El Regional de Piura:
22 de octubre del 2006
Esta semana que pasó periodistas de varios medios locales fuimos
invitados a escuchar hasta la saciedad las propuestas de gobierno de los
candidatos al gobierno regional y a la alcaldía de Piura. Por supuesto
que acabamos embotados de jarabe de lengua, de prestidigitación pero
también de mal gusto. Por supuesto, no faltaron los que reclamaron a los
periodistas una lectura menos pesimista de la realidad. Algo así como un
maquillaje complaciente y pervertido de lo que realmente acontece.
Personalmente tenemos que aclarar que los periodistas no nos dedicamos a
la decoración, al eufemismo. Nosotros llamamos a las cosas por su
nombre. La realidad es lo que es. La irrealidad es lo que no es.
Deploramos no ser como ellos quieren. Tampoco esperamos una cartulina
con letras doradas para consumar la complacencia de nadie. No nos tienta
ningún "Huascar Anda" <huascaranda@yahoo.com>cargo
público. Nos basta con ser ciudadanos que no se atan la lengua
dispuestos a demandar que otros ciudadanos utilicen a la hora de elegir
razones y no emociones.
Las emociones son promesas de ventana en donde se crucifican las
ilusiones de las adolescentes tiernas. No entiendo porque estos
candidatos se hacen los chanchos rengos frente a la corrupción. Sus
propuestas que en el fondo no lo son no pasan de ser declaraciones bien
intencionadas. Mucho ruido y pocas nueces.
Hace poco pregunté a un grupo de profesores, según su particular punto
de vista: ¿Cuáles son los cursos que se considera sin importancia en la
escuela?. Hubo muchas coincidencias en señalar a los siguientes:
Educación Física, Educación Cívica, Religión y Educación por el arte. La
respuesta incita serias reflexiones. La educación física, el deporte y
el atletismo son parte de la disciplina del cuerpo. El deporte enseña en
la vida a competir sanamente. Actitud que hoy no existe en nuestros
escolares.
Mente sana en cuerpo sana no es una afirmación casual sino una fórmula
de vida armoniosa y creativa. El competir en la vida es capacidad de
asumir desafíos y tener ambición de triunfos. Lo contrario al deporte es
la apatía, la desidia. La inmovilidad ociosa. Por eso no nos quejemos
cuando descubrimos que nuestros estudiantes hoy son haraganes
complacientes adictos al no hacer nada.
La educación cívica, se presume, forma a los ciudadanos. Extiende el
sentido de ciudadanía activa entre los niños y jóvenes. De ningún modo
puede quedar reducida al culto a los símbolos patrios ni a los desfiles
escolares y a la idea fácil de que se ama al Perú estirando la pierna.
Este no es el genuino sentido del civismo, el civismo importa
conocimiento y
apropiación de deberes y cumplimiento de derechos.
Esas actitudes poco cívicas en las plazas, en las comunas, en las aulas,
esa incapacidad de elegir a los mejores tiene su origen aquí.
La certeza de la existencia de Dios es el soporte de la formación
religiosa. Cuando el que enseña o pretende enseñar religión no tiene la
certeza personal de sus convicciones la formación religiosa se convierte
en un circo tedioso. No existe tampoco en el ritualismo religioso y en
la intolerancia ese espíritu de verdad que se sostiene en las verdades
reveladas.
Sumemos a ello la incoherencia de los diablos predicadores y quienes se
detienen en aspectos externos sin penetrar en la significación profunda
de los evangelios. No tiene sentido que se pida a los alumnos un
ejemplar de la biblia si al final del curso acabará entre los vendedores
de libros del mercado y con la insatisfacción de no haber sido leída ni
por el profesor ni por los alumnos.
La vivencia del arte es tan intensa como la vivencia de Dios. La belleza
es un valor al que asoman quienes se asoman a la pintura, la música, la
escultura y la literatura. La educación por el arte modela el gusto,
educa los sentidos y despierta sensaciones y emociones humanas
irrepetibles. Abrir los ojos de los niños a la belleza no es una tarea
fácil requiere sensibilidad e inteligencia humana. Nosotros despreciamos
el curso de educación por el arte pero, más tarde, nos quedamos en
silencio ante las torpezas urbanísticas de un alcalde o los verdaderos
monumentos a la estupidez de esta arquitectura mafiosa para robar los
recursos de un municipio. |