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A
propósito de paros y huelgas
CONVULSIÓN SOCIAL PELIGROSA
(Mayo, 14) Resulta sorprendente la forma como actúa la sociedad peruana.
Hace tres años, era imposible imaginar la valentía y el coraje de muchos
líderes gremiales, o sociales, para protestar por las injustas condiciones
políticas y sociales que el Fujimorismo impuso por la fuerza. Recuerdo a un
intrépido dirigente sindical, que en entrevistas a nuestro medio de
comunicación era un furibundo defensor de los derechos de los trabajadores,
hasta que Fujimori lo detuvo y aplacó en él, ese espíritu rebelde y de
lucha. Meses después pretendí entrevistarlo una vez más, pero recibí un
rotundo no.
Era
un No por el temor que el régimen transmitía en los dirigentes sindicales, y
porque actuando al margen de reivindicaciones sociales, su seguridad
personal y familiar estaba garantizada. El secreto de la estabilidad social
del prófugo Fujimori, era ese, amedrenta a unos y los demás se amordazarán
solos y así fue. Los pocos que protestaron, los pocos que hablaron claro,
fueron voces solitarias sin comparsa, pero que no desmayaron en ningún
momento pese a los riesgos y las amenazas. Gracias a esos pocos peruanos
tenemos democracia, una democracia que ahora se desvanece peligrosamente.
Existe un mal manejo del país. Alejandro Toledo es un problema en el
gobierno y una alternancia constitucional sería incluso más saludable para
los momentos que estamos viviendo; sin embargo, se ve que la desesperación
gana la racionalidad y la terquedad del gobierno supera lo razonable. Hay
que gritar para ser escuchado, cuando al contrario, en una democracia son
las instituciones las que aportan el equilibrio social.
Es el
caso de las enfermeras, que tras una huelga general obtuvieron un magro
aumento, pero incremento remunerativo al fin; se olvidaron que en un
hospital trabajan médicos, técnicos y auxiliares, que sufren las mismas
consecuencias de la crisis económica. Los Cocaleros tuvieron que realizar
una marcha con todas las inclemencias del tiempo para ser escuchados, para
después de tanto sacrificio ofrecer cambios en la política de sustitución
del cultivo de coca. Los agricultores, sin embargo, también tienen una
problemática desoída que no es contemplada por el gobierno.
Los
transportistas de carga, despertaron como gremio y tras bloquear carreteras,
el gobierno se comprometió en solucionar parte de sus reclamos. Los tacneños
impulsan medidas de lucha tanto como los paiteños y su voz fuerte en su
región se desvanece hasta llegar a la capital, sin ser escuchados.
Ahora
el turno de los conflictos los tiene el magisterio nacional que en una
huelga general indefinida, piden que el gobierno les cumpla con los aumentos
que les ofreció y que no quiere cumplir. El Presidente Toledo se muestra aún
soñador y sigue hablando una cosa y haciendo otra, es su estilo, una forma
de ser que cansa y que nada positivo lleva para el país.
No
estamos en contra de las reivindicaciones, tampoco consideramos como una
forma de vida ideal el de los conflictos cotidianos. El país necesita
estabilidad. Una estabilidad que deben otorgársela tanto las instituciones
gremiales y empresariales, como y fundamentalmente el propio gobierno.
Señores gobernantes miren el Perú, no por parcelas de fuerza, sino como un
todo, en esa visión encuentren soluciones integrales para no causar
insatisfacciones en otros sectores. Ahora que el conflicto es protagonizado
por los maestros, encontremos una solución para todos los trabajadores del
Sector Público, esa es la única forma de acabar las protestas como forma de
solución de conflictos.
La
Democracia que vivimos, debe consolidarse y si un mandatario no se ajusta a
las expectativas del país, caben otros caminos constitucionales para cambiar
de timonel para lograr el desarrollo económico y la paz social que ahora se
ha convertido en precaria.
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