POR: JORGE BARRANTES ARRESE
En
1932 al aproximarse el cuarto centenario de la Fundación de San Miguel
en Tangarará, se programaron una serie de actos para conmemorar la
fundación de la primera ciudad hispánica en el Pacifico Sur. Como hasta
entonces no se había fijado fecha alguna para determinar el día exacto
de tal acontecimiento, se convino de manera legal que cada 15 de julio
se conmemorase el hecho histórico, en una celebración anual sucesiva,
hasta que nuevas investigaciones precisen con exactitud la ocasión en
que se llevó a cabo el hecho en mención, en terrenos de cacique de
Tangarará.
La historia es una ciencia, y como tal no
tiene barreras que limiten su crecimiento, y las nuevas investigaciones,
posteriores a 1932 han dado nuevas luces sobre el acto fundacional de
San Miguel en Tangarará en el Medio Chira, llenando de esta manera un
vació, de importancia no sólo para los nacidos en esa ciudad del extremo
norte, y su radio de influencia, sino también para los peruanos e
Hispanoamérica.
Al aproximarse el 450 aniversario de la
Fundación, la municipalidad de Piura convocó a un concurso sobre
historia regional dándose como ganador al historiador Juan José Vega con
su trabajo sobre Pizarro en Piura, y aunque este trabajo recién se
publico en 1993, la lectura de los originales nos aproximó a una nueva
tesis con respecto a la fecha fundacional, tesis en coincidencia con la
propuesta por el historiador Miguel Maticorena Estrada quien venía
sosteniendo que la fundación de San Miguel en Tangarará ocurrió el 15 de
agosto de 1532, día y mes que coinciden con la de 1588 cuando se refunda
la ciudad después de sucesivos traslados desde el valle de Chira hasta
el río Piura y frente al mar, en Paita.
Juan José Vega parte de un análisis
riguroso de la “Crónica del Perú”, de Pedro Cieza de León, y de la
“Verdadera relación de la conquista del Perú y Provincia del Cusco
llamada la Nueva Castilla”, y termina incorporando información aparecida
hace unos años después que se ubico un conjunto de capítulos de la
crónica de Juan de Betanzos que permanecieron extraviados por buen
tiempo. Con este conjunto documental, Vega dice que la fundación de San
Miguel ocurrió entre el 8 de agosto y el 18 del mismo mes.
De no poca importancia resulta la carta
del Licenciado Espinoza al Emperador desde Panamá el 20 de octubre de
1532, informándole que Pizarro había acordado hacer un pueblo; y otras
crónicas en las que se señala que el hombre elegido para la ciudad era
San Miguel, ciudad que según Vega se ubicó al lado del mar, así el
emplazamiento del actual pueblo de Tangarará no coincidiría con la de la
localidad del mismo nombre en el distrito de Marcavelica en la Provincia
de Sullana.
Por haber conocido de cerca a Juan José
Vega como Miembro de Número del CEHMP del cual he sido Director
ejecutivo, y haber conversado con él largamente sobre la fundación de
San Miguel en Tangarará, se como Pensaba al respecto, que la ciudad no
se fundo en julio de 1532 y basta con leer el libro Pizarro en Piura
para entenderlo mejor.
Que dice Vega sobre esto:
“Crear un pueblo hispánico en las tierras
tallanes era una urgencia para Pizarro, como lo acabamos de comprobar.
Pero su gente no lo sabía; él se cuidó
muy bien de no dar a conocer a sus soldados los riesgos que corría la
empresa con las aspiraciones de Almagro y de Alvarado. Por esta
prudencia, todos, cuando lo escucharon hablar del asunto, sencillamente
creyeron que el gobernador accedía, por fin, a la creación del ansiado
pueblo.
Los más entusiastas debieron ser los
recién llegados de Tumbes cuya presencia se había juzgado indispensable
para el acto poblacional, tanto por integrar este grupo los Oficiales
Reales como por el propio número aportado por sus componentes, según
informan unánimemente las escasas fuentes en que constan estos sucesos.
Aquí como vemos Vega concuerda con Maticorena y Del Busto.
