El Regional de Piura:
25 de junio del 2007
En las últimas semanas y como consecuencia de variadas discrepancias, un
regidor de la Municipalidad de Sullana fue expectorado de la agrupación
a la cual pertenecía porque solicitó el cese de una funcionaria o porqué
"siempre estuvo en contra de ella" según versiones opuestas.
Los conflictos que se han dado en esta entidad, entre el alcalde y sus
regidores, y la forma como se vienen tratando podría llevar a
equivocaciones. Los conflictos son inherentes a los grupos sociales y
humanos. Es improbable que todos piensen lo mismo y que todo sea
armonía; sin embargo, corresponde a las partes, ser sensatos y
responsables para encontrar puntos de consenso.
En las últimas horas otro regidor del mismo grupo, decidió renunciar a
la agrupación de gobierno enarbolando las mismas causas, es decir, creer
que la gestión del médico Jaime Bardales está llena de mediocridad, se
falta el respeto al regidor, no hay resultados favorables, no se les
escucha y para justificar mucho más la salida, se expresa que el alcalde
hace una férrea defensa de los criticados.
El alcalde contrario a escuchar, ha decidido
agravar las cosas y ha entregado a su funcionaria una resolución
redundante en parte y exagerada en otro articulado. Ha creído
conveniente delegar sus funciones administrativas, que es de entender
son las que le corresponden de acuerdo al artículo 20° de la Ley
Orgánica de Municipalidades y además, infringiendo la norma otorgarle
funciones en su ausencia, aspecto que supera el marco normativo, que
regula de manera inequívoca que en ausencia del alcalde, lo reemplaza
el regidor que le sigue en prelación.
La delegación de facultades es un mecanismo para dar mayor dinamismo a
una organización, conceptualmente se delega la función pero nunca la
responsabilidad. Lo que quiere decir, que la funcionaria beneficiaria de
esta decisión puede hacer lo que estime conveniente, pero la
responsabilidad nunca será delegable; Jaime Bardales, en caso de actos
irregulares será tan responsable como la persona que ejecuta actos
delegados. Adicionalmente, deberá tenerse en cuenta que la delegación
de facultades debe ser expresa y no general como es el caso.
El documento demuestra una actitud de
mucha confianza hacia la funcionaria que cuestionan los regidores; uno
expulsado de la agrupación que lidera el alcalde, otro renunciante y
tres más que claman por ser escuchados. Todo confirma que hay una
actitud obstinada de dar respaldo a la funcionaria
municipal y escuchar poco sobre las discordancias que exponen los
regidores indicados.
Jaime Bardales como alcalde de Sullana, ha demostrado demasiada
impericia, poca inteligencia para resolver problemas y mucha festividad
para los asuntos sin mayor importancia. Existen algunos proyectos
favorables que se están tomando como exitosos, pero deben tenerse en
cuenta que no son el resultado de su gestión, sino la
materialización de oportunidades que se brindan desde el gobierno
nacional y regional.
La impericia lo ha llevado a hacer del presupuesto un instrumento casi
inservible. El incremento en los gastos por servicios no personales y de
consultoría, la contratación exagerada de personal y de asesores, puede
ser tomada con mucha alegría, sin embargo, es una gran irresponsabilidad
que deberá llegar a su fin.
Los conflictos de esta naturaleza no son nuevos en Sullana.
Existen resultados nefastos que hasta ahora se recuerdan. El puente
Junín, obra importantísima para el desarrollo provincial, con
presupuesto y expediente listo, se frustró por la desinteligencia en
solucionar los antagonismos presentados. Se podría buscar culpables y es
probable que cada quien encuentre una explicación propia. Cuando no se
mira más allá de un metro de distancia, alguien cree tener la razón
estando equivocado.
Existen algunos elementos que han derivado en serios cuestionamientos.
El caso de la transferencia de fondos de un banco a otro, es grave. La
contratación exagerada de personal, poniendo en riesgo la estabilidad
municipal es peligrosa, el retardo en la ejecución del programa de
inversiones, los sucesos del Programa del Vaso de Leche o
la pérdida de recursos por falta de idoneidad de sus funcionarios, son hechos
que deben llevar a la toma de conciencia para adoptar los correctivos
que se requieran.
En tal sentido, no es cómodo ver panoramas que ensombrecen el panorama
político local. El alcalde debe ser el líder de la ciudad; es
autoridad tanto como los regidores, pero a él le corresponde encontrar
puntos de acuerdo y de consenso. Entrar en un enfrentamiento radical,
sin escuchar a los otros, es perjudicial para él y para la estabilidad
política que requiere Sullana. Quizá olvida que los regidores, expulsado y
renunciante, seguirán adoptando decisiones, su voto es determinante y
ello deberá tenerse en cuenta.
Este conflicto no debe llevar a falsos triunfalismos como lo visto en la
última asamblea municipal. El médico Bardales debería
primero pensar en la estabilidad de su gobierno y las responsabilidades
comunes que tiene con sus regidores. A un funcionario es fácil
reemplazarlo, pero al regidor no. De inteligentes es mirar más allá del
metro de distancia que ahora ve y que le acorta la percepción general.
Diálogo es lo que se requiere, por el bien de Sullana. Diálogo directo
para crear consensos. Actuar de una manera contraria, es simplemente
contribuir al deterioro institucional y al atraso de Sullana. |