Hoy es una fecha infausta para nuestro Perú. Un 5 de abril de 1992, Alberto
Fujimori, rompiendo los esquemas de golpes de Estado, disolvió el Congreso
de la República, intervino el Poder Judicial, y con el apoyo de las Fuerzas
Armadas y Policiales, instituyó un gobierno de facto.
El pueblo peruano que no tiene una conciencia política, respaldó tal golpe
al sistema democrático e infracción a la Constitución Política. Se ofreció
tanto, para justificar el rompimiento del orden institucional que los
peruanos creyeron ver a un iluminado hablando de los males del Perú y con
la varita mágica para solucionarlos.
Lucha contra la subversión, moralización del Poder Judicial, estabilidad
económica, honradez, tecnología y trabajo; son parte de las frases que
embaucaron a quienes confiaron en el régimen de facto. No era para menos,
el país se debatía, tanto como ahora, en una profunda crisis económica y
moral, que el primero que ofrecía atacar frontalmente esos males, gozaba
del apoyo popular.
Los diputados y senadores cesados, quisieron actuar de acuerdo a la
Constitución y juramentaron como Presidente a Máximo San Román, pero la
fuerza del poder, doblegó todo espíritu democrático. Al final con un
amplio apoyo popular, Fujimori y camarilla se impuso y gobernó con mucha
normalidad, hasta que un día, lo que dijo es no fue, y se despertó
convirtiendo en pesadilla la realidad.
Corrupción en lugar de moralización, hurto en reemplazo de honradez,
mentira en lugar de verdad, quizá los calificativos sean pocos, frente a
la lección que nos dejó un régimen que bajo la careta de social, logró
embaucar a tantos peruanos ignorantes e ilustrados que con su aporte
intelectual dieron legitimidad a un régimen dictatorial.
Las cosas en la forma han cambiado, en el fondo los males subsisten. El
Presidente actual no es un modelo de demócrata, aunque otros digan lo
contrario, queda en la memoria su adhesión a las políticas de Fujimori. El
Poder Judicial, sigue siendo tan corrupto como lo fue antes, sin que haya
alternativas serias para acabar con sus males; la economía sigue
desplazando a la mayoría y beneficiando a unos pocos y la violencia aunque
ya no es subversiva lo es estructural, con su misma virulencia.
Existen causas pendientes, problemas por solucionar, pero si de algo
estamos convencidos es que una sociedad civil organizada es la mejor
garantía para no dejar torcer el camino recto que corresponde llevar a
quienes fueron elegidos en un Estado de Derecho. El 5 de abril no se debe
repetir.