El Regional de Piura:
19 de mayo del 2008
El Gobierno Regional de Piura puede ser a duras penas un éxito político
pero por su falta de logros e incapacidad es un histórico fracaso
administrativo. Que el Gerente admita que es bueno para nada y que el
consejero mayor duerma una permanente siesta abúlica y que el propio
Presidente sea incapaz de hacer realidad -como parece- el Proyecto
Hidroenergético del Alto Piura y que los piuranos vivamos en la
ensimismada cojudez (*) de la infelicidad no sólo es un indicador de
ingobernabilidad y extravío sino expresión de que algo acontece en la
química hormonal del cerebro de nuestros gobernantes y en nosotros
mismos.
Este camino de derrotas y de frágiles éxitos puede explicarse en la
andropausia de nuestros conductores. Es una hipótesis. Esos sueños de
perro y esa flojera tediosa que no conquista y no construye nada. Tienen
nombre propio y su causa está en los testículos donde por la insuperable
vejez disminuye la testosterona. Como decía el siempre polémico Orlando
Balarezo: “gobernar requiere tener bien puestos lo que la gallinas
colocan en los cestos”.
La química del cuerpo advierte que los gobernantes y los ciudadanos y
ciudadanas de éxito requieren tener a punto sus hormonas. Sus
neurotransmisores y péptidos, sustancias parecidas a las proteínas, que
son parte de la alquimia misteriosa del cuerpo y la felicidad. Estas son
la serotonina, las endorfinas y la dopamina. La serotonina es un
neurotransmisor, presente en las conexiones de las células cerebrales,
provoca las ganas de vivir y hacer. Su ausencia es causa de la depresión
y esos invencibles arrebatos de muerte que provocan el suicidio.
Las endorfinas, un polipéptido, un péptido conformado por una cadena
lineal de aminoácidos producidos por la glándula pituitaria y el
hipotálamo tienen una maravillosa capacidad de producir analgesia y
eliminar el dolor. Las endorfinas se producen con la actividad física
como el trotar o el caminar, pero también con el esfuerzo que demanda
una carcajada a mandíbula batiente. Muchos deterioros físicos son
producto del abandono de estas saludables prácticas como el caminar y
realizar esfuerzo físico. Algo que hace mucho tiempo no practican
nuestros funcionarios públicos tan dados al uso y abuso de los vehículos
oficiales. Hannat Arendt, sostiene que lo propio del político es la
acción, el movimiento, la vida en relación con los otros. El político
que se encierra en las cuatro paredes de su torre de marfil está
condenado al fracaso.
La dopamina, es un activador del sistema retiniano y la actividad motora
del cuerpo. La dopamina se produce a partir de la tiroxina que contienen
los alimentos. La dopamina ejercita un control sobre las adicciones y
cumple una función de recompensa placentera en lo que se hace. Quien no
disfruta lo que hace se frustra y se llena de amargura. Padece una
inconsolable falta de dopamina. Junto con la serotonina la dopamina es
considerada uno de los “mensajeros alegres del cerebro”. Drogas como el
alcohol, el opio, la heroína y la nicotina contenida en el tabaco
contribuyen a una perentoria liberación de dopamina que provoca esa
sensación temporal de placer. El ludópata que pierde el control frente a
una máquina tragamonedas probablemente entienda que perfora su bolsillo
con una buena dosis de dopamina.
¿Qué hacer con las hormonas disminuidas de nuestros gobernantes? La
folletería clínica sostiene que la serotonina está presente en el
chocolate que los indios americanos utilizaban para volver díscolos a
los faltos de palabra. También en la carne blanca del pavo burgués
criado en corral. Los pavos sólo entristecen cuando presumen que van a
morir y a pesar de los pesares mantienen esa exquisitez veleidosa en la
que se regodea la vanidad humana.
Las endorfinas y dopaminas requieren actividad física. Hannat Arendt
denominaba labor a ese movimiento muscular asociado a nuestro substrato
biológico. El caminar, el sintonizarse con la vida no con el aire
acondicionado que reconcentra la suciedad de las alfombras. Y trabajo a
ese quehacer humano que nos permite conseguir lo necesario para
conectarnos con el mundo. Por eso el trabajar tiene como condición el
hacer el bien no el forrarse bien. El que trabaja se recompensa con lo
que aporta al bien común y ese logro activa químicamente las disminuidas
hormonas. Para la baja testosterona, no hay otro diagnóstico que el dedo
lubricado del proctólogo ahí en donde mas les duele a nuestros
gobernantes. |