El Regional de Piura:
19 de mayo del 2008
La V Cumbre ALC-UE (EU-LAC) realizada en Lima en los últimos días,
culminó con las habituales liturgias de protocolos y expresiones de
buena voluntad materializadas en la Declaración de Lima, que desplegó
lugares comunes e imprecisiones amplias en las dos líneas de acción de
lucha contra la pobreza y la salvaguarda del medio ambiente,
imprescindibles para lograr el rápido acuerdo sobre el texto del citado
documento.
En ninguno de los cincuenta y siete puntos de la Declaración de Lima
hubo mención a un tema clave de las relaciones entre los países de
América Latina, el Caribe y la Unión Europea , cual es, las amenazas a
la libertad, que en Latinoamérica son parte de una escalada planificada
desde el financiamiento de los petrodólares venezolanos y que en Europa
merecen sólo “ponerse de costado” para no chocar directamente. Ahí está
como ejemplo, la negativa del Parlamento Europeo para incluir al grupo
terrorista peruano MRTA, responsable del secuestro de cientos de
personas en la residencia del Embajador de Japón en Perú en 1997 y de
miles de asesinatos perpetrados en conjunto con Sendero Luminoso.
Parece que en Europa se considera que los exabruptos de personajes como
Chávez, y sus aprendices junior Morales o Correa, sólo son expresiones
folclóricas de ex colonias que reflejan su colorido ancestral. Es como
si nos vieran muy lejanos, con problemáticas muy distantes. Eso debe
explicar que mientras en Europa ciertos grupos terroristas azotan a
algunas democracias y merezcan el repudio de los ciudadanos, cuando
agrupaciones similares hacen lo mismo en Latinoamérica, no se les
encuentre igualmente deleznable. E incluso, merezcan de un lado, la
solidaridad de los socialistas europeos y de otro lado, el silencio de
los liberales del Viejo Mundo.
Esta distancia se materializa en algo tan concreto como las ampliaciones
del comercio internacional. La Unión Europea considera una política la
negociación con bloques de países. Sin embargo, no parece comprender que
esto equivale a negar la posibilidad de tratados de libre comercio, pues
sólo para poner como ejemplo a la Comunidad Andina de Naciones (CAN),
sencillamente no es factible que Perú y Colombia, que están embarcados
en políticas de apertura comercial agresiva, encuentren convergencias
con los proyectos retrógradas de Bolivia y Ecuador, cuyos gobiernos
funcionan como satélites de los dictados de Caracas y que son enemigos
declarados de los mercados abiertos. Creer esto, va desde la ingenuidad
más idiota, hasta la maledicencia calculada del que no se atreve a decir
“no”, pero genera todas las condiciones para hacer imposible un “sí”.
A propósito del dictador venezolano, el comandante Chávez creyó
convertirse en la estrella desde antes de llegar a suelo peruano. Por
eso, desde Caracas desplegó toda su matonería de bravucón de ventana,
atacando al presidente colombiano Álvaro Uribe y a la cancillera alemana
Angela Merker. Para abonar en este intento de protagonismo, pretendió
descalificar el modelo económico peruano y dar un espaldarazo a los
alicaídos socialistas peruanos que le administran sus “Casas del Alba”,
con el ensalzamiento del dictador socialista Velasco Alvarado. El
general peruano que hizo en Perú hace cuarenta años lo que el comandante
venezolano pretende revender como “nuevo” socialismo (¿?), es decir,
empobrecimiento del agro, elevamiento de la deuda pública, engrosamiento
del aparato estatal a través de la hemorragia de “nacionalizaciones” y
“estatizaciones”, proteccionismo comercial, mercantilismo empresarial y
políticas seudo re-distributivas de pobreza. El mismo que convirtió a
las tasas de crecimiento de en las magras de los setenta y ochenta.
La realidad le golpeó en la cara al señor Chávez. Su presencia en Lima
pasó apercibida solamente por su conocido despliegue mediático y de
logística “de nuevo rico”, con frondoso personal de seguridad y
caravanas de automóviles de lujo, ambulancia incluida, pero carente de
fervor auténticamente popular. Después de sus indecisiones de si venía o
no venía, ya en suelo peruano, pretendió desdecirse de sus declaraciones
injuriosas a la cancillera alemana y le pidió disculpas. Tampoco tuvo el
valor de repetirle en su cara a Alvaro Uribe o al mismo Alan García la
sarta de agravios que les volcó desde su segura tribuna televisiva.
Finalmente, hasta se acobardó de participar como el orador más
promocionado por los organizadores de la autodenominada “Cumbre de los
Pueblos”. Simplemente, no fue y dejó plantados a Evo y al comandante
Ollanta Humala, su émulo más destacado en el Perú.
Quizá el temor que le asaltó a Chávez fue el reducido impacto que tuvo
este evento, que los organizadores liderados por la crema y nata del
socialismo peruano, concibieron como un nuevo “mayo del 68” anti-globalización.
La realidad marcó que, a pesar que se realizó en una universidad pública
ubicada en una de las zonas más populosas de Lima, no tuvo ni la más
elemental adhesión popular ni representó el más pequeño amague de
amenaza a la Cumbre ALC-UE. Fue esto más evidente teniendo en cuenta que
el Gobierno Peruano le brindó toda clase de facilidades y garantías para
que la “Cumbre de los Pueblos” se realizara con total normalidad. Y
mucho más gráfico con la exigua concurrencia en la clausura en la otrora
temible Plaza Dos de Mayo, donde Evo y Ollanta hacían sus mejores
esfuerzos para animar a los presentes.
Todo esto demostró además que en el Perú existe una democracia y también
libertad para expresar lo que uno desea.. Hay que preguntarse si en
Venezuela, Bolivia o Ecuador podría ir cualquier presidente extranjero a
organizar actos públicos, dictar conferencias y brindar declaraciones
que denuesten a los gobiernos de Chávez, Morales o Correa, como sí se ha
permitido en el Perú durante la ALC-UE.
En territorio peruano, la fiera se convirtió en una mansa mascota. Y se
fue con poco ruido y sin nueces. En suma, otra derrota más para el
comandante Chávez. Como decimos los peruanos, “se chupó”. Su paso por
Lima puede resumirse en la siguiente frase: en la cumbre, por el suelo. |