El Regional de Piura:
25 de junio del 2008
El resurgimiento nuclear es un hecho. El panorama mundial caracterizado
por la demanda creciente de recursos energéticos, reservas limitadas de
combustibles fósiles, el precio cada vez mas elevado del petróleo que se
dice alcanzará en el 2009 los US$200, el escaso desarrollo de energías
complementarias, el cambio climático que va unido a un modelo energético
dependiente del petróleo, el carbón y el gas y el cumplimiento de los
acuerdos internacionales firmados en Kyoto, obligan a los países a
modificar sus estrategias energéticas e incluir a la energía nuclear.
Cabe mencionar que el uranio tiene una gran capacidad energética, un
kilo de uranio equivale a 100 barriles de petróleo.
El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE),
Nobuo Tanaka, ha manifestado la necesidad de una revolución mundial en
tecnología energética, que incluya la construcción de 32 centrales
nucleares y 17.500 turbinas eólicas cada año con lo cual se piensa
reducir las emisiones a la mitad antes del año 2050 y se evidenciaría un
giro en la matriz energética a nivel mundial. Para la jefa de Gobierno
alemán Angela Merker, su país debe apostar por el retorno a la energía
nuclear llegando incluso a considerar un error la decisión de su
anterior gestión en desmantelar dos centrales, sin tener en cuenta que
este recurso proporciona un tercio de la energía que se consume en
Alemania.
La opción nucleoeléctrica no escapa a nuestra realidad, pues viéndose
necesitada en el corto y mediano plazo de incrementar y diversificar sus
recursos energéticos y pese a que por el momento el Estado no ha
considerado en su matriz esta opción, nuestro país ha sido privilegiado
con reservas considerables de uranio, elemento clave para su desarrollo
lo que ha provocado el súbito interés de empresas extranjeras por
nuestro uranio.
Cómo impedir el desarrollo de la exploración y explotación de la minería
de uranio, si los beneficios económicos que generan a una comunidad son
mayores que los perjuicios que traen consigo. Pero si el Estado quien a
través de sus instituciones, es el responsable de hacer estos cálculos
no los hace perdiendo así credibilidad y capacidad de arbitraje, queda
preguntarnos, si la responsabilidad del rechazo a la minería de uranio
la tienen las mineras por invertir o las comunidades por reclamar
atención e información o el Estado por permanecer impasible frente a
esta situación.
El caso de la minería de uranio es muy particular, ahí se han
confabulado grandes problemas como son la ausencia de una normativa
legal que permita a las comunidades y a las mineras convivir dentro de
un ambiente de respeto mutuo, la imperante desinformación en todos los
niveles y la ausencia de instituciones del Estado.
Problemas que se pudieron constatar durante el último “Forum del Uranio”
llevado a acabo en Macusani-Puno, en mayo pasado y en donde dos de las
conclusiones mas importantes se dirigen a solicitar una pirámide
normativa que establezca reglas de juego claras y la necesidad de
realizar mediciones medioambientales de las radiaciones. Aspectos que
coincidieron con lo propuesto por el congresista Tomás Cenzano, miembro
de la Comisión de Energía y Minas del Congreso de la República e
invitado al forum en lo referente a la necesidad de llegar a acuerdos
consensuados para lograr una ley en beneficio de todos.
Paralelamente a esta situación las mineras vienen realizando actividades
dirigidas a mejorar las relaciones con las comunidades. En Macusani por
ejemplo se llevan acabo proyectos de mejoramiento sanitario, genético,
de praderas, aprovechamiento de fibra, carne y piel de alpacas, existen
además proyectos de recuperación, mantenimiento e inventario del
patrimonio cultural de la zona como es el caso de las pinturas
rupestres. Sin embargo, todas estas iniciativas son en muchos de los
casos poco valoradas, pese a que representan grandes oportunidades para
estas comunidades.
Por eso cuando hace algunas semanas leía un artículo de un profesor de
economía, que decía que “si se continua como hasta el momento, podríamos
reemplazar la imagen del mendigo sentado sobre un banco de oro, que se
nos ofreció en el siglo XIX, por la de la leyenda de Tántalo: el hombre
condenado a tener frente a sus narices, sin poder comerlos, los frutos
que saciarían su hambre. Tal vez porque sospechaba que estaban
envenenados”, me quedó rondando la idea de que ojalá no suceda lo mismo
con nuestro pueblo. |