El Regional de Piura:
24 de mayo del 2007
El
Director Ejecutivo del Centro de Estudios Públicos – Perú /CEPPER,
Licenciado Eugenio D´Medina Lora, proporciona alcances respecto a esta
nueva institución fundada el 4 de mayo de 2007. En polémica entrevista
con El Regional de Piura, nos entrega sus puntos de vista sobre esta
nueva institución, sus objetivos, la importancia de la formación
política y la situación política de Piura con relación a los problemas
que la aquejan y a las probables soluciones.
El Lic. D´Medina Lora es además Investigador Asociado de la Sociedad
Economía y Derecho y Profesor de la Facultad de Economía de la
Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas de la ciudad de Lima. Aquí
sus declaraciones:
¿Cómo se plasma la idea de una nueva institución de investigación
política?
La idea fue madurando por casi dos años y tomó forma definitiva en este
mes. Fundamentalmente, la idea es llenar un vacío de oferta de estudios
de análisis público y formación política en el país. La oferta actual
tiene claramente una tendencia de naturaleza socialista en su
interpretación o en otros casos, un enfoque conservador. Pareciera que
no hay espacio para otras visiones.
¿Es que acaso en las universidades no se da importancia a la
formación política?
La oferta universitaria en carreras o programas dedicados a la formación
política está orientada casi exclusivamente por el pensamiento de
izquierda. En tiempos recientes viene incrementándose el número de
programas, pero la oferta aún es reducida, si se compara por ejemplo,
con países cercanos como Chile, Brasil o Argentina. Pero la rigurosidad
de los trabajos aún dista de colocar una masa crítica de trabajos de
análisis político en los grandes estándares de calidad. Y la formación
política va por el mismo camino. El resultado es que no solamente los
políticos peruanos terminan sesgados a una sola visión, sino que además,
en su praxis política, carecen de capacidades de alta gestión. Los
resultados están a la vista de todos.
Y esto se nota en la política diaria, ¿verdad?
Bueno, es claro que si no hay formación de calidad, no hay ejecución de
calidad. No podemos esperar mucho de políticos que no son políticos,
sino empíricos de la cosa pública que muchas veces alcanzan posiciones
de poder por tener una notaría o por haberse dedicado a liderar
invasiones. Nuestra política es, efectivamente, de corte cotidiano,
diario, efímero, casi farandulero. No hay alcances para mirar la gran
política. Luego lo único que queda para el debate político es la
discusión de lo mediático y pedestre.
¿Qué papel juegan los partidos políticos en este deterioro? ¿Les
cabe alguna responsabilidad?
Bueno, los partidos políticos en Perú hoy no son más que grupos de
personas influyentes, clanes reducidos de intereses comunes que pugnan
no por defender ideas ni doctrinas ni visiones de país, sino por manejar
el uso de los recursos fiscales y de los aparatos burocráticos a nivel
nacional, regional o municipal. Si usted pregunta a un ciudadano común
que le nombre a diez figuras descollantes de la agrupación política que
elija, no le sabrá completar la lista simplemente porque no los hay. Por
eso el camino a las próximas elecciones presidenciales está totalmente
abierto.
Entonces, ¿son responsables?
Para lograr objetivos de clanes no se necesita formación. Sin embargo,
para la gran política sí se requiere ineludiblemente. No existen
incentivos para formar políticos serios, sino únicamente operadores
políticos que consigan los votos. Si quiere alguien ser senador o
presidente en un país de la Unión Europea, en Estados Unidos o más
cercanamente, en Chile o Uruguay, hay que tener credenciales académicas,
labor intelectual previa o destacadas trayectorias profesionales. Aquí
no. Un manejo político serio requiere políticos serios y no simples
acopiadores de votos.
¿Cree
usted que en Piura, como en el resto del país, se está generando una
nueva forma de hacer política? Planteo esta pregunta partiendo de que
estamos en un proceso de descentralización y que se han producido ya dos
elecciones regionales en este siglo.
