin duda la presencia del componente pernicioso que hoy hace
daño a los propios peruanos sin ninguna distinción social o económica.
Sin duda el daño finalmente afecta, tal y como lo difunde las Naciones
Unidas luego de evaluado y analizado el problema del narcotráfico, quien
sostiene y concluye con contundencia, recogiendo experiencias comparadas
en otros países: “a la larga el tráfico de drogas impide el crecimiento
económico”
En el Perú cientos de millones de dólares se quedan producto del
narcotráfico de los cerca de 15,000 millones que en su cadena
destructiva, una parte satisface nuestra demanda interna y el resto va a
la exportación, con su bien ganado prestigio de “Producto Escoria”.
Arrastra consigo desde tiempo atrás cantidades insospechadas de
consumidores peruanos, cuyos indicadores porcentuales sorprendentemente
superan niveles de países y regiones de América, Europa, Africa, a
diferencia solamente del consumo de los EE.UU. de Norteamérica.
Información que parece no trasciende en las decisiones y políticas del
estado, donde la simplista y escasa atención para su freno se reduce a
avisos televisivos, a veces ridículos y hasta irònicos a sabiendas del
enorme daño que está causando al individuo, la familia, la sociedad y su
desarrollo.
Bastaría confrontar a cuantos productores cocaleros perjudica la
producción de coca y a cuantos consumidores y familiares liquida, cuanto
contribuye a destruir nuestro orden legal y nuestra gobernabilidad y
cual es el precio a nuestra propia dignidad.
Piura, importante ciudad de nuestra región, se ha convertido en ruta
permanente de salida de la droga hacia el extranjero, insospechado
“bastión” de lavado de dinero, incorporada vergonzosamente al eje clave
del “Triangulo Blanco” que abastece al mundo. Nada impide o garantiza
hoy cortar el avance a este submundo criminal. |