Piura,05/06/2006
El retorno de un presidente que destruyó el país
La mitad de los electores peruanos se
inclinaron por dar una segunda oportunidad al ex presidente Alan García
Pérez. La otra mitad consideró que debería iniciarse un cambio social,
político y económico.
García Pérez y su organización
política, tienen un pasado que los descalifica como gobernantes. Bastaría
realizar una lectura social, económica y política del lustro 85-90 para
concluir que la esperanza y creencia de muchos, podría ser una decepción en
el futuro. El beneficio de la duda que recibe en esta oportunidad, es su
compromiso ético y moral. ¿Lo cumplirá?.
La única manera de derrotar a Ollanta
Humala era un cerrajón de las demás agrupaciones políticas, que como feria
participaron en la primera vuelta. El resultado que obtiene García en
segunda vuelta, es la sumatoria de los otros partidos y grupúsculos que
fueron incapaces de consensuar para una propuesta de gobierno que pase por
la unidad; pero que sin embargo, ajenos a todo pudor se encimaron en la
candidatura aprista.
Los votos de Ollanta Humala son el
resultado de su esfuerzo, de su correr en contra de la corriente, soportando
una "guerra" manipuladora de medios de comunicación audio-visuales. Esos
votos son la expresión de una legión de peruanos, casi el 50%, que no cree
en el cambio responsable y las histriónicas poses del ganador. Sin duda que
el mensaje de Ollanta Humala, tras conocer los resultados, fue bastante
inteligente y futurista. La gran transformación, dijo, "se inicia hