El Regional de Piura:
02 de julio del 2009
Lima. Para conmemorar los 4oo años de fundación de la iglesia
católica en Ayacucho arriba a la ciudad un gran fariseo: Juan Luís
Cipriani. Con gran júbilo, conservadores, clero, algunos feligreses, y
cómo no el presidente regional Ernesto Molina (fujimorista confeso), y
acaso Germán Martinelli, fujimorista reciclado, preparan la llegada del
cardenal, otrora servidor del régimen dictatorial de Alberto Fujimori y
hoy monaguillo del APRA.
Sería una infausta contradicción que una región como Ayacucho, víctima
de violencia y vulneraciones sistemáticas a los derechos humanos, rinda
homenaje a un cura para quien los derechos humanos son una cojudez.
Sería una paradoja que una región devastada por la pobreza y la
exclusión reciba con laureles a quien defendió la corrupta gestión
fujimorista, cuya política económica elevó las cifras de pobreza y
pobreza extrema.
El “Opus Dei”, es necesario acotarlo, constituye la expresión talibana
de la religión católica. Se trata de una institución fundamentalista,
ultra conservadora, medieval, sectaria y cómplice de gobiernos funestos.
José María Escrivá de Balaguer, fundador de esta secta en 1928, y hoy
santo canonizado por Juan Pablo II, fue gran amigo del régimen fascista
en España. Por tal razón, el gobierno represor de Franco le otorgó el
título de Marquéz de Peralta.
Escrivá fue a Franco como Cipriani fue a Fujimori. Y hoy en plena
campaña electoral, la presencia del cardenal en Ayacucho es más
proselitista que ceremonial. El Opus Dei anhela el poder político tanto
como el control de la iglesia católica. No es casual que en forma
reiterada se inmiscuya en asuntos políticos a través de homilías
solapadas, algo inviable en México, donde la separación iglesia –
política es muy marcada.
¿A qué viene Cipriani a Ayacucho? Probablemente a reencontrarse con
incautos siervos a quienes convencerá, una y otra vez, sobre la
importancia de la iglesia para el desarrollo de una sociedad. ¿Es cierto
eso? Me temo que no. La iglesia desde Pedro, como primer papa, ha sido
prostituida constantemente. La religión no sólo ha sido la causante de
guerras y muertes, sino que se sustancia en dogmas que no se condicen
con el mundo de hoy.
La discriminación de la mujer como cabeza de la iglesia, el celibato, la
existencia de oligarquías en su seno, la doble moral, desnudan las
tinieblas en que habita el clero. Por tal razón, curas pedófilos,
sacerdotes corruptos, obispos mafiosos, hijos no reconocidos, inundan
los altares eclesiásticos. Qué diferente sería que Cipriani venga a
fiscalizar a sus subordinados, que exija una rendición de cuentas de la
labor pastoral, y sobre todo que evalúe la gestión sacerdotal respecto a
la administración de los bienes de la iglesia.
Que investigue el caso de la parroquia Magdalena. Que pregunte a Dios y
al responsable ¿dónde están los 26 m2 de terreno desaparecido por arte
de magia?; que interpele al inefable monseñor Gabino Miranda sobre su
papel para resguardar los bienes del clero; y por último, si quiere
hacerle tremendo favor al barrio, que retire al cura que administra el
templo Magdalena, Percy Quispe, antes que el rechazo de la vecindad se
torne inmanejable.
Que la presencia de Cipriani sirva para poner freno a las ambiciones del
clero en Ayacucho, aún cuando eso suponga pedirle peras al olmo. Que sea
eficaz como cuando sesionaba con Fujimori para hacerle propaganda al
régimen. Que sea eficiente tal cual se desempeñó al frente de la
embajada de Japón, tomada por Cerpa y compañía; que sea firme como su
aborrecimiento a los derechos humanos; y que también sea plena como las
influencias que en su momento tuvo en FONCODES y otros programas
sociales.
Para un ayacuchano como yo, Cipriani es un no grato en la ciudad, con
quien sólo compartiré el infierno de Dante. No pretendo que los demás
adopten una actitud similar, pero sí que hagan un mea culpa sincero
sobre este personaje. |