El Regional de Piura:
24 de agosto del 2009
Talara. Esta semana nuestro país volvió a participar en las
pruebas del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes – PISA
2009 y nuevamente la expectativa se ha apoderado de los medios de
comunicación, las autoridades del sector y la sociedad en su conjunto.
En nuestro país, según la Oficina de medición de la calidad del
Ministerio de Educación, participaron cerca de siete mil escolares de
secundaria de 250 instituciones educativas públicas y privadas de todo
el país; de las cuales 94 fueron de Lima y 156 del interior de
provincias. Los resultados de las pruebas PISA se conocerán en diciembre
del próximo año, y servirán como indicadores para conocer si las
capacidades y habilidades de nuestros estudiantes han mejorado en
relación con la prueba PISA 2001. Los escolares peruanos participan
junto con otros 74 países, ocho de ellos de Latinoamérica. La selección
de los colegios estuvo a cargo de los responsables del programa a nivel
internacional.
Ahora, todos quieren saber si el Perú mejoró su posición respecto de
otros países evaluados, más aún, con los resultados poco auspiciosos que
tuvimos en el 2002 cuando quedamos últimos de 41 países. También es
preciso indicar que los investigadores educacionales y analistas
políticos ven en estas pruebas un insumo importante para comprender las
brechas en el ámbito internacional e identificar factores dentro y fuera
de la escuela asociados a tales rendimientos.
Sin embargo, y sin restar mérito a esta necesidad de conocer nuestra
situación con respecto a los otros, muchos coincidimos que la prueba
PISA no nos sugerirá lo que tenemos que hacer para mejorar. Tampoco nos
indicará con realismo dónde están nuestros principales problemas en el
sector educación. Menos aún nos ilustrará con respecto a cómo estamos
frente a nuestro diseño curricular nacional.
Las pruebas PISA sólo nos indicarán cómo estamos con respecto a los
otros países evaluados en una serie de contenidos o capacidades, que si
bien son muy relevantes, no llegan a coincidir ni con el 5% de todo los
que nuestros niños y jóvenes estudiantes tienen que aprender en sus
colegios. Por consiguiente sería un error cifrar expectativas demasiado
altas con respecto a los alcances de este sistema de medición.
Pero ahora, en la aplicación del 2009 de las mencionadas pruebas, se ha
introducido en nuestro sistema un nuevo elemento: la preparación vía
entrenamiento. En otras palabras, se conoce que han circulado manuales e
indicaciones ministeriales que recomendaban dedicar algunas horas del
horario escolar para un estereotipado entrenamiento, cuando en realidad
sólo bastaría una sencilla familiarización con el formato de prueba.
Pero este fenómeno, según algunos especialistas, no es sólo peruano ya
que en España, México y otros países existen materiales diversos para
“mejorar” y “estar listos” para esta medición de alcance internacional.
A estas alturas del presente artículo, podríamos preguntarnos: ¿Es
justificable una preparación si la prueba no mide sino una parte del
currículo?, ¿qué estaríamos dejando de lado por este entrenamiento?,
¿pretendemos familiarizarnos con el formato de prueba o tratemos de
forzar la realidad para no quedar mal y evitar un nuevo “roche” ante los
ojos del mundo?, ¿es equitativo que nuestros niños y niñas vayan a la
escuela y ésta no siga el currículo por alinearse a unas pruebas de
alcance limitado?, ¿no sería mejor poner mayor empeño en políticas
comprometidas por erradicar la exclusión que el sistema educativo hace
de los grupos más vulnerables como las niñas, los discapacitados, los
pobres y los que no tienen al castellano como lengua materna?
Sinceramente, no creo que valga la pena sacrificar el currículo, así sea
unas cuantas horas, por PISA. Los estudiantes peruanos asisten a sus
colegios para aprender historia y geografía del Perú, convivencia
ciudadana, urbanidad, educación física, música, arte, danzas,
disposición democrática y otras cosas más que PISA no contempla. Por
tanto, sería razonable una socialización con el tipo de preguntas pero
nunca una preparación para dar bien las pruebas. Sería absurdo pensar
que un país como Finlandia (primer puesto en la última prueba PISA)
obtuvo resultados satisfactorios gracias a un proceso de adiestramientos
gatillado artificialmente y que se desarrolló en desmedro de su propio
currículo.
Quien sabe, hubiera sido más honesto, que las autoridades del sector
recomienden a los docentes que enseñen siempre bien lo que tienen que
enseñar. De esta manera tendríamos resultados fidedignos de nuestra
situación en los contenidos o capacidades que ahora serán explorados con
la prueba de este año. Pero ojo, teniendo siempre cuidado de no caer en
la simplificación de afirmar que la prueba PISA es un indicador
confiable de la calidad educativa. Menos aún, responsabilizar con
exclusividad a los profesores, pues se sabe que el rendimiento se asocia
a factores no alterables por la acción escolar como por ejemplo: La
pobreza, el acceso a servicios básicos, el nivel de instrucción de los
padres, la capacidad profesional de los órganos intermedios, entre
otros. Salvo mejor parecer. |