El Regional de Piura:
16 de junio del 2008
Todo desarrollo, superación y progreso debe venir abonado de
sustentabilidad y convergencias. Decía el sociólogo francés Tolo
Mendreau, “Asearse no significa lavarse la cara”. La visión que debe
tenerse, es la realización de un trabajo integral y masificado, donde
todos aporten al mismo tiempo y con rigurosa presencia.
Sucede por este tiempo que no solamente son las autoridades del país
quienes vienen afirmando que estamos operando un crecimiento, influyendo
en el espacio mediático para el ansiado cambio. Los organismos
internacionales, economías del primer mundo, también lo ratifican.
Conviene ceder a la credibilidad e integrarse a esta reverberación,
buscando apoyar al país.
En este logro de causas, el gobierno peruano ya consolida importantes
programas sociales: Agua para todos, Sierra exportadora, Trabajando
juntos, Salud, Generación de empleo, Reducción de los índices de
pobreza. Amén de la ejecución de macro proyectos como el Gas de Camisea.
Hace poco se descubrió que los actores de la educación peruana no se
encontraban en un plano sustentable, al ubicarse en el tercio inferior
de su capacidad profesional. Quiere decir que nuestra Nación todavía no
rescata muchas esperanzas por el camino de su desarrollo educativo. Esto
es preocupante, toda vez que un sector fundamental para el cambio, no
colige con la primacía de la realidad.
Y si admitimos que la educación peruana está en ese plano, el
truncamiento de expectativas se hace más evidente al cotejar esta
realidad educativa, con el status – quo que ofrecen los llamados
sectores productivos de la sociedad. Para que un Estado produzca
eficiencia y sustentabilidad, todos los mecanismos que la integran deben
operar una transfiguración, para que no desarmonicen con los objetivos.
Es lo que los sociólogos explican como velocidad de cambio armonizado,
imperativamente asociado al objetivo fundamental que es el desarrollo.
Sin el cumplimiento de esta cuestión previa, va a resultar remotamente
difícil que conjuguemos realidades auditables que conduzcan a los
objetivos para consagrar una Nación sustentable y competitiva. El atraso
que operan las estructuras del Estado, su divorcio con el entendimiento,
la antítesis para calificarse con eficiencia, sin grados de
confiabilidad trunca el despegue. El Estado diseñado e interpretado como
el conjunto de mecanismos, poderes y ciudadanía, tiene que operar en la
definición de las “rectas paralelas”. No podremos apreciar resultados,
si una recta paralela a otra, no es recta ni paralela. Mientras el
Ejecutivo, como vocero del Estado, va por un camino recto y sumando
eficiencia, los mecanismos que la sustentan, no pueden cuajarse en
sistemas involutivos que avanzan a velocidades diferentes.
No solamente es la realidad evidenciada. Otros mecanismos de matiz
sustentables, van operando en camino y sentido contrario. Aquellos se
niegan en darle la verdadera lectura a esa primacía de la realidad. Nos
referimos a sectores desfasados, violentistas, detenidos en el tiempo.
Sectores que absurdamente quieren el retroceso, el desactivar logros que
representan esfuerzos. Este es el caso de organismos como la CGTP, Sutep,
Patria Roja, Construcción Civil; idealizadores de una sociedad vertida
en el desorden, la anarquía y la iniquidad social.
Realidad que tiene como valor agregado la corrupción, la
improductividad, la burocracia, el proceso de descentralización que no
inspira un cumplimiento, los paros, bloqueos de caminos, la justicia
sorda e inoperante, la explotación, el enganche, etc. Estamos
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