El Regional de Piura:
10 de junio 2008
Las últimas encuestas indican que nuestro Congreso sigue teniendo un
altísimo nivel de desaprobación por los ciudadanos. El 70 % por ciento
desaprueba a la representación nacional. Sólo el 20 % la aprueban. Hay
un 10 % que no sabe qué pensar. Es muy posible, además, que la
desaprobación sea mayor pues las encuestas tienen un sesgo urbano y los
sectores rurales suelen ser más críticos.
Estos lamentables resultados indican que el Congreso tiene un serio
problema de conexión y de representación con la opinión pública, con los
ciudadanos y con la sociedad. Este es el punto central que debiera
abordar una reforma constitucional del Congreso, es decir, cómo se
establece una mejor forma de conexión y de representación entre el
Congreso y los ciudadanos.
Algunos creen que una forma de mejorar al Congreso es restableciendo el
senado, es decir la bicameralidad, añadir otra cámara a la ya existente.
Sin embargo los argumentos que se dan para restaurar al senado no se
refieren a una mejor vinculación o representación de los ciudadanos.
Uno de los argumentos centrales que se dan es que el senado es necesario
porque sería la cámara académica, reflexiva y moderada. Esto solo se
basa en dos prejuicios. El primero es que la otra cámara, solo por tener
un mínimo de edad mas bajo, sería poco ilustrada, irreflexiva y radical.
El segundo es que el senado, sólo por tener un mínimo de edad mas alto,
estaría mas calificado y sería más racional.
Hay quienes, además de ser partidarios del Senado, proponen que sea
elegido en distrito nacional, no en circunscripciones regionales. Su
argumento es que eso garantizaría que se de un enfoque de interés
nacional a las leyes. También se basa en dos prejuicios: que la amplitud
de la circunscripción garantiza la amplitud de enfoque y que los
representantes elegidos por regiones están condenados a tener enfoques
puramente regionales, no nacionales.
El verdadero argumento no se menciona abiertamente pero a veces se lo
insinúa. Los partidarios del senado en realidad quieren restaurarlo para
contener los impulsos de cambio que podrían provenir, no de este
Congreso, pero sí de un Parlamento con mejores nexos con los ciudadanos.
Por eso, buena parte de los nostálgicos del Senado mencionan tanto a la
tradición y a la moderación que esa cámara encarnaría. Por eso, en uno
de los proyectos que se presentaba se citó al tratadista español Punzet
que decía que en cuanto al Senado lo importante “no es la función
revisora en el plano técnico, sino la función moderadora en el plano
político”.
A este Congreso no es moderación ni controles lo que le falta. El
Presidente puede devolver las leyes si no le gustan. El TC ejerce
control constitucional. El déficit del Congreso es credibilidad y de
cercanía con los ciudadanos. No perdamos de vista ese 80 % de gente que
piensa que el Congreso no acoge y menos resuelve los grandes problemas
sociales.
La reforma del Congreso debe comenzar por los cambios que lo conecten
más con la gente. Por ejemplo, que los congresistas sean elegidos en
circunscripciones más chicas, no en regiones. O que su mandato dure
menos para que sea renovado con mayor frecuencia.
Por allí se debe comenzar. Que en este Congreso de tan alta
desaprobación se atreva a crear otra cámara no hará mas que empeorar el
duro juicio que ya recibe de los ciudadanos. |