El Regional de Piura:
02 de abril del 2008
En el Perú existen actualmente 121 ISP Públicos y 224 ISP Privados (345
en total) y 45 Facultades de Educación; lo que suma un total de 390
Instituciones de donde han egresado los docentes que hasta hoy cumplían
trabajo pedagógico en las escuelas públicas y privadas del país. El
Gobierno, en saludable iniciativa, suspendió ayer de manera indefinida
la creación de nuevas facultades de Educación en el país, además de los
exámenes de admisión a esa carrera y los cursos de capacitación a
distancia para docentes, hasta que acrediten, previa evaluación, la
calidad de su enseñanza.
Los diagnósticos coinciden en señalar la deficiente formación de los
profesores peruanos. Ni los pedagógicos ni las Facultades de Educación
brindan una formación magisterial de calidad. A ello se suma la
proliferación mercantil de programas de formación magisterial acelerados
y a distancia de universidades privadas. Realmente una estafa para los
futuros docentes.
Muchos docentes de las facultades de educación universitarias no dejan
de ser una improvisada cosecha de las desaparecidas escuelas normales y
los institutos pedagógicos con los que difícilmente y a duras penas se
puede mejorar la calidad formativa de los futuros maestros. La formación
magisterial, por eso, no deja de ser más de lo mismo. Sin un aire de
renovación y cambio. Otro factor es la migración masiva de los
postulantes que no son admitidos en las universidades a los institutos
pedagógicos. Una vez egresados se reciclan en la universidad en donde
con deficientes programas de formación magisterial obtienen la
licenciatura universitaria con un simple recibo de pago.
Otros programas sólo funcionan sábados y domingos. Otros son los ciclos
intensivos de verano que distan enormemente de la formación regular. El
envilecimiento de los programas es un fiasco consumado que reporta
pingues ganancias de la deshonestidad (tráfico de notas, acoso sexual,
certificaciones y evaluaciones al mejor postor etc. ) . El propósito es
brindar una titulación académica, sin escrúpulos, al precio que sea.
En la propia universidad se ha perdido el norte respecto a las demandas
educativas del país. No existe claridad respecto a las líneas de
investigación reducida a deleznables monografías sin aporte personal y
sin aplicación absoluta a nada. Otro factor de distorsión es el
conflicto de poder que despiertan los cargos directivos ejercitados como
capellanías para sumar ingresos a la boleta de pagos.
La formación docente, es un tema crítico y la acreditación debe iniciar
un proceso de evaluación a fondo que permita acabar con estas serias
deficiencias no sólo en los aspectos cognoscitivos, valorativos y
afectivos. Basta con observar el abandono de las aulas sin cuidado
alguno, la falta de material bibliográfico fresco y las malas prácticas
docentes como la impuntualidad, la improvisación, el pluriempleo para
darnos cuenta que en estas precarias condiciones no se puede obtener
mejores resultados en la escuela. ¿Cambiamos, nos acreditamos o
desaparecemos? |