Es una pregunta amplia. No diría que hay una nueva forma de hacer
política sino una vieja manera de hacer política pero una nueva forma de
politizar los temas regionales y municipales. En el marco del proceso de
descentralización, antes que una nueva clase política de naturaleza
territorial están surgiendo formas de manipular el poder central desde
las instancias subnacionales.
Los políticos en regiones y municipios consideran su máximo logro el
reunirse con el Presidente o el Primer Ministro para conseguir alguna
obra o partida. No tienen verdadera iniciativa para llevar a cabo, desde
las regiones, los cambios estructurales que necesitan sus ciudadanos.
Eso es solamente el discurso, la realidad es que siguen concibiendo al
gran poder estatal central como la mata de recursos para fines
político-electorales.
Pero la descentralización está orientada a cambiar esto, ¿no cree?
La descentralización no puede entenderse solamente como un asunto de
partidas presupuestarias que hay que repartir, sino como un tema
cultural. Se sigue pensando que es el gobierno central el llamado a
hacer las grandes tareas. Un ejemplo de esto es lo que ha pasado con el
SNIP. Exigen todos que se elimine o se relaje, pero nadie se preocupa
desde las instancias de gobierno subnacional, que se fortalezcan los
cuadros técnicos que permitan formular adecuados proyectos de inversión.
Si existieran estos cuadros potentes en las regiones, tomarían la
iniciativa y no tendrían que rogar a que les relajen del SNIP
simplemente porque les quedó grande.
Sin embargo, la gente presiona por más obras. ¿Cómo manejar esa
presión desde la gestión política?
Pues precisamente haciendo gerencia política de calidad, lo que implica
una sólida convicción doctrinaria y un manejo de elementos técnicos del
campo de la política y fuera de ella. Este tipo de gerencia no abunda en
los actuales gobernantes regionales y municipales. La gente siempre va a
preferir más carreteras, más hospitales y también prefieren que logre el
campeonato todos los años el Atlético de Sullana. Todo esto es
entendible, pero esto no significa una patente de corso para gastar los
recursos fiscales solamente para satisfacer estos deseos y acallar el
reclamo popular. Estos recursos tienen un costo de oportunidad, porque
en realidad, no existe algo así como fondos públicos. Todos los fondos
son privados, porque se originan ultimadamente en los impuestos, aunque
cuando pasan a formar parte de los recursos fiscales son manejados por
el sector público. Las autoridades, cuando se animan a postular a un
cargo público, tienen que estar preparados para manejar la presión y el
conflicto.
¿Cómo ir cambiando esta situación? La gente parece que cada vez
elige peor.
Hay improvisación y entonces, se produce el desencanto de la gente con
el sistema. Lo hemos visto en las elecciones presidenciales y se repitió
en las últimas regionales y municipales. No hay liderazgos claros y la
gente termina votando sólo para que no les coloquen una multa o porque
así le malogran la fiesta a algún político tildado de “tradicional”. Por
eso es peligroso que cualquiera entre a la política y más aun, que la
ejerza sin preparación adecuada. Esto se agrava cuando hay un electorado
voluble, poco informado e instruido, plagado de necesidades
insatisfechas y diseminado en un entramado social caracterizado por la
desconfianza en absolutamente todo.
¿Esta en cuestionamiento entonces el propio sistema de elección y
la democracia?
La democracia no debe estar en tela de juicio, pero para ello hay que
permitirle funcionar y no castrarla. Toda democracia que funciona exige
un patrón de reglas de juego que la haga funcionar. Es un error pensar
que un país es más democrático porque más gente vota. Para eso, que
voten los niños si quieren ir al colegio o que nos dejen elegir a los
sacerdotes. La democracia implica reglas. Un buen paso sería hacer de
elecciones verdaderamente libres, es decir, con voto voluntario, para
evitar que quienes no se interesen, tengan que hacerlo sólo para
continuar teniendo un DNI y se vuelvan así, presa fácil de los
mercachifles de la política criolla. Esto lo vengo planteando desde hace
varios años en artículos de opinión de Lima. Sólo así habrá una
democracia con libertad, que es muy distinta de lo que sucede en las
democracias dictatoriales, como la venezolana, por ejemplo.
