El Regional de Piura:
07 de abril del 2008
Pepe Estrada, sin duda, fue uno los periodistas que más asiduo trato con
la cultura ha tenido en Piura. Lector empedernido, conversador ameno y
maestro en todas las circunstancias ha dejado profunda huella en las
nuevas generaciones de periodistas y escritores. Su ausencia tras una
fecunda siembra nos recuerda que don Pepe como la semilla del algarrobo
en el desierto nos deja preciados frutos. Don José fue dueño de
privilegios mayores como el de una fecunda amistad aprista con Felipe
Cossío del Pomar y Luis Alberto Sánchez y una gozosa admiración de
incontables alumnos suyos como Javier Silva Ruete y Mario Vargas Llosa.
Mario lo elevó a la cumbre de inmortal y de mentor gozoso de su obra.
El 17 de Diciembre del 2002, le fue conferido el Doctorado Honoris Causa
a Vargas Llosa en la Universidad Nacional de Piura. En su discurso
Vargas Llosa dijo lo siguiente. Don Pepe al borde de las lágrimas
escuchaba: “A mi me ha emocionado mucho verlo, lo quiero mucho, fue
también un magnifico profesor, mío y de muchas generaciones de piuranos
que estoy seguro lo quieren. Lo respetan y lo veneran como yo, pero
además de buen profesor José Estrada Morales fue para mi un magnifico
incitador en lo que se refiere a mi vocación literaria, él me ayudó a
convencer al director del San miguel, que en aquel año, durante la
Semana de Piura – en la que el Colegio San Miguel ofrecía siempre a la
ciudad un espectáculo. El espectáculo que ofreciera ese año 1952 fuera
una obra de teatro que yo escribí y que se llamaba, el nombre me
ruboriza un poco: la Huida del Inca”.
Vargas Llosa, se reía a carcajada batiente repitiendo la historia de que
cada vez que era detenido por aviesos lectores en Europa que le
mostraban las fotos del Hotel de Turistas de Piura como si fuera la
memorable y calenturienta Casa Verde. Recordaba a su insigne maestro Don
José Hipólito Estrada Morales.
Estrada Morales, fue maestro con una actitud humana noble entregada a la
educación y al progreso humano. Este espíritu lo acompañó en el
centenario San Miguel en donde logró progresos extraordinarios con
recursos muy limitados. El fue parte de una pléyade de docentes decentes
que lo dieron todo por pura pasión en tiempos en donde ni siquiera de
nombre existían esos arrumacos académicos llamados maestrías y
postgrados. Junto con Néstor Martos Garrido,Carlos Robles Rázuri,
Federico Varillas, Jorge Moscol Urbina, Francisco Sandoval, Wilfredo
Obando toda una edad de oro del humanismo piurano y regusto por la
ciencia creció de modo admirable el Colegio San Miguel. Fue profesor ad-honorem
de la naciente Universidad Nacional Técnica de Piura y bregó para que
este sueño en la inmensidad del oasis piurano se hiciera realidad.
Para llegar a don Pepe no se necesitaba sino acercarse porque tenía
siempre el don humano de atraer a los estudiantes y el alma abierta para
escucharlos. Era piurano y se sentía con convicción piurano. Tenía una
desaforada pasión por libros y revistas que trajeran noticias de Piura.
Uno de sus mayores tesoros fue su biblioteca que donó en parte a la
Universidad de Piura otra parte recorre el mundo como un recado
esperanzador entre ávidos lectores. Conocimos a don José en la Facultad
de Comunicación de la Universidad de Piura, ahí compartía emociones con
César Pacheco Vélez, Javier Cheesman, José Ramón de Dolarea catedráticos
de la generación fundadora a quienes les tocó sobreponerse
silenciosamente pero con puntualidad doctrinal a la dictadura de
Velasco.
En la Universidad de Piura era una fuente de consulta obligada para los
alumnos en pos de derroteros de piuranidad. Escribió en la página
editorial de El Tiempo junto a Carlos Robles Rázuri otro estudioso de la
historia y las letras piuranas. Don José fue un aliento cordial, calido
y entusiasta de todas las iniciativas culturales surgidas en Piura. Fue
promotor de la creación del Instituto Nacional de Cultura pero también
de las iniciativas culturales de la Municipalidad de Piura como la
flamante biblioteca y el museo cuando estuvo al frente de la Dirección
de Cultura y Educación durante las gestiones Hilbck, Paredes, Aguilar y
Cáceres.
Otra sus facetas titánicas fue la edición del Suplemento Cultural de la
Revista Epoca que dirige Carmen Arguelles de Manrique y sus Cuadernos de
Piuranidad sobre personajes distinguidos como Vegas Castillo, Vegas
Seminario, Luis Antonio Eguiguren y López Albujar. Ultimamente publicaba
en las páginas de Epoca “Cuentos de Arena” que recogían sus recuerdos y
añoranzas. Gracias a la editorial de la UNP publicó su novela “A la hora
del ocaso” sobre la trajinada vida marinera de Paita a quien se sintió
ligado por sentimientos profundos. Los porteños lo recuerdan jugando
fútbol en El Toril o disfrutando de los cebiches y picantes de “La
Panameña” y doña Barbarita en el tradicional barrio de pescadores de la
Punta. Con Christian Varhen, Félix Montúfar y la Hermanas Negrini,
Catalina y Mina, mantuvo una permanente preocupación por la educación en
Paita.
La historia le debe a Pepe Estrada el rescate de sus memorias. Con Félix
Denegri Luna, al frente de la Academia Nacional de Historia hizo posible
el concurso nacional que dio punto de partida a los estudios serios
sobre nuestro pasado. De este concurso surgió ese trabajo pionero de
Juan José Vega: “Pizarro en Piura”, cuya edición hizo posible la
Municipalidad. Fue el primer ladrillo para emprendimientos posteriores.
Junto con el emérito sanmarquino piurano Miguel Maticorena Estrada, su
sobrino, lograron centrar el interés académico por el tópico piurano y
piuranista que hoy nos brinda añorados frutos.
Su ausencia hoy nos recuerda la humana condición. Evocamos hoy su pluma
fresca como esas gotas de lluvia estival que nos recuerdan la sed de los
desiertos y esa caligrafía nerviosa de Dámaso Alonso que en la primera
página de su ensayo: “Cuatro Poetas Españoles” anota estas líneas: “Para
José Estrada Morales, alumbrador de caminos, con mucho afecto. |