El Regional de Piura:
24 de abril del 2007
Según el Diccionario de la Real Academia: “maleta” deriva de mala y
alude a un cofre pequeño de cuero, lona u otras materias que sirve para
guardar en viajes o traslados ropa u otras cosas y se puede llevar en la
mano. También se llama así a todo objeto que cumpla tal función. Otra
significación de maleta es la de: Mujer pública que trae uno consigo,
ganando con ella. Por maleta se entiende también al ladrón que para
robar se hace encerrar en ella. “Andar como maleta de loco” significa no
tener objetivos claros en la vida, no saber qué se quiere o se pretende.
Largar o soltar la maleta significa prepararse para irse a alguna parte
o dejar el cargo. En Chile, dejar la maleta, significa partir para no
retornar: la muerte misma.
Maleta significa también enfermedad, el mal habitual que consume la
salud. En tauromaquia maleta es la práctica torpe o desacierto en la
profesión que se ejerce. Maletilla es la persona joven desasistida de
medios que se abre paso, en base a ayudas, para salir de la adversidad.
Maletero, designaba a la persona que tiene por oficio hacer o vender
maletas, o al que por oficio transporta equipajes. En las viviendas se
refiere al lugar destinado a guardar maletas.
Según Álvarez Vita, en replana, maleta: significa espalda, caja
torácica, pulmón. Maletera se denomina el lugar destinado en los
vehículos a llevar las maletas o equipajes. Según Arámbulo Palacios:
maletudo en Piura es la persona que tiene un defecto en la espalda
debido a una mala curvatura de la columna. Una significación no
registrada es : maletear como hablar mal de alguien. Indisponer,
levantar falsos testimonios y mentir para afectar la buena fama de
alguien. En la Piura institucional abundan los maleteros y maleteras.
Los maleteros, son una especie abundante en el mundillo político y en
los espacios en donde hay usufructo el poder. En este extremo el
maletero deviene en chismoso y envidioso dedicado a obtener cera y
pabilo de la vida ajena.
Hay quienes disfrazan la “maletería” de prudencia y desconfianza en
esencia se trata de la envidia producto del egoísmo exacerbado que se
instala corrosivamente en las personas que sufren con el éxito ajeno. La
envidia es un sentimiento perturbador que se desata a la vista de la
gracia, posesión y ganancia de lo que el otro posee. En el fondo el
envidioso se confronta con su propio fracaso el de no tener lo que el
otro tiene. Lo que pretende la mirada del envidioso, advierte Lersch, es
el gesto virtual de querer quitar con los ojos lo que el otro tiene. La
envidia resiente y con el paso del tiempo se inventa sus propios
argumentos para aparecer como causa justa sin serlo. La envidia es el
desgarro que provoca la felicidad de otros.
Como la envidia, la maletería, es un pozo sin fondo donde se acumulan
las amarguras propias. El mejor antídoto contra la envida y la maletería
es el buen humor. El sentido sano de competencia no ese afán acaparador
de lo que por justicia no me corresponde. Si hay algo que no hay que
perder de vista es la relación estrecha que existe entre la envidia y la
mentira. El envidioso patológico acaba por deformar la verdad y a lo
largo de su vida tiene serias dificultades para distinguir lo verdadero
de lo falso. Así acaba convirtiéndose en un mentiroso consumado: primero
empleando como recurso fácil las mentiras piadosas y jocosas, para
caminar después a las mentiras oficiosas que favorecen o perjudican a
otros. Para que la mentira prospere necesita del auxilio de amiguitas
perversas llamadas simulación: el fingir lealtad o afecto, la
hipocresía: aparentar lo que no se es ni lo que se tiene, la adulación:
el elogio impropio desmedido y la ligereza en las apreciaciones. Como
bien decía Rafael Otero, que fue diestro maletero infantil en la
estación del ferrocarril. Hoy lo maleteros han sentado reales en las
instituciones de gobierno en donde a consecuencia del ocio consentido
hay mucho que hacer. |