El Regional de Piura:
15 de enero del 2007
A Claudia L, por compartir su amor a los libros.
Leer un libro es peligroso. El conocimiento engendra conocimiento. El
conocimiento no acepta una fe a ciegas, se resiste a aceptar lo
generalmente aceptado. La lectura suele ser subversiva, capaz de
convertir a unos en ángeles y a otros en demonios.
A la persona aficionada a las ediciones originales, más correctas o más
raras de los libros y amante de los libros se le llama bibliófilo. Los
hay quienes coleccionan toda clase de libros, y quienes sólo se
interesan por determinadas obras, quienes sólo buscan autores celebres,
quienes gustan del material de la edición, quienes andan tras una serie
completa de una edición especial. Todos los anteriores son ángeles pero
pueden llegar a ser demonios si su pasión se convierte en vanidad.
A los que gozan comprando libros que no han de leer se les llama
bibliòlatas. Ellos poseen metros cuadrados de libros que utilizan para
decorar el “cuarto de estudio”, es decir son los que no leen ni dejan
leer. Son los estudiantes que caminan con un libro bajo el brazo o
cubriendo su pecho.
A los que tiene la pasión de tener muchos libros raros o los
pertenecientes a tal o cual ramo, más por manía que para instruirse se
les llama Bibliómanos. Estos realizan esfuerzos económicos por comprar
libros que no leen, presumen de doctos, pero no lo son. Frecuentan
bibliotecas y librerías para hurtarse los libros, pues creen que un
libro se conserva mejor en su poder.
Y los demonios más temidos son los bibliòfobos, aquellos seres oscuros
que odian los libros y los comprar para destruirlos. Los bibliòfagos son
insectos, no personas, que gustan almorzar los libros porque apetecen la
materia de la que están hechos. Los que gustamos de los libros somos
extraños, pero humanos al final de cuentas, solo que cada uno decide ser
ángel o demonio de los escritos en el papel.
San Miguel de Piura 14 de enero de 2007
10.23 a.m.
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