El Regional de Piura:
17 de agosto del 2008
La sede de la casa museo O’ Higgins, en pleno centro de Lima, es
diariamente visitada por centenares de curiosos, turistas y admiradores
de Vargas Llosa. Ahí se muestra con profusión de fotografías y valiosos
documentos personales la génesis del escritor. Se recrean en cada uno de
los ambientes de la espaciosa casona los escenarios de sus obras. Una
alcoba austera del Leoncio Prado el escenario de “La ciudad y los
perros”. Un bohío selvático con su hamaca en la penumbra que recuerda a
“Pantaleón y las visitadoras”. Los hipopótamos cuyas imágenes le seducen
siempre. Todo recogido con una crinográfica curiosidad que muestra las
libretas, los apuntes, las fichas minuciosas de ese ritual de la palabra
propio del escritor.
Vargas Llosa. Admítanlo o no sus denostadores es un escritor peruano que
brilla en el firmamento planetario de las letras y la política. Está
entre los escasos veinte personajes públicos reconocidos e influyentes
en el mundo. Con o sin el Nóbel es un valor peruano que nos enorgullece.
Particularmente, a los piuranos, nos ha inmortalizado en esa
caracterización tan genuina de lo que realmente somos. Un desafío del
desierto inhóspito. Un hazaña entre los chopos calcinados al filo de las
carreteras y ese oasis poblado de algarrobos verdes. Cuya aroma recuerda
la santa tierra. Dulces tan exóticos como los bocadillos, las colasiones,
las natillas y el quesillo de cabra nutritivos pero esquivos a los
mafiosos de los programas vaso de leche que lo pulverizan todo para
llenar sus bolsillotes de desnutrición infantil.
Vargas Llosa, tiene ese privilegio misterioso de haber capturado ese
momento bullente de le economía piurana en donde las alforjas repletas
de panllevar, olorosas frutas y fríjoles, conducidas en grises
piajenitos, atravesaban los callejones calenturientos de la ciudad hoy
arruinada por la desidia. El pima era una mostración visible de la fugaz
prosperidad. Por eso no dejábamos de ser pecadores solemnes en lupanares
legendarios como los que describe la Casa Verde. En aquel entonces las
orgías eróticas eran matizadas previamente con tributos al paladar:
piqueos olorosos, secos de chavelo gloriosos, cachemas fritas crocantes
en las ramadas humeantes. Potazos de chicha y potitos de clarito que no
se embotellaban como ahora. Ramadas memorables en donde pizpiretas y
chuchumecas con nombres de flores perdurables daban vida a romances
alucinantes bajo es sol nunca devaluado de los piuranos y esa luna que
iluminaba las insomnes faenas de los tejedores de sombreros. Esa Piura
que se nos fue de las manos fue la que encontró Vargas Llosa.
La muestra, que se exhibirá hasta octubre habla por sí sola de las
luchas libradas por el escritor en defensa de la libre expresión y su
incursión en la política. Se ha incluido un pormenorizado itinerario que
muestra desde un pasaporte hasta fotografías inocultables. Hay una en
especial de su debut en el periodismo cuando aún era un colegial con
muchas inquietudes juveniles pero sin mayores estridencias académicas.
De su paso por la política quedan muchos testimonios y la no resuelta
interrogante de ¿qué hubiera pasado en el Perú con Vargas Llosa frente a
la Presidencia de la República.
¿Nos hubiéramos adentrado a todo trote en la modernidad?. ¿Se hubiese
privilegiado la educación en el país? ¿ Hubiese tenido el escritor el
coraje de enfrentarse a la corrupción?. ¿Estaba el Perú preparado para
tener como conductor de la nación a un intelectual de la talla de Vargas
Llosa?. Después de probar la dictadura nauseabunda de Fujimori, al que
con una ceguera insoportable muchos admiran. No sabemos ¿cuál hubiese
sido el destino del Perú?. Las ucronías en política son como esa
definición certera de lo que es el amor: “dar lo que no se tiene a
alguien que no lo quiere”.
En efecto. Perdimos la posibilidad de intentar un cambio de rumbo al
lado de una liberal inteligente con estatura propia. De la honestidad de
Vargas Llosa no hay ápice de dudas. Su sinceridad inclaudicable y su
integridad no tienen punto de quiebre. De eso no hay dudas. Así lo
confirman quienes gratuitamente lo detestan pero también quienes con
sinceridad lo admiran. |