Los
conflictos son, indudablemente, parte de este juego democrático.
Regresando al plano concreto de la realidad piurana, los conflictos
debido a la actividad minera se han multiplicado...
Son dos temas diferentes. El conflicto es inherente a la política y cabe
a los que manejan el aparato público gestionar la alineación de los
distintos intereses. En el caso de la minería peruana en general, y de
la minería piurana en particular, se trata de una actividad que
históricamente ha generado conflicto. Por lo mismo, también hay una gran
carga emotiva que es aprovechada por algunos para multiplicar el
conflicto.
De ahí que los gobiernos regionales, antes que los municipios y que el
propio gobierno central, deben asumir una parte mayor de la gestión de
ese conflicto, porque están en el ámbito territorial donde se produce.
En la práctica, como sucedió en Cajamarca hace algunos meses, esperan
que venga el Primer Ministro a resolverles el problema. Ojo que ni
siquiera es el ministro del sector, sino el Primer Ministro el que tiene
que hacerlo. No concibo algo más propio de una cultura centralista que
esta actitud.
¿Cree usted que debe hacerse actividad minera en Piura o es
demasiado conflictiva para manejarse a largo plazo?
Yo entiendo que las problemáticas de Tambogrande y Río Blanco pueden ser
miradas con enfoques distintos. Mientras en Tambogrande hay una
agricultura floreciente que significa una actividad importante para sus
pobladores, en Ayabaca y Huancabamba la minería puede significar un
avance que no tiene substituto en dichas zonas tan marginadas del
desarrollo. No olvidemos que la actividad minera representa tres cuartas
partes de los ingresos por exportaciones. Entonces yo enfocaría el tema
desde otra perspectiva, preguntando qué oportunidades alternas les
podemos ofrecer a los habitantes de Ayabaca y Huacabamba si descartamos
a la minería. ¿Quién desde el gobierno o de las organizaciones no
gubernamentales se va a hacer cargo del desarrollo de sus pueblos, de
sus hijos y de ellos mismos?. La información debe ser completa para que
la gente decida. De nuevo, es fundamental el diálogo previo con los
pobladores antes que los hechos consumados. Y quién debe tener la
iniciativa para promoverlo es el gobierno regional.
¿Pero cómo enfrentar el problema de la contaminación?
Los pobladores de las alturas de Piura merecen que se les cuide al
ambiente y más. Pero hay una satanización de la gran minería, impulsada
por intereses políticos. El problema de la contaminación de Piura no es
fundamentalmente de origen minero. Ahí está la contaminación de la bahía
de Paita, del río Chili y de los alrededores de la ciudad de Piura para
demostrarlo. No olvidemos que también está el problema de la minería
artesanal, que ha convertido a Piura en algo similar a la fiebre del oro
del viejo oeste americano, donde hay zonas en que simplemente, no hay
Estado. Pero hay que informar adecuadamente a la población de los
avances tecnológicos de la nueva minería y debe existir la garantía de
que se cumpla la ley para no contaminar o para, si hay acuerdo entre las
partes, que se generen las compensaciones justas a los que pudieran
eventualmente resultar perjudicados. Pero ese proceso de información y
de resguardo del cumplimiento de la ley debe asumirlo el gobierno
regional, quien debe ser el interlocutor entre los actores y ser
portavoz creíble ante el gobierno central.
Este ejemplo nos lleva a una gran cuestión: ¿cómo ve usted que
está la situación política de Piura manejada desde sus autoridades?
