El regreso del fugitivo
AÑORANZAS
POLÍTICAS, SE JUSTIFICAN EN FRACASO DEL GOBIERNO Y DE LA DEMOCRACIA
(18/03/2004) Alberto Fujimori fue un
presidente exitoso, que cayó en la tentación de la soberbia y del
autoritarismo. Era hiperactivo, trataba de estar en cada rincón de nuestra
Patria, y en muchos de ellos prometiendo y luego ejecutando obras, que los
entusiastas pobladores le solicitaban. Este estilo de gobierno no se dio
antes y fue innovador. Las encuestas de opinión pública lo favorecen quizá
por ello.
El mensaje de Fujimori, era de cambio
radical, de lucha contra los flagelos que deterioran la imagen del Estado.
El corrupto Poder Judicial, los arcaicos partidos políticos, los malandrines
alcaldes, nadie se le escapó y de alguna manera, su verbo oportuno llegaba a
esa dormida conciencia de la atroz realidad de nuestro Perú.
Acaba de informarse que en materia de
nutrición, nos ubicamos en un deshonroso lugar; sin embargo, nos dicen los
mandatarios que nos encontramos en el mejor de los mundos y que la
macroeconomía es el reflejo de los éxitos económicos. Una primera conclusión
en este tema, es que los efectos del crecimiento no llegan a los 25 millones
de peruanos.
Los problemas de pobreza y de extrema
pobreza, se agudizan y el Estado que debe ser oportuno para construir
mecanismos de superación de estos males, no tiene éxito, uno porque voluntad
no existe y otro porque pecamos de individualistas y la solidaridad es un
valor que se encuentra ajeno a nuestra conducta.
El gobierno y sus
gobernantes, tienen casi todos algo en común: Siempre buscan solucionar sus
problemas personales y se olvidan de las exigencias sociales. Un sueldo
mínimo de 460 Nuevos Soles, contrasta con el sueldo de un congresista que
supera los 25 mil Nuevos Soles. No es una exclusividad de este gobierno,
pero éste, que ofreció tanto, ha sido incapaz de actuar con seriedad y con
responsabilidad, conforme lo prometió.
Los laberintos y conflictos se reiteran día a
día, y el común concepto termina en considerar a nuestro país en un caos.
Este caos que peligrosamente induce a añorar formas pasadas, que aunque
antidemocráticas son más positivas para los miles de excluidos del sistema.
Como peruanos, queremos vivir en democracia,
pero que funcione, que otorgue oportunidades de desarrollo y que se
garantice un equilibrio entre todos los actores sociales. No queremos una
democracia que no solucione nada, que en lugar de promover el desarrollo,
mantenga el status quo. Queremos una democracia, que promueva el desarrollo
humano, nuestro deber es lograrlo, única forma de fortalecer nuestro sistema
democrático.
Lo contrario es impulsar, inconscientemente o
conscientemente, la mirada hacia el presidente fugitivo, que por muy
autoritario que haya sido, fue más inteligente para construir un mejor
modelo de gestión.