El Regional de Piura:
11 de mayo del 2008
Durante la guerra con Chile muchas madres patriotas ofrendaron a sus
hijos por la patria y con espartana firmeza se vistieron de luto entero
mientras duró la ocupación de la patria. En este Perú de desigualdades
fácilmente nos olvidamos de esas madres heroicas que sostienen a sus
familias en las escarpadas alturas del Perú profundo. Geológica
contradicción. Nos resistimos a creer que el Estado Peruano, adherido a
los Objetivos del Milenio, se resista a reconocer los beneficios de la
seguridad social para esas manos generosas que sostienen el Perú con su
esfuerzo. Y las madres de este país que con energía humana movilizan a
la patria siguen respondiendo con humildad a las encuestas censales: “el
que trabaja es mi marido yo me dedicó a las tareas de la casa”.
Profesión u ocupación: “ama de casa”, “su casa”. Tarea que diariamente
importa catorce a quince horas de trabajo con nombre propio y que las
propias mamás ocultan con un desborde de amor y humildad.
Las madres del Perú aquellas que no han descubierto aún las cumbres. Son
un derroche de fecundidad humana. Son verdaderas atletas de la dignidad
y el decoro. Gracias a su alquimia prodigiosa nutren con amor ahí donde
la sopa carece de la proteína necesaria. No han sido condecoradas con la
Orden del Sol pese a que enfrentan la pobreza trabajando sin tregua en
los campos, en las plazas y en los mercados buscando un sol de sol a
sol. Pese a que no han sido incorporadas al sistema formal de educación,
su sola preparación convertiría en una nación de titanes al Perú y haría
de la salud un problema resuelto.
Mientras los machos beben para olvidar las penas, muchas mujeres se
esfuerzan silenciosamente para transformar a sus hijos. Muchas tareas le
han sido prohibidas y los esfuerzos para la educación de las mujeres aún
importan sangre sudor y lágrimas. Poco a poco, silenciosamente, se
forman con discreción en las universidades y demuestran que son mucho
más responsables y solidarias que los varones. Pero aún hay que acabar
con los machistas prejuicios de quienes creen que una mujer profesional
nutre su inteligencia para colocar el diploma en la sala de su casa.
Mujer del Perú el futuro de la patria está en tus manos. Y ya es hora
que sin demagogia la República se gobierne por tu mano.
Aun son discriminadas y quienes dicen defender los derechos de las
madres con la palabra las atropellan sin indulgencia con sus obras. “Se
necesita trabajadora del hogar cama adentro”, “Charapita estrechita
ofrece masajes antistress”, “se necesita jovencitas de 18 que deseen
ganar 200 diarios”. Son avisos denigrantes que publican las páginas de
económicos de los diarios. Y no nos llama la atención. Decimos que
amamos a mamá pero no tenemos ningún reparo en convertirla en
publicitario artefacto. Hemos creado la infelicidad general para quienes
no pueden adquirir una “olla arrocera” o un regalito que recuerde que
tenemos mamá para rato. Así estamos y por los vericuetos del artificio
andamos.
Hoy ríos de cervecita helada y abundante arroz, invocaran su nombre.
Poesías irrepetibles como la del hijo que implora con el brazo mutilado
una caridad para su viejita. O el triste vals que dice “llevando a un
pobre niño sujeto de la mano…” O aquel pasillo torturador que dice:
“Cementerio…cementerio devuélveme a mi madre…”. Acompañaran nuestra
evocación más sentida de mamá. Quienes llevan la ilusión por dentro son
esos hijos diminutos que durante las últimas semanas aprendieron
versitos que hacen brotar lagrimones a las abuelas. Los cementerios se
poblarán en esta ocasión para tributar gratitud al recuerdo. Todo ello
para honrar su memoria. La memoria de esa vieja con sienes coronadas de
plata o esa sonrisa que nos acompaña siempre.
Es el día de mamá. “Ese sol que está naciendo o ese río que se va” como
dice la canción que es adhesión de los hijos. Nuestro tributo de
gratitud a las madrecitas ausentes y a las presentes. A las que pueblan
las redacciones de los diarios, a las que son luminarias en sus
escuelas. A las que trabajan dejando su vida a pocos en este oficio
divino y humano, tan poco reconocido por el gobierno, de hacer grandes a
sus hijos. |