Más allá de los aspectos mencionados que se aplican también a Piura, en
este caso hay peculiaridades propias de una realidad concreta. En el
plano regional, el actual presidente tiene poco apoyo ya que Piura no es
aprista hoy en día. De hecho, de no ser porque en las últimas
elecciones, la principal oposición no aprista se fraccionó en dos grupos
porque todos querían ser generales y no soldados, Piura tendría un
presidente regional con mayor base electoral. Esto reduce los grados de
libertad y la iniciativa para plantear soluciones radicales a viejos
problemas desde el gobierno regional.
Por
ejemplo, proyectos como el Alto Piura, el desarrollo del puerto de Paita
o los corredores binacionales con Ecuador, tendrían que merecer la
principal atención del gobierno regional, buscando diseñar mecanismos
para incorporar inversión privada a esos proyectos, en vez de esperar a
que organismos centrales como Proinversión o el Ministerio de
Transportes y Comunicaciones les resuelvan el problema.
Tampoco hay capacidad de diseño de proyectos novedosos de educación y
salud en que pueda incorporarse capitales privados bajo sistemas
modernos que logren aumentar la oferta en esos sectores tan sensibles
socialmente.
¿Y en el caso de la Municipalidad de Piura?
Este caso tiene ciertas peculiaridades porque el actual alcalde es una
persona que ha evolucionado hacia un pragmatismo que le ha proveído de
un importante reconocimiento público. Entiendo que su actual prioridad
es el reordenamiento urbano, para lo cual está enfocando como asunto
central el problema del transporte. Bajo tal contexto, la propuesta del
municipio piurano de llevar a adelante la concesión de un terminal
terrestre me parece adecuada. Este proyecto debe complementarse con el
ramal de evitamiento oeste para evitar el paso del transporte pesado por
el casco urbano. Dicho ramal debería proponerse a Preinversión para que
lo incorpore en la anunciada concesión de la denominada Red Vial No. 1
que comprende el conjunto de carreteras de la Panamericana Norte desde
Piura a las fronteras con Ecuador por Aguas Verdes y Puente Macará. Si
el alcalde piurano logra esto, será un éxito rotundo de su gestión.
Volviendo al CEPPER, ¿qué tipo de acciones concretas piensan
realizar en esta fase de despegue y cómo considera que puede contribuir
esta institución para mejorar la forma de hacer política en el país?
Un error común en la política latinoamericana es el mesianismo de
creerse portador de las grandes soluciones. Nosotros en el CEPPER somos
mucho más modestos, sin que esto signifique que seamos conformistas.
Creemos firmemente en que es crucial que el cambio pase por una nueva
visión de la política desde los espacios regionales. Y en tal sentido,
gran parte de nuestros esfuerzos se relacionan a la problemática de la
descentralización. Para ello, vamos a trabajar a varios niveles con
instancias gubernamentales subnacionales a fin de conjugar esfuerzos
para generar productos de formación en ciencia política y capacitación
en gestión gubernamental. Nos interesa no solamente trabajar con
funcionarios públicos, sino con asociaciones civiles, universidades y
especialmente, con jóvenes. Y desde esta modesta institución, empezar a
cambiar mentalidades, encender la chispa de nuevas formas de ver el país
y reinterpretarlo a la luz de los tiempos que corren.
¿Tienen pensado hacer trabajo en Piura?
Piura será uno de los puntos fuertes que hemos establecido anteladamente
para realizar nuestro trabajo porque encontramos condiciones aparentes
de receptividad al mensaje que anima a los que hacemos CEPPER. Las
potencialidades de la región y su inserción al mundo harán propicia
nuestra actividad por estas queridas tierras. Estaremos antes de lo que
imaginan, regresando a empezar nuestra acción institucional aquí en el
marco de actividades formales. Y muy gustosos de comunicarnos con todos
los interesados en conocer de nuestras actividades a través de nuestra
web ( www.cepper.org ). |