El único que poseía facultades para
ordenar el asentamiento del pueblo era Pizarro y por eso el primer
documento escrito sobre esa época señala que “Acordó de hacer allí
pueblo”. La decisión fue consultada con los principales de los
presentes, quienes aprobaron el sitio. Es Jerez, cronista oficial, quien
insiste en la forma como se aprobó el asentamiento: “… vista aquella
comarca y ribera por el reverendo padre Vicente Valverde, religioso de
la orden de Santo Domingo y por oficiales de su majestad, y el
gobernador, con acuerdo de estas personas, como su majestades mandan” .
Pizarro que era el autor de la iniciativa (tal vez recordando el
desembarco de 1528), escogió “el mejor lugar y sitio que le pareció”, y
su opinión fue aprobada sin discrepancias.
Todo esto como sabemos, concuerda con la
tesis de Maticorena y la interpretación de Del Busto, que como lo han
dado conocer ocurrió después del levantamiento del Cacique La Chira.
Las causas de tan generalizada opinión
sobre Tangarará eran, según el mismo cronista, las de que “en esta
comarca y ribera concurren las causas y cualidades que debe haber en
tierra que ha de ser poblada de españoles y los naturales de ella podrán
servir sin padecer fatiga demasiada, teniendo principalmente respecto a
su conversión, como es la voluntad de su majestad.
Las razones fundamentales (esas “causas y
cualidades” mencionadas en abstracto) fueron las de hallarse a pocas
leguas de “buen puerto”, el ser tierra “razonablemente poblada de indios
y gente doméstica” y las condiciones positivas del valle y del río. Pero
en el ánimo de todos los allí presentes también debió jugar el que todos
recordasen como “la tierra que se había andado y pasado desde Tumbes
hasta allí era muy estéril y despoblada” y el que la comarca “de
adelante no se sabría lo que sería”.
Y todos los informantes están de acuerdo
en que el pueblo se lo empezó a llamar San Miguel, “se puso por nombre
San Miguel” y aquí vemos como Vega inicialmente tiene una tesis con
respecto al acto mismo, esto, antes de 1982.
La fecha del doblamiento de San miguel de
Tangarará –que no es todavía fundación-debe ser fijada prudentemente
entre los dos extremos que se conocen con precisión: la llegada de los
navichuelos procedentes de Tumbes el 1ro. De agosto de 1532 y la fecha
de la primera fundición del oro, acto formal que se fechó el 19 de aquel
mes ya en el pueblo recién establecido.
Este lapso puede estrecharse mucho más,
en vía deductiva. Llegando las dos naves a la costa lachirana hubo que
avisar a Pizarro, que estaba en Poechos, en el interior. Como
simultáneamente se conoció la conspiración de los caciques de Amotaoe y
La Chira, Pizarro descendió primero a debelar el movimiento. Luego tras
recibir a la gente de Tumbes y descargar el fardaje donde venían los
tesoros y bultos, recién se procedió a asentar el pueblo.
Todo eso puede demorar unos siete días,
por lo cual al fecha del doblamiento puede ser fijada como mínimo en el
8 de agosto y como máximo en el 18 del mismo mes, porque consideramos
poco probable que en el mismo día del asentamiento se realizase la
fundición arriba aludida; para ello debió correrán día o más.
Para Vega la ubicación de Tangarará en
1532 no corresponde la ubicación actual. Al respecto dice: El tema de la
ubicación de la primera Tangarará es bastante complejo y seguramente
pertenece a la órbita de los asuntos históricos que requieren de la
ayuda de ciencias complementarias y auxiliares para un cabal
esclarecimiento; en el presente caso la arqueología tendrá que
intervenir para disipar dudas que aun quedan pendientes.
Ninguna duda puede caber respecto a que
Tangarará fue el paraje donde se afincaron los españoles ese agosto de
1532. Tangarará es mencionada unánimente como asiento español inicial,
por Jerez el secretario y por todos los testigos presenciales y actores
que mencionan el hecho y el nombre, como Pedro Pizarro, Juan Ruiz de
Arce y Diego de Trujillo. El topónimo lo repite Zárate –que siguió en
todo el conquistador del Tallán, Rodrigo Lozano- al afirmar que Pizarro
“pobló la ciudad de San Miguel en un pueblo de indios llamado Tangarará”,
y lo reiteran ilustres cronistas que, aunque no estuvieron presentes, su
voz es de fiar, como Diego de Silva y Guzmán, Gonzalo Fernández de
Oviedo, Fray Martín de Murúa, el Anónimo de la Carta a la Reina de
Hungría , Cieza de León yo tros más.
Pero los más confiables en este caso
resultan quienes, junto con Jerez, fueron co-fundadores: Ruiz de Arce,
que escribe “Tangaraya, allí poblamos un pueblo “, Diego de Trujillo,
“Tangarará donde el Gobernador pobló un pueblo de españoles” y Pedro
Pizarro “hizo la población de Tangarará”.
El problema, valgan verdades, no es el
nombre del asiento inicial, que es incontrastable, sino su exacta
ubicación que fue próxima al mar y no la actual de ese nombre.
Viene a ser indispensable apuntar que
ninguna referencia documental a esos tiempos nos presenta a Tangarará
como población alejada del mar; todo lo contrario. No sólo existe
unanimidad en las versiones de los cronistas respecto a una Tangarará
casi marítima, sino que carecemos de un documento fechado en 1532, o
referente a este año, que señale que hubo alguna Tangarará en el sitio
donde existe ahora un pueblo de este nombre, a unas cuatro decenas de
kilómetros del océano. Todos los documentos de aquel tiempo y los
posteriores, a lo largo del siglo XVI aluden a la Tangarará de agosto de
1532 como lugar cercano al as playas y al embarcadero de balsas de los
antiguos tallanes comarcanos.
Esta tesis de que Tangarará actual no se
ubica en su antiguo emplazamiento la sostuvo Vega por siempre en cambio,
en 1997 aceptó frente a conocidas pruebas la fundación del 15 de agosto
de 1532; por eso al ser convocado por el alcalde Heheck en 1999 reiteró
el pedido de la celebración del 15 de agosto por su doble significado,
pidiendo que en esas fechas se celebre la SEMANA DE PIURA.
Más en problemas tocando al os Pizarro:
“asentó y fundó” afirma, siguiendo a sus propios informantes y a Jerez.
De la confusa redacción de Estete también
parece derivarse que hubo los dos ciclos breves, porque expresa primero
que “acordó de haber allí un pueblo” y luego afirma que “fundó la villa
de San Miguel”.
Por último, el Licenciado Espinoza –muy
bien informado por las cartas sanmiguelinas del primer período de vida
de la nueva villa- sólo habría de informar a Carlos V que Pizarro
“acordó de hacer allí pueblo”…”llámase el pueblo San Miguel”; no habla
Espinoza de fundación y así lo escribió porque los navíos que llevaron
las noticias partieron antes del acto formal, como luego veremos.
La “Prueba Issaga – Hernando Piazarro”.
Además de las afirmaciones de cronistas
que diferencian las etapas de asentar un pueblo y de fundarlo, contamos
con lo que podríamos llamar la “prueba Isasaga- Pizarro”, que emana de
los hechos y de los documentos de fines de 1532 y principios de 1533. En
efecto, el 20 de octubre de 1532 el Licenciado Espinoza escribía a
Carlos V informándole que Pizarro había “llegado a unas provincias que
se decía Tangalá acordó de hacer allí pueblo… dícese del pueblo San
Miguel”.
Esta referencia sólo pudo tenerla
Espinoza por carta de Pizarro y de otros conquistadores del Perú, así
como por la información oral que le dieron los viajeros de los dos
únicos navíos que llegaron del Perú en esos meses; entre aquellos
pasajeros se hallaba Francisco de Isasaga, que luego pasó a Santo
Domingo.
Pero Hernando Pizarro escribió a la
Audiencia de Santo Domingo lo siguiente:
“Después que de aquella tierra vino
Isasaga, de quien vuestras mercedes le informarían de lo hasta allí
acaecido, el gobernador fundó en nombre de Su Majestar un pueblo cerca
de la costa que se llama San Miguel, veinticinco leguas de aquel cabo de
tumbes”.
Por tanto, para los informantes de
Espinoza y de la Audiencia, Isasaga entre ellos, el pueblo de San Miguel
ya existía en los principios de septiembre de 1532, cuando menos. Para
Hernando Pizarro, San Miguel, aparentemente no existía.
¿Podía mentir Hernándo Pizarro?
Hernándo Pizarro era hombre tan valiente
como cruel e inescrupuloso; podía mentir y mucho. Lo que no podemos
aceptar es que mintiese en esa forma, por escrito, pública y con
notoriedad. No podía mentir a Oidores de la Audiencia que estaban al
habla con Isasaga. No podía desafiar de tal modo a los oidores. No podía
mentir sabiendo que gente descontenta de la empresa del Perú había
retornado y que fácilmente podría desmentirlo. El hombre del Gobernador
del Perú no podía prestarse a semejante vergüenza. Menos con su carácter
alternado.
