Las
tradiciones forman parte del alma de los pueblos en cualquier parte del
mundo, y son un elemento indispensable que no puede faltar cuando se habla
de identidad nacional, identidad regional o identidad local.
Sullana es uno de los lugares donde todavía persiste una gran
tradición gestada quizá desde sus primeros asomos urbanos, la de la
celebración de la FIESTA DE REYES, desde
fines del siglo XVIII. Según
don Reynaldo Moya Espinoza, cuando se proclamó la Independencia de Piura
el 4 de enero de 1821, la principal autoridad de la Ciudad se encontraba
en LA PUNTA, como se conocía a Sullana por entonces, ya que
había concurrido a la celebración
desde la antevíspera.
La
FIESTA DE REYES se celebraba como una gran feria comercial cuyo día
principal coincidía con el de
la Adoración de los Reyes Magos, y aquí se congregaban comerciantes y
devotos que en varios días rendían culto al Señor de la Agonía,
verdadero Patrón de Sullana, hacían sus compras y ventas, y recreaban
esas páginas bíblicas en las que aparecen los magos bautizados como
Reyes Magos por la tradición, con sus nombres de Melchor, Gaspar y
Baltasar. Estas actividades se realizaban en los alrededores de la plaza
de armas y calles adyacentes en el centro de Sullana.
A
nivel popular se realizaban las famosas “bajadas”, donde entre lo
religioso y mundano los sullaneros se divertían y alternaban entre los
diferentes propietarios de nacimientos que en algunos casos veían en su
realización una especie de estrategia de sobrevivencia que les daba una
tranquilidad temporal para conseguir alimentos.
En medio de esta celebración aparecían las pastoras ricamente
adornadas con vestidos de satén o de papel crepé quienes acompañadas
por un pastor desde antes de la navidad venían a cantar al Niño todas
las noches una serie de
villancicos que ahora no se cantan más.
La
modernidad no destruye la tradición, puede haber una convivencia y un
mutuo respeto, todo esto ocurre cuando la población tiene identidad local
en este caso, veamos como otros pueblos sienten orgullo por sus
tradiciones pese a que la modernidad y la nueva tecnología les ha llegado
con fuerza, recordemos por citar un caso a la ciudad de Pamplona en España
donde la centenaria celebración de “SAN FERMÍN” se mantiene y se
publicita para que la conozcan en toda la tierra.
Nosotros los sullaneros hemos mantenido esta tradición que cada día
se ve más afectada por la modernidad, ya no escuchamos villancicos como:
“Yo
como pastor
Traigo
mis ovejas
Unas
trasquiladas
Y
otras sin orejas”
O
nos hemos olvidado de la letra completa del “Niño Manuelito”; y no
cantamos más:
Señora
Santana porque llora el Niño
Por
una manzana que se le ha perdido.
Vaya
usted a mi casa yo le daré dos,
Una
para el Niño y otra para Vos.
Tampoco
se canta
La
mulita ingrata pajitas comió
Por
eso la Virgen maldición le echó.
Ni
sentimos a los niños entonar
Corriendo
corriendo vengo
desde
Pedregal
trayéndote
piedritas para tu altar,
Corriendo
corriendo vengo
desde
altamar
trayendo
pececitos para tu altar.
Hoy
todas las canciones giran alrededor de NOCHE DE PAZ, de Campana sobre
campana, y otras tantas que ingresaron a Sullana con los nuevos
avecindados de Europa en esta ciudad en la década del 40 del siglo XX.
En
las Bajadas de Reyes que se celebraban en los barrios populosos de Sullana
en medio de chicha y de comida
criolla aderezada de manera natural se incentivaba a los padrinos con
cantos como ese que nos entrega Blanca Marroquín Meneses:
Cual
de los padrinos será el mejor,
Será
don fulano por el Niño Dios.
Así,
al escuchar la mención de su nombre, el concurrente era motivado y era
posible que su propina fuera más que regular.
Hoy
la celebración de las Bajadas de Reyes como se hacía antaño es ya sólo
un recuerdo, de vez en cuando observamos una ligera celebración con visos
de modernidad, por eso es digno de alabar a ese comité integrado por
personas que se encargan de mantener la tradición y que cada seis de
enero organizan la CABALGATA
DE LOS REYES MAGOS, y dan a Sullana ese toque angelical que le recuerda
que es una ciudad con tradiciones, que no debe alejarse de ellas, que no
debe perder el curso de la historia, y que su pretendida y ansiada
modernización no debe convertirse en una especie de atentado contra sus
raíces tradicionales.
Desde
la segunda mitad del siglo XX la feria adquirió otro carácter, se le
organizó con una visión futurista que no eliminaba para nada la tradición,
por eso cuando observamos al profesor César Leigh Arias
preocupado por mantener la pureza de la tradición y dar todo de si
para que las nuevas generaciones conozcan y valoren esta celebración, no
podemos hacer nada más que felicitarlo y darle aliento, porque en él se
nota ese otro elemento que hace falta para no perder la identidad: el
rescate de las raíces tradicionales.
A
nivel comercial, hoy la Feria de Reyes quizá ha decaído, con tanto
comerciante que durante todo el año ofrece los productos que antes se veían
sólo en ocasiones especiales, los
organizadores debe buscar
otro tipo de estrategias y no dejar a la feria únicamente como una “Bahía”
más grande que la las calles Ugarte y José de Lama ,
y con mejores atractivos, acordes con la gente de estos tiempos, no
dejar que la feria muera.