El Regional de Piura:
01 de abril del 2008
Este epígrafe de Sebastián Salazar Bondy resume de modo breve lo que
tenemos que decirles a nuestras autoridades municipales y a las del
Gobierno Regional. Errar es humano pero no tanto. La conducción de la
cosa pública en Piura es un juego del patín interminable. ¡Válganos Dios
en que ciudad tan descascarada vivimos!. ¡Válganos Dios que tormento
terrible tener las autoridades que tenemos! Tan ineptas, tan
despistadas, tan despojadas de sensatez y de la sensibilidad humana
necesaria para darse cuenta, teniendo la podredumbre frente a los ojos,
que estamos mal. Respirando el hedor malsano de las alcantarillas.
Observando como de un día para otro nuestras ciudades se han llenado de
huecos y costras resecas.
No ven o no quieren ver el producto de sus desaciertos. Demás está
repetir el viejo inventario de nuestras calamidades. El mercado caótico
que hace un gratuito favor al desorden y al desgobierno, las
alcantarillas sin tapa, el polvo infecto que respiran nuestros niños. El
abandono total de las avenidas, parques y plazas en donde para colmo de
males se talan los pocos árboles que existen. El abandono de los locales
escolares sin el agua elemental para la higiene. La inseguridad
ciudadana. La chatarra andante del transporte urbano. La pobreza como
detonante de la informalidad indetenible por las calles. La prostitución
a una cuadra del monumento a Grau y a cuatro cuadras de la Plaza de
Armas.
La ingobernabilidad de todos los días. El desorden en múltiples formas.
La basura acumulada con el favor de los malos vecinos, el hurto de
energía, las conexiones clandestinas de agua potable. La invasión de los
escasos pulmones verdes de la ciudad. El tráfico de tierras. El consumo
y venta de drogas a inmediaciones de los colegios. El robo descarado que
no hay quien lo pare. La publicidad grosera que lo invade todo como si
no hubiera autoridad. Y por encima de todo el despilfarro a última hora
para tapizar de apariencia el camino de los invitados a la cumbre con la
creencia de poder maquillar la podredumbre.
El cabildo de Piura en 1588 ordenaba “que por ninguna vía ni manera se
consienta, ni nadie lo haga, que desde la obra de la Presa y Tacalá la
parte de arriba no se lave ropa en el río ni se eche vascosidad ni
inmundicia ni cosa que pueda hacer daño al agua, porque el agua del
trecho dicho es la que ha de beber la gente de la ciudad, y lo que han
de tener por vista y recreación por ser tan agradable como es, so pena
….de cien azotes dados por las calles acostumbradas de esta dicha
ciudad…” De modo que 420 años después habría que escarmentar con verga
de toro a los responsables de ese delito ecológico y criminal que
importa el verter las aguas de las alcantarillas al río causa silenciosa
de tanta enfermedad.
Tanta suerte para la desgracia de los piuranos soportando este ejercicio
negligente del gobierno. ¿Son ciegos o no quieren ver la realidad?. Si
tienen ojos comedidos para sus beneficios personales como no los tienen
para entender que el pueblo soporta estoicamente las aguas embalsadas,
ese itinerario culebrero de huecos y demoras por toda la ciudad. Ese
rostro desencajado y enfermo de los pobladores insomnes antes nubes
insoportables de zancudos . Ese desconcierto humano de dejar que todo
siga aconteciendo sin atizar la protesta general y el civismo. Se puede
errar, porque el errar es humano, pero no tanto cuando se lesiona la
dignidad de las piuranos obligados a soportar las consecuencias de la
imprevisión y ese estilo tan infortunado de conducir a un pueblo. |