Piura,12/12/2005
Ollanta Humala y la necesidad de un cambio real
Las encuestas realizadas en las
últimas semanas nos indican que el candidato del Partido Nacionalista
Peruano Ollanta Humala despunta desplazando a líderes tradicionales e
incluso de acuerdo a las proyecciones la posibilidad de ser primero es una
realidad.
Algo está pasando en el conciente
e inconsciente colectivo de los peruanos. Estas inclinaciones innovadoras no
son nuevas.
En Lima hace unos años se eligió
al primer independiente salido abruptamente. Belmont emergió a la política
de repente y tras él un pasado de "hermanón" bondadoso y caritativo, le
facilitó el camino hacia la alcaldía de Lima.
En las elecciones de 1990 Alberto
Fujimori encarnó el nuevo sueño de miles de gentes que creen que el Estado
no es para ellos. Su mensaje fue simple, honradez, tecnología y trabajo;
pero más que ello, era su condición de descendientes de japoneses lo que le
sirvió para el ideal propio de la ciudadanía. Ganó y transformó el país;
pero con ese doble mensaje que vuelve vituperable un personaje.
El último ha sido Alejandro
Toledo y para lograr vencer la contienda recordó su pasado de lustrabotas
con suerte. Lanzó toda una oferta de promesas, creyeron en él los más
ilustrados y los menos, más. Sin embargo, su pésima condición de gobernante
ha estado acompañado de una ola de crecimiento mundial que ha favorecido a
Perú. La gente cree que el resultado macroeconómico es su obra, los
economistas serios dudan de ello.
Valen estos antecedentes para
centrarnos en el fenómeno Ollanta. La gente mas pobre del país, y los
izquierdistas frustrados en sus posibilidades de hacer la revolución, han
centrado sus aspiraciones en este militar retirado, que con un mensaje
bastante simple, habla de autoridad, de nacionalismo, de identidad y de
acabar con las instituciones putrefactas que tiene el país.
Abonan en la masificación de su
propuesta, un Poder Judicial corrupto; un Poder Ejecutivo infestado por
acciones equívocas del Presidente y su entorno; un Poder Legislativo más
crematístico que eficiente y honesto; Alcaldes y funcionarios negociadores;
Presidentes y Consejeros Regionales interesados más en la "plata" que
en el
desarrollo territorial.
Frente a este panorama, una
prédica como la de Ollanta Humala, cala y se multiplica, porque existe por
parte de las fuerzas tradicionales, miopía para ver la desvinculación entre
lo que ellas hacen y lo que los peruanos en su mayoría quieren.
Pero porqué justamente Ollanta es
receptor de ese descontento y no lo es, Susana Villarán, Jehude Simons, y
otros tantos aspirantes presidenciales que hablan sobre la necesidad de
realizar profundos cambios en el país. Existen explicaciones antropológicas,
sociológicas y políticas que hacen muy difícil encontrar una respuesta
sencilla.
Frente a este crecimiento de la
candidatura, muchos peruanos se encuentran esperando la propuesta formal y
real de Ollanta. Toledo ofreció para ganar; luego no cumplió al gobernar.
Proponer para ganar es fácil; hacerlo para gobernar es otra historia. En
todo caso, aquí estará la posibilidad de avance o retroceso del candidato
denominado del Antisistema.
Lo que si es real, es la
necesidad de tener un Estado que sea de todos los peruanos, que reduzca
radicalmente ese 54% de pobreza que denigra a miles en su condición de seres
humanos, que construya
un país más homogéneo y con grandes capacidades y que por supuesto, entienda
que el mundo ahora es diferente, que se encuentra globalizado y que en esa
perspectiva, el Perú tiene que buscar sus potencialidades para aprovechar
que esta ola mundial de interacciones beneficie al país. Nada fácil.
El Director
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