El Regional de Piura:
02 de junio del 2008
¿Estás viendo la telenovela mexicana de las cuatro de la tarde? Sí,
respondió; cada día me embobo más por ella…Evidentemente que el término
bobo no es el más científico con el que se cuenta para abrir esta
opinión, además de lo ambiguo de la frase. Sin embargo, podría resultar
el más ilustrativo.
Son muchos los años en los que ya se ha puesto sobre la mesa la
discusión de la televisión en el país. Hace ya años también, que hablan
de ella como la caja boba, justamente; o la caja tonta. En este sentido,
ya muchos artículos han protestado contra los llamados talk shows, por
ejemplo argumentando: utilización de la miseria humana, desencarnada y
burda realidad, estrecha visión de la vida, etc.
Muchos recordamos también, la reacción que hace varios años tuvo un
grupo de escolares limeños demostrada en una manifestación contra estos
programas, lo cual pareció una creativa forma de hacer frente a la
estupidez, en fin, una serie de reacciones frente no sólo a los
programas en sí, sino, a la televisión que en los últimos tiempos está
produciendo programas basura.
Ahora bien, esta basura que se desprende de la televisión no sólo
aparece en los programas tan criticados, sino en los comerciales, que
son el resultado de años de estudio dedicados al impacto de compra o
consumo de los televidentes. Todo está armado para llevarnos a un
camino. Toda publicidad tiene un objetivo: vender. Y si bien los
programas no buscan vender directamente, sí buscan el famoso rating, que
al final de cuentas es lo que hace cara o barata la utilización del
medio.
Definitivamente no se trata de satanizar todo medio de comunicación
social. Programas culturales, publicidades argentinas o brasileras nos
demuestran que se puede producir belleza en el más amplio sentido del
término. Y parece que el punto de referencia para evaluar la televisión
peruana, o lo que ella filtre, es la cultura de valores. La televisión
fracciona la vida: ¿ser más o tener más? La televisión no nos forma para
ser prudentes y organizados en nuestras finanzas, nos advierte una
suerte de buena vida y poca vergüenza. Podríamos hablar de una infinidad
de publicidades que nos señalan subliminalmente los caminos encontrados
con los valores. Sin embargo, la pregunta ya está lanzada.
En España, por ejemplo, desde hace buen tiempo han empezado a
preocuparse de este tema poniendo el dedo en la llaga. Cada cliente o
televidente podría elegir los programas que él quisiera que en su
televisor se transmitan, contando con esa lista de todas las
inquietantes posibilidades que ofrece el cable. Pero para nosotros, que
en su mayoría no tenemos acceso al mágico canal de los canales, o
incluso esos que sí cuentan no accedemos a esa posibilidad europea.
Entonces, cómo aprender a ver televisión inteligentemente. Cómo hacer
para que esa novela mexicana no haga bobos a los peruanos. Cómo hacer
para que nuestras hijas de 12 años no crean que la vida sea así, que las
reacciones humanas, los sentimientos, las peleas o las confrontaciones
no sean como lo muestran las novelas. Que las empleadas no se enamoran
siempre de los hijos ricos de las dueñas de las residencias o mansiones
y terminan siendo las señoras. Que la vida tiene más cosas que esas
referencias encartonadas. Que la fidelidad es un valor para nuestro
tiempo. Cómo hacer para que la relación de la cerveza con las chicas
lindas en shorts muy cortos, diminutas ropa de baño y sensuales, no sean
el pan nuestro de cada niño. Cómo hacer, entonces, para que a través de
la televisión peruana nos contagien la alegría no sólo de los lobos
marinos de los buenos trabajos de Alejandro Guerrero por ejemplo, sino
de la alegría de los humanos. Esa alegría que ningún programa nos
cuenta.
Pero al final de todo, este nuevo camino depende de la familia; de los
que están como responsables en cada casa. Y de los dueños de los
canales. No basta con escribir contra estos programas. ¿Cuántas firmas
recolectadas para la anulación de estos programas en nuestro país?
¿Cuántas veces hemos hecho los televidentes alguna huelga de televisores
apagados a determinada hora del día?
Muchos estamos seguros que el consumo no sólo de televisión, sino de
todo cuanto hay por consumir supone una actitud inteligente, pensante,
cuestionadora y crítica. Parece que sería la primera actitud a tomar. |