El Regional de Piura:
22 de junio del 2008
Sostiene
Jean Dubuffet ( 1901-1985) , un pintor y teórico de arte francés, que
los profesores son escolares perpetuos, escolares que, una vez terminada
la etapa colegial, salen de la escuela por una puerta, con
certificaciones en mano, para ingresar por la otra. Como los militares
que se reenganchan. Tal es ese afán de escolaridad inconsolable que
compulsivamente recurren a cursos, maestrías y doctorados que se ofertan
mercantilmente. Esta actitud, sin embargo, importa serios riesgos si se
convierte en una extenuada pasividad que no provoca una sincera pasión
por la investigación aplicada a la realidad. En efecto, la mayor parte
de la producción académica forma pilas incontenibles de papel impreso
bueno para nada.
Un cosa es la alfalfa académica y otra la investigación que resuelve
problemas en la realidad. La mayor parte de las investigaciones que
emprende la universidad peruana, con contadas excepciones, sólo sirve
para la satisfacción personal. Son productos despojados de originalidad
y creatividad ajenos a la realidad nacional movidos por el hilo del
desinterés. La mayor parte de ellos no tienen utilidad práctica tampoco
brindan provecho a la ciencia. A contrapelo tenemos una infinidad de
problemas que resolver y desafíos que enfrentar.
La universidad, es en buena cuenta, la investigación que realiza en
todos los campos de la actividad humana. Junto a la queja por la
precariedad de los ingresos no hay la voluntad de mejorarlos. Muchos
empresarios ávidos por conocer lo que la universidad sabe hacer en sus
laboratorios, en la mejora de los estándares de producción agrícola o en
el desarrollo de innovaciones pedagógicas están decepcionados No existe
en la academia el futuro como un sueño posible. No hay producción
humanística que refleje el esplendor de las mentes que leen y crean. La
“mentefactura” puede ser un buen negocio para la universidad.
Una universidad que es un refugio de loros académicos, sin mayores
logros es un cascarón de avestruz que no sirve para transformar la
realidad. Somos expertos en colocar la carreta delante de los caballos y
pretendemos justificar nuestras incoherencias inventando pretextos para
cruzarnos de brazos. Como escolares reenganchados seguimos siendo para
nuestros alumnos expresión del conformismo químicamente puro. No nos
atrevemos a cambiar porque nos da miedo remover nuestros cimientos para
construir la catedral de la esperanza en un país moralmente sustentable
y productivamente próspero.
Hace poco, expertos en biología molecular, neurobiología, neuroimagen,
psiquiatría y comunicación social de la Universidad de Navarra dirigidos
por la profesora de bioquímica Natalia López Morralla confirmaron que en
el mismo instante de la fecundación, el cerebro de la mujer, inicia un
natural proceso de rechazo a ese elemento ajeno a su cuerpo. Sin
embargo, un diálogo molecular surgido desde el feto desactiva el
cortisol que provoca el stress y aumenta la oxitocina, la hormona de la
confianza. También se ha demostrado que células procedentes del feto
regeneran y rejuvenecen el cuerpo de la madre. Madres con cardiopatías
han reparado su corazón en el instante en que se produjo el primer
latido del corazón de su hijo al 21 día.
Esta es una investigación universitaria que compromete a facultades
universitarias, aparentemente contrapuestas. Nosotros no hemos
aprendido, aún, que la fortaleza de una universidad es la integración de
sus conocimientos. Una universidad y sus facultades son como las manos
con sus dedos. Y como decía Anexágoras, el hombre es el más inteligentes
de los animales por tener manos. Las manos del hombre son su mejor
defensa. Por supuesto, a cada uno de los dedos no se les ocurre bailar
por su cuenta. |