El Presidente
que llamó cobarde a un periodista
CUANDO LA INFORMACIÓN ROMPE LA
PONDERACIÓN DE UN FUNCIONARIO PÚBLICO
El
Presidente de la República, representa a toda la Nación, y es el gobernante
que nos merecemos, sostienen justificantes aquellos que después de un
proceso electoral diatriban por una mala gestión.
Desde
este medio, hemos considerado desde antes del proceso electoral mediante el
cual resultó ganador Alejandro Toledo, que su conducta no era la más
ponderada y tampoco sus ofrecimientos merecían seriedad. Toledo reiteró una
vez más, que en la sociedad peruana mentir para ganar no era una estratagema
vituperable.
El
ejercicio del periodismo ayer y hoy, siempre ha estado matizado por la
presencia de inescrupulosos que hacen de este trabajo el mas vil de los
oficios, en tanto otros han sido estandartes de la defensa de la libertad de
expresión y opinión, como parte de los derechos fundamentales del ser
humano.
Para
Toledo, este domingo no fue el más feliz de los días; un vídeo rompió la
templanza que un funcionario público debe mantener y bajando a su condición
de humano, con voz quebrada por los nervios, calificó de innoble y de
cobarde a Carlos Espá, abogado de profesión, periodista por vocación, pero
más que todo una corriente periodística crítica del Gobierno actual.
En su
abrupta llamada no quiso contestar las acusaciones y solo diatribó contra el
conductor del espacio periodístico, cuando alguien que se sabe con la verdad
debe utilizarla para desmentir la ligereza, si existe; esta evasiva conducta
presidencial permite que las especulaciones tomen la forma de realidad.
Al
contrario, después de la bravuconada prefirió llamar al programa amigo, para
sustentar lo que él consideró el innoble reportaje realizado por los
periodistas de Canal 4, y ratificándose en la necesidad de haber sido
comunicado para propalar el vídeo que lo muestra en una reunión interna,
festiva y alegre en el tema de las firmas que permitieron inscribir a su
partido.
El
periodista más que cualquier otro profesional, debe levantar siempre las
banderas de la objetividad y de la verdad. Es una ilusión, pero también una
realidad. Los hay quienes lucran con el periodismo y son actores de sus
antipatías y subjetividades; los hay quienes serios en su accionar,
consideran que la verdad está primero y es la razón de su trabajo.
Este
caso es sintomático, refleja un viejo enfrentamiento entre funcionarios y
prensa y la fecha es la más idónea para actualizar el debate de la libertad
de expresión.
En
ambos espacios nos hemos desenvuelto y he sido sujeto de titulares
exagerados y de editoriales subjetivos; por supuesto, que nunca perdí la
paciencia, pero si me llamaba notoriamente la atención, la superficialidad
de cierto periodismo y el eco tergiversado de una información por aquellos
que sin ningún tipo de formación trabajan en periódicos y radios.
Sin
embargo, al margen de particularidades, la libertad de expresión, la
verdadera, es el sustento de una democracia que quiere ser fortalecida como
el mejor sistema político; es la garantía de control del comportamiento de
funcionarios públicos, ajenos muchas veces a una función honesta y de
servicio.
El
caso del exabrupto presidencial, tiene un fondo que se debe investigar hasta
determinar la responsabilidad en hechos anómalos e ilegales que ponen en
tela de juicio la moral de los Perú posibilistas; al mismo tiempo actualiza
ese viejo enfrentamiento entre funcionarios y periodistas.
Contra todo, aún a pesar de las peores noticias, la libertad de expresión
siempre será preferible a la coacción e intimidación a que es sometida, por
gente que usa el poder para evitar que haya transparencia en su gestión
pública.
No
está demás ver ese lado humano del presidente y otorgar el beneficio de la
duda para con el periodista; es que muchas veces la subjetividad y el
interés individual y colectivo gana batalla a la objetividad y eso también
es tan censurable como las ofensas del aludido. (Piura,
04 de octubre del 2004)
El Director