El Regional de Piura:
19 de
agosto del 2008
Con palabras no se puede decir lo que el corazón siente cuando se marcha
un amigo. Con él compartimos muchas horas, alegrías, ilusiones,
experiencias, aventuras y tristezas en la Universidad de Piura. Fue ahí
en donde por su manifiesta capacidad de indignación y legítima rabia se
ganó el apelativo de “Tigre”. Pero como lo prueba su entrañable lealtad
familiar, a Nina y a sus hijos. Era un tigre con corazón noble y
profundamente sensible. Tenía una esclarecida convicción profesional y
amaba a su familia y al periodismo por sobre todas las cosas. Con
Ricardo Castillo, su amigo inseparable, desde esos tiempos memoriosos de
caminatas interminables a la universidad compartió ideales y sueños.
Carrasco venido de Talara disfrutaba con la noticia. Se nutría de los
acontecimientos del día en Piura o en Sullana. Carlos fue miembro del
grupo editor de la Revista Nova que integraban los entonces inquietos
universitarios Carlos Ginocchio, Marco Agurto, César la Torre, Ricardo
Castillo, Lino Saavedra, Rosendo Li, Miguel Ross Morrey, Cala Celi ,
Lilliam Hidalgo y Ubaldo Ramos quien también nos adelantó en la partida.
Nova, brilló, aunque efímeramente en la vida cultural de Piura. Propuso
la creación del Centro de Estudios Piuranistas y emprendió un silencioso
esfuerzo de búsqueda de la identidad en los infolios del Archivo
Parroquial de Catacaos gracias a la amable benevolencia de Monseñor
Jesús Villalobos.
La revista era ilustrada con aguatintas de Rosendo Li en la que asomaba
el genio pictórico que es hoy. Ahí debutamos periodísticamente. Marco
Agurto y Ricardo Castillo con ingeniosas ideas realizaron verdaderas
proezas de diseño gráfico para el mimógrafo en el que clandestinamente
se editaba Nova. Fue una aventura inolvidable en la que participó
Carlos. El grupo se repartió por el mundo. Unos fuimos a Correo que nos
abrió las puertas. Carlos se fue a El Tiempo en donde entregó sus
mejores años. De ahí hizo un paso breve por la Municipalidad de Piura
hasta que se ubicó en el Proyecto Río Blanco en donde vivió a fondo el
sueño posible de compatibilizar las vocaciones productivas de Piura.
Agricultura y minería.
Por eso se fue a Huancabamba. Ahí lo encontré el pasado julio pues nos
invitó a compartir experiencias con comunicadores locales. Siempre
amable y lleno de corteses detalles nos hizo las fotografías que después
envió personalmente. Siempre con fino humor e ironía. El creía en ese
sueño de remontar la pobreza, con la inversión, en esos caseríos pobres
donde el alcohol y el fanatismo embrutecen a los hombres. Creía
firmemente en que la educación y las mejores condiciones de vida
permitirían que la riqueza se explote con una ética visible y
responsable. Y con beneficios para los que menos tienen.
Era amigo del buen café, un cigarrillo y un vaso de agua fresca. Para
este rito diario se ocultaba en el último rincón de La Huerta en el
espacio “para fumadores”. Vivía orgulloso de las vocaciones humanas de
sus hijos. Hoy ellos pueden estar orgullosos de tener un padre tan
apasionado por lo que quiso y vivió. He leído con detenimiento sus
correos desde Huancabamba y sus buenas impresiones de los alumnos de
comunicación de la Universidad Nacional de Piura. De Jorge Patiño,
Reynaldo Cruz con quienes más que jefe fue un buen amigo y maestro. La
noche esta fresca como el último día que conversamos en Huancabamba.
Tengo un nudo de recuerdos en la memoria. Busco en mi biblioteca unos
libros que puso en mis manos “porque te van a interesar mucho”. Miro las
fotos en las que se dibujan los caminos de la sierra cubiertos por las
nubes. Y le pregunto: ¿Tienes un seguro de vida?. Y me responde con su
peculiar y sutil ironía: “Todos tenemos un “seguro” de Las Huaringas”.
Carlos Carrasco, sonríe y parte para encontrarse con su bienaventurado
sueño de verdad. |