El Regional de Piura:
09 de agosto del 2008
Dice Merelau-Ponty que el rostro humano pertenece al territorio del la
expresión no al de la impresión. Los mensajes que encierra una cara no
pertenecen a lo sensorial sino a lo semántico. El rostro es una máscara
de carne a tal extremo que una dulce carita pintada nos habla o nos
mira. En el teatro romano la máscara se le llama “persona”. Para los
griegos se denomina “hypocrites” de ahí la derivación “hipocresía” para
designar al rostro enmascarado por la falsedad.
Existe una ética sincera en el rostro que no finge para engañar. Es la
indisimulable sinceridad de los ojos. Las miradas confieren fuerza a la
voz y le dan un sello propio. El rostro tiene su propia gramática que lo
convierte en un libro abierto en el que podemos leer fácilmente lo que
se pretende ocultar en lo interior. El amor, la sinceridad y el odio.
Por eso cuando una persona renuncia a ser lo que es a través de la
simulación destruye la imagen de sí mismo y su rostro lo delata
inevitablemente.
Por eso, algunos monjes, utilizan como procedimiento formativo el
mirarse diariamente durante horas en el espejo para ensayar el rostro
más dulce. El que no expresa enfado sino paz interior y lo logran, de
tal manera, que podrían desarmar a cualquiera con la mirada. Esta es
también el arma que emplean los mendigos, los pedigüeños incurables que
finalmente nos sorprenden porque mueven a la compasión con la sutil
técnica de la felonía facial.
En realidad el rostro es muy maleable. Hace lo que uno le ordena. El
niño que deja caer sus pestañas como cortina cuando acaba la función es
probable que exprese aflicción o sonrojo. En Piura, por ejemplo, existe
el rostro amable y sugerente de la vendedora de sombreros en Catacaos.
Pero también el rostro despojado de servicio de una vendedora de pasajes
en el Aeropuerto que disfruta del monopolio. O la cara de papa de una
intransigencia discriminatoria. Hay también el rostro taimado del que se
inventa males para despertar compasión o el del vivo redomado. Hay el
rostro feliz de regidor cobra dietas, el de rezador del cementerio
mirando el cielo. El de general en su laberinto y el del zamarro site
suelas.
En la depresión los ojos bailan como checos. En el cuentista se siente
la mirada del felino en pos del bolsillo. En el ratero del mercado la
voracidad de los ojos es inocultable. Los ladrones se miran entre sí
como urracas parlanchinas. Aunque recurran a la finta para ocultar sus
fechorías. Sus ojos están clavados como tachuelas en los bolsos de sus
víctimas.
Los rostros de los políticos hablan más que sus mensajes. Los de los
sinvergüenzas siempre aparentan frescura de lechuga. De acuerdo a la
clasificación de Hipócrates tienen sus propios humores. Unos son muchas
veces impulsivos. Aparecen con entusiasmo de cohete pero se les acaba la
pólvora rápidamente y se tornan inconstantes. Finalmente no cumplen lo
que prometen. Los flemáticos, son maestros de la apatía y la
insensibilidad. El entusiasmo se les fue por el sumidero. Nunca
arriesgan nada y les encanta repetir que todo va bien cuando con
sinceridad las cosas van mal.
El colérico, es muy sensible, rápido en sus decisiones y tenaz en la
ejecución pero nunca reflexiona. Periclita entre el optimismo vehemente
y el pesimismo desenfrenado. Su polo opuesto es el melancólico un
pesimista académico que sólo anda buscando dificultades para no hacer
nada. Fruncen el ceño por gusto y las arrugas en el mapa de su frente
los delatan como inocultables comodines.
Toda esta fauna la encontramos en Piura y entre los piuranos al extremo
que se les puede aplicar el mismo examen que aplica la chichera cuando,
por desventura, alguno de sus sedientos clientes encuentra una mosca en
el poto de chicha o de clarito. Unos al contemplar a la negra y volátil
ahogada criatura sentirán una repugnancia atroz. Otros la sacarán con el
dedo con una sonrisa cómplice por el premio que les tocó en el día.
Otros la ocultarán ante un anuncio de viudez anticipada. Pero no
faltarán los incipientes que se la tragan sin darse cuenta. Algo así
como aceptar sin reparos los anuncios y promesas de los políticos. |