Debemos suponer, pues, que Hernando
Pizarro, decía la verdad, porque torpe no era.
Esa verdad era que el pueblo, el asiento
existía a principios de septiembre; y sobre este hecho informaron
Isasaga y los suyos.
La fundación habría de realizarse
después, poco antes de la salida de Pizarro hacia Cajamarca, y a ella
fue que aludió Hernando Pizarro.
Por último, el Gobernador Pizarro
respaldó a su hermano en el conjunto de la carta- relación.
De modo pues que debemos concluir que
Isasaga y otros pasajeros dijeron verdad al informar al Licenciado
Espinoza de la existencia del pueblo de San Miguel y que Hernándo
Pizarro también la dijo, al afirmar que hubo fundación; fundación que se
realizó después que zarparon los barquichuelos.
Sencillamente todos dijeron verdad.
Porque el gobernador Pizarro primero asentó San Miguel en el extremo
marítimo de Tangarará, por necesidad; y luego fundó el mismo San Miguel
(con la misma gente) trasladándolo quizás el mismo al otro extremo de la
pequeña comarca fluvial de Tangarará, cuarenta kms, dentro, poco más o
menos. Antes de partir, como veremos.
f. San Miguel, ¿Por qué?
En torno a la causa de la cual la nueva tierra y el nuevo pueblo español
llevaron el nombre de San Miguel, existen diversas posiciones y aún
habrá de correr mucha tinta al respecto, dado que ningún documento
coetáneo lo explica.
Las hipótesis
Ante el silencio de la documentación del
siglo XVI alrededor de este asunto, no queda sino la especulación, una
bien entendida imaginación.
Para Vega la fundación fue un acto
informal, incompleto, apresurado y se desdobla en asentamiento oficial,
en 1982 como dijimos dío la clave inclinándose por el mes de agosto.
Y al respecto anotó en su ya mencionado
libro “Pizarro en Piura”: “La fecha de la fundación oficial de San
Miguel en Tangarará es un tema difícil, sobre el cual apenas si se
cuenta con datos aproximativos.
Sin temor a equívoco, bien podría
afirmarse que San Miguel de Tangarará, ha sufrido de mala suerte en lo
tocante al establecimiento de las fechas en que fue primero poblada y
luego fundada. Tras el silencio de quienes debieron ser los primeros
informantes, ocurrió la pérdida de cartas esenciales como las de Pizarro
y Valverde y después la desaparición de otros documentos como el Libro
de Cabildos, cuando el incendio de Paita por los piratas.
Vega, contra lo que se puede suponer,
tanto como lo hacen del Busto y Maticorena, reconoce el esfuerzo de los
investigadores entre 1932 y 1982 y en este sentido escribe:
Aproximándose esta fecha conmemorativa de
la fundación de la ciudad de Piura aumentaron los debates sobre el caso.
El más importante trabajo al respecto fue el logrado por el destacado
profesor e historiador piurano Enrique del Carmen Ramos, quien realizó
una reconstrucción de la actuación de Pizarro en tierras tallanes
partiendo esencialmente de los datos de Jerez, llegando a la conclusión
que la fundación de la villa “se realizaría, con días mas o menos de
diferencia, en la primera quincena de julio de 1532, aproximadamente el
15”; conclusión loable sólo desde los puntos en que fue planteada y
especialmente si se tiene en consideración los documentos entonces
disponibles en el país, particularmente en Piura.
Un decreto del Presidente Sánchez Cerro,
que era piurano, consagró el 15 de Julio como fecha oficial; la rutina
conmemorativa anual difundió firmemente un día jamás asegurado por el
historiador Ramos.
Varias posiciones divergentes se
sustentaron desde entonces acá. El advenimiento de la celebración del
450º aniversario en la fecha oficial tradicional, 15 de julio, favoreció
nuevos pronunciamientos a favor de esa tesis, no obstante su
imposibilidad histórica.
Señoras y señores así pensaba y escribió
Juan José Vega, descartando científicamente ese primer esfuerzo de dar a
conocer para los piuranos el día de su fundación en Tangarará.