El Regional de Piura:
Una interrogante muy fácil de responder y difícil de aplicar, y casi
imposible de encontrar coincidencias respecto de cómo hacerlo, para qué
y bajo qué criterios y consideraciones. El tema, muy profundo y tomado
superficialmente...manoseado hasta la saciedad y mientras tanto,
estático e indolente con mira hacia el futuro.
No obstante, un asunto que debe preocupar, pero no para caer en el
discurso fácil, repetitivo, vacío en ideas y que tanto le gusta a la
gente...ese discurso contagioso que a costa de tanto escucharlo, lo
hacemos nuestro e incluso terminamos creyendo que es una verdad.
Y es que cuando se pregunta de qué visión se quiere de Piura, de
inmediato pensamos en el futuro, sin olvidarnos que cada minuto que
pasa, es precisamente ese futuro, y que los desperdiciamos tal vez
pensando que éste, es un cúmulo de años por dejar pasar.
Tampoco se trata de un inmediatismo. Pero, a qué vienen estas
reflexiones. Simplemente, y no por culpa del actual gobierno, de qué no
sabemos a donde apuntamos y de qué Piura queremos. De otra forma, no nos
explicamos porqué siguen las aguas negras aflorando por doquier, el caos
urbano, las continuas marchas, y otros factores que desdicen de una
polis de nuestro tiempo.
Quizá, todo esto se debe a la pobreza y carestía de líderes en nuestro
medio. Hace poco asistimos a una exposición, donde se sindicaba a Hitler,
Napoleón Bonaparte como tales. Hasta la concepción de líder está
transfigurada. Tal como están las cosas, la figura más cercana al
concepto, identificación y praxis de líder, corresponde al capitán de un
barco, y no precisamente por ser el que se queda a lo último cuando
comienza a hundirse. El fundamental propósito, es precisamente que el
barco no se hunda.
Y es que cuando se hace la pregunta de qué visión se quiere, pensamos en
las cosas que nos rodean, y no en lo esencial, que es la persona humana.
No podemos estar preguntándonos que Piura queremos, si no hacemos una
autocrítica de cómo estamos y reconocer el como nos ven.
Hace poco, en un taller, se definía la visión como algo ideal, un sueño
y se ponía como ejemplo, la paz. Bajo esta consideración, había que
evitar para nuestros ideales, todo lo relacionado al romanticismo,
fatalismo, pesimismo y autárquico, y sobre el piurano, eso de que el Sol
nos adormece y apaga, o la obligada siesta, que para muchos de afuera,
es otro factor que nos tiene como estamos, sin horizontes. No, la siesta
es parte de nuestra cultura, es parte de nosotros.
Y volviendo, que visión, que ilusión tenemos sobre lo que queremos sea
Piura?. Las posiciones son variadas, heterogéneas, divergentes, pero en
todos los casos, queremos algo mejor, una idea de lo ideal. Vale pensar
en una ciudad con servicios, acorde a nuestros tiempos y todo lo que
representa este nuevo siglo.
Pero, tal vez que lo que falta en esa visión, es lo fundamental, sin
ella no tiene sentido cualquier perspectiva.
Falta la autocrítica y ver que visión tenemos de nosotros mismos, de
cómo nos ven, y bajo el sentido primario de lo básico de la existencia
humana . el hombre y la familia, considerar que esa visión, ese sueño,
se convierta en algo objetivo.
No hay que olvidar, que se trata de un pensamiento que se sustenta en un
sentimiento. Este último. No hay que perderlo, debemos rebuscar nuestra
identidad y revalorizarla, y el pensamiento, esa idea, mejorarla, para
tener una visión compartida aprovechando la diversidad de criterios,
donde ya no se trate de hablar y hablar, sino de construir ideas, sin
adornos, sino con sencillez. Claro, reconociendo además, que todos somos
distintos.
Ser distintos, es una gran ventaja, reconocerlo mucho más, pues hace que
nos reconozcamos, los unos a los otros, y de esta manera establecer los
términos de respeto mutuo.
Vale la pena tener en cuenta también ese proverbio oriental de “Si haces
planes para un año, planta arroz. Si haces planes para diez años, planta
árboles. Si haces planes para cien años, educa al pueblo”. |