El Regional de Piura:
01 de junio del 2008
Es la gestión que no ha existido en ningún plano. En anterior
experiencia, mínimamente se dio a través de la tripartita: Estado,
capital, trabajador. En la actual coyuntura con predominio del
liberalismo, todavía no hay insinuación de forjar una Educación Laboral,
influyente en la reducción de la pobreza.
Compromete la iniciativa, puntuales aspectos que permiten ir cambiando
el estatus improductivo e insensible. La cualidad laboral en estos
tiempos debe variar de concepto, vertiginosamente debe ubicarse en una
voluntad de trabajo imperativamente competitiva.
Considera esa educación laboral para reducir la pobreza, ponencias
puntuales, como las siguientes: a) Políticas del Estado precisando
influenciar más en las mypes, estimular y forjar la iniciativa privada
de la persona; b) Compromiso del inversionista y/o empresa para dar al
trabajador capacitación permanente ubicándolo en el primer tercio de la
eficiencia; c) Compromiso del trabajador para aportar esfuerzos
competitivos. Una y otro -empresa, trabajador- son aportantes
equitativos y solidarios para accionar una tecnología moderna de
trabajo.
Ante la inexistencia de esa nueva educación por el trabajo, la cultura
laboral, en todo ese tiempo manteniéndose estática, no aportó a su
desarrollo. Se ejemplarizó “una empresa” que poco aporte le brindó a la
evolución social del trabajador. Por el otro lado, la vigencia de un
trabajador agobiado por la falta de motivaciones, cruzó su tiempo
laboral, en un concierto de precariedades, monotonía y estado vegetal.
Al centro de esta improductividad, surge la exigencia de ir rápidamente
hacia un cambio, aportar un nuevo estatus coadyuvante para hacer crecer
el producto bruto laboral y archivar definitivamente las barreras de un
riesgo país.
Educación laboral para reducir la pobreza, implica superar las
deficiencias, generar oportunidades, dinamizando el aporte de la
tecnología para integrar en la participación de la riqueza, sectores de
jóvenes marginados, sin oportunidades. Impone abrir bolsones de nuevas
actividades laborales, tecnificar al trabajador, dar cumplimiento a la
rotación de personal, rescatando su influencia.
Educar laboralmente, también recoge el compromiso del mismo trabajador
por intermedio de sus organizaciones sindicalistas, para que no sigan
entendiendo que les ocupe preocuparse sólo por lo suyo, como son las
negociaciones colectiva y aumentos, sin apreciar la realidad del país,
su empresa y fundamentalmente de la población en vía de empleo.
Educar laboralmente, para formar a un trabajador eficiente, que sea
actor de un mejor valor agregado, digno para una nueva realidad estable,
sostenible y competitiva.
La experiencia nacional, hay que admitirla, es de resultados destrozos.
No rescatamos, no vendemos, forma alguna de resultados. La presencia en
la historia de las grandes centrales laborales -grandes sólo de nombre-,
aplicando procedimientos retardatarios y adictos a la intolerancia
social, son generadores de un grave daño que han puesto pies de plomo a
toda salida. Mientras perduren estos inicuos procedimientos, la pobreza
laboral, nos seguirá cobrando por un largo tiempo de factura social. |