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Bolivia y su Imperativo Moral

Jans Erik Cavero Cárdenas
Politólogo
El Regional de Piura: 14 de mayo del 2008

El día de ayer el presidente boliviano Evo Morales Ayma ha convocado a referéndum revocatorio de su cargo, asumiendo los riegos que ello podría suponer para el proyecto político socialista en marcha. El 10 de agosto su suerte, y la de los 9 prefectos que gobiernan las provincias de Bolivia, será decida por el pueblo, ésta vez, a diferencia de lo que sucedió con Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, de manera democrática y constitucional.

El gesto de Morales, además de mostrar un claro desprendimiento de poder, pone en evidencia las dos formas antagónicas de manejar la crisis política boliviana: La del presidente, que ante una sociedad polarizada apela a la negociación, al consenso, a un proceso deliberativo, cuyo fracaso permite recurrir al Derecho para superar el impase; y la de los grupos de poder asentados en el oriente, que haciendo eco de un proyecto autonómico arbitrario no perdonan la asunción al poder de un indígena que viene cuestionando los privilegios oligárquicos insanos del gran capital.

¿Cuál es la diferencia? La salida a la crisis planteada por el presidente es legítima, legal y constitucional, puesto que el referéndum revocatorio está previsto como una institución de participación ciudadana regulada por el ordenamiento jurídico del Estado; mientras que el referéndum autonómico promovido por Santa Cruz no es ni legítimo, ni legal. Menos constitucional. Veamos porqué y para ello recurriremos a la experiencia española como modelo de conformación de autonomías e inspiración de la pretensión cruceña.

No está en tela de juicio los principios de autodeterminación de los pueblos, la conformación de autonomías territoriales, ni mucho menos la reivindicación de las provincias bolivianas por un sólido proceso de descentralización. Resulta perfectamente legítimo que Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando, o cualquier otra provincia, reivindique no solamente autonomía plena sino también identidad propia como naciones diferentes. Al fin y al cabo en Bolivia conviven el castellano, quechua, aymara, guaraní, 52 lenguas nativas y 127 dialectos.

No obstante, tal reivindicación no puede hacerse sin la observancia plena de la institucionalidad y las reglas de juego. En España, cada una de las 17 comunidades autónomas posee su estatuto propio, salvo Ceuta y Melilla que tienen un tratamiento especial. Para que los estatutos sean válidos y entren en vigencia requieren dos aprobaciones: Primero en los Parlamentos autonómicos (lo que en Perú serían los Consejos Regionales) y finalmente en las Cortes Generales (el Parlamento Nacional).

¿Qué sucede si las Cortes Generales de España le dicen NO a un estatuto de autonomía? Sencillamente ese estatuto no tiene validez oficial y no rige en la comunidad autónoma. Esta regla evita que los nacionalismos regionales actúen arbitraria y antidemocráticamente como lo pretende Santa Cruz, pues aunque el apoyo en la región sea unánime no puede actuarse ignorando la existencia de un Estado unitario. Lógicamente, situaciones antagónicas se evitan por las negociaciones políticas previas entre el gobierno y los partidos políticos regionales, acuerdos que tienden a superar sobretodo los problemas competenciales y de financiación autonómica.

Es más, como los estatutos de autonomía tienen rango de ley orgánica están sujetos a cuestionamiento en el Tribunal Constitucional. Como ejemplo tenemos el nuevo estatuto de Cataluña que aún no entra en vigor dado que el partido de la derecha (opuesto a la diversidad de España) interpuso una acción de inconstitucionalidad sobre algunas disposiciones. El Tribunal tiene en agenda pronunciarse sobre la impugnación planteada. Por lo tanto, las reivindicaciones autonómicas no vienen del aire, no están aisladas. Obedecen a un marco institucional previamente aprobado y respetado por todos.

Los referéndum de autodeterminación que hubo en Canadá se pronunciaron en contra de que Québec sea un Estado independiente y así lo aceptó la clase política, los grupos de poder y la ciudadanía. El referéndum por el que Montenegro decidió constituirse en país independiente de Serbia también fue acatado por los actores socio políticos y por la comunidad internacional. En ambos casos, con distintos resultados, se respetaron cada una de las reglas de juego, procesales y sustanciales, so pena de invalidar la autodeterminación. Kosovo es un caso extremo que supuso una excepción a la regla.

Los grupos de poder, grandes en capital e insignificantes en número, y los “Kambas” están advertidos respectos a sus ilegítimos e inconstitucionales proyectos separatistas. Es inaceptable desconocer la mayoría indígena boliviana; es inconcebible pasar por alto el 54% de respaldo electoral que tuvo el MAS en las últimas elecciones democráticas; y es irresponsable plantear separatismos por concentrar un porcentaje significativo de PBI. Si la democracia es respetar la decisión de la mayoría ¿porqué resquebrajarla cuando los excluidos de siempre intentan gobernar como nunca? ¿O es que se quiere instaurar en Bolivia caudillos militares de corte fascista como logró Henry Kissinger en Chile tras la muerte de Allende?

¿Cuál es entonces el imperativo moral de Bolivia? Negociar políticamente la superación de la crisis; preparar el terreno para que la ciudadanía sin manipulación alguna, más que su voluntad y lealtad ideológica, acuda a las urnas a decidir la suerte del país; respetar el veredicto final que arrojen las ánforas; aceptar el nuevo pacto social que prevea la inclusión de la mayoría en la vida política del Estado. Los grupos de poder deben respetar la vía institucional para conseguir sus reivindicaciones. La utilización de su poder económico para movilizar medios de comunicación y partidos fieles a su causa, con el propósito de desestabilizar el país, no se condice con los presupuestos básicos de la democracia liberal. La mayoría lo decide el pueblo en votación, no el capital en acción ni una irresponsable oposición.

 

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