Tú votas el
agua, nosotros no tenemos
LA NECESIDAD DE RACIONALIZAR EL
RECURSO HÍDRICO
Quienes son estudiosos del cambio climático consideran que el agua será el
principal problema de la humanidad en los próximos años.
Para
quienes residimos en un lugar de abundancia de este recurso, tal expresión
resulta inverosímil y se piensa que es poco probable que sea verdad. Pero,
los conflictos entre autoridades regionales y agricultores del Chira que se
dieron en el 2004 nos indica que el problema es serio.
Si el
agua para la producción agrícola ya es un problema regional, el asunto es
crítico también para el agua potable que se deriva al consumo humano. Los
piuranos y los sullaneros no tienen cubierta su necesidad total del líquido
elemento, existen sectores privilegiados, otros castigados por la ausencia
del servicio pese a las instalaciones existentes.
Sin
embargo, sabemos que la limitada provisión de agua potable es un problema,
pero no hacemos nada para adoptar decisiones racionales y de solución
concertada y compartida del problema. Veamos un caso cotidiano.
Es
común observar como sin responsabilidad alguna, cientos de mujeres y no
pocos hombres, cogen a diario su manguera de plástico y proceden a regar las
terrosas calles de su barrio con el agua potable. Cuántos litros se
desperdician en esta acción?. Seguramente que EPS GRAU no ha cuantificado
este despilfarro existente y que forma parte de la actitud y de la conducta
de los piuranos.
En el
otro extremo, en otros barrios los pobladores cual topos excavan en el lugar
de las cañerías para que siquiera caigan unas cuantas gotas del preciado
recurso para su consumo, además de perder horas de sueño y desde la
madrugada ganarle a la débil presión del sistema unos cuantos baldes que
serán guardados como un preciado tesoro.
Lo
público tiene también su costo y aunque el agua sea de vital importancia no
la hace ajena a los conceptos de la economía. El procesamiento del producto
para convertir el agua natural en potable y por lo tanto apta para consumo
humano tiene su coste que debe recuperarse con la facturación que se realiza
a los usuarios. Observando conforme están reguladas las tarifas y sin
medidor alguno, da igual consumir 10 como consumir 100 porque el precio a
pagar es el mismo.
Quien
quiere regar sus calles no pavimentadas o sus jardines con agua potable,
puede hacerlo; pero ese consumo debe tener el costo real que corresponde;
tampoco puede realizarse a costa de los cientos de miles de pobladores de
asentamientos humanos que no solo tienen una o dos horas diarias de agua
sino que para obtenerla deben idear formas muy populares y sacrificadas para
extraer el poco flujo de las tuberías.
Existe irresponsabilidad y falta de conciencia de muchos pobladores que no
entienden que el agua potable es para consumo humano y no para cimentar las
polvorosas calles. Lo lamentable es que no nos damos cuenta aún que es un
problema.
Si
estos consumidores voluntariosos y malgastadores del agua potable quieren
evitar la molestia del polvo pueden armarse de valor y solicitarle a sus
autoridades municipales la pavimentación de sus vías; de esta manera
lograrían evitar un enorme dolor a quienes sufren las consecuencias de la
baja presión del sistema de agua potable.
Existe una experiencia saludable que puede acogerse de algunas ciudades del
Ecuador, cuando con una estrategia de sensibilización se logró que la
población entienda que el agua es un derecho de todos y que con medidas
prácticas de racionalidad se ahorra miles y miles de litros cúbicos que
permiten satisfacer otras poblaciones.
Bastaría darse una vuelta por ciertas urbanizaciones e incluso asentamientos
humanos para comprobar que el problema es serio y debe enfrentarse; es
factible que con esos litros que se arrojan a la calle, muchos niños y
mayores tendrán mejores condiciones de vida. (Piura,
13 de junio del 2005)
El Director