El Regional de Piura:
06 de junio del 2008
Conforme fue el sueño de los libertadores, padres de la Patria,
prohombres que se sometieron a sacrificios y holocaustos, por delegar a
la posteridad una Nación segura y con destino; isoméricamente, los
peruanos de la hora actual, debemos suscribir el compromiso de heredar a
nuestros hijos, una sociedad limpia en valores sin atisbos de
corrupción. Imperativamente no degradada, protegida a toda barbarie
humana.
Debe constituir una grita para la conciencia de todos los peruanos,
especialmente para quienes sustentan el poder, para los que todavía
pueden detener el tren, que vertiginosamente va al encuentro de la
destrucción de la sociedad peruana. No la sentenciemos al caso de una
sociedad perdularia.
Constituye una penuria, una pesadilla inconfesable, el tener que
asimilar la consecuencia social, ineludible, de una patria que se cae en
pedazos, como si ya reinara la hora de la barbarie social. Luego
reflexionamos… ¿Hacia dónde vamos? Sin la construcción de un esfuerzo
que levante, nos dé una nueva vestimenta para un amanecer digno.
Metafóricamente, al igual de la experiencia bíblica de Lot, los peruanos
estamos privados de voltear a mirar atrás. Recordemos que la mujer de
Lot, privilegiado de Dios, se convirtió en estatua de sal, en la
destrucción de Sodoma. Del mismo modo ya corremos el mismo riesgo de
toparnos con una realidad proterva. La decadencia social de la Nación
peruana está afectada de un organismo ganado por una pandemia de elevado
riesgo.
La mayoría de sectores sociales que agrupan el quehacer humano, está por
los suelos, desvarismos en una elevada fiebre que empieza a perforarnos
hasta las entrañas. Si miramos retrospectivamente el desplazamiento del
sistema de justicia, por la impresión, podríamos convertirnos en
estatuas de sal. Si ponemos los ojos en el Congreso de la República que
opera las leyes, podríamos convertirnos en sapos brincando de asustados.
Si ponemos la atención en el sistema educativo, podríamos afectarnos del
“mal de las vacas locas”.
En definitivo, todo va peligrosamente mal en esta sociedad. Manuel
Gonzáles Prada dijo: “Donde se pone el dedo salta la pus”. Sin querer
queriendo estamos a punto de graduarnos como primer país del tráfico de
la droga, país campeón de asonadas, violencias, marchas, contramarchas,
pedrada limpia y pedrada artera, violencia sexual incestuosa, defensores
de movimientos de aniquilamiento como el MRTA.
De las mejores universidades del globo, podría venirnos el título de
campeones mundiales por el acoso, la mentira, la coima. Las
instituciones públicas putrefactas, la juventud peruana decantada y
entregada al mundo de desvalores y delincuencia. El juez, cohabitando en
el cohecho y prevaricato. El policía, aliado del delincuente, el maestro
sumido en el tercio inferior de la incapacidad y la inconsecuencia.
Por ello entonces, porque la patria no merece heredar un destino de
incertidumbres. ¡No a una patria hética! Nuestros sueños, deben volverse
en sueños de esperanza. La sociedad peruana debe ser alabanza de la
tierra. Nuestros hijos de las próximas generaciones, tienen derecho a
bendecirse en una gran propuesta de cambio de conducta humana. Ahora es
el momento -y no después- de ser conductores de estos sueños; compromiso
para un Perú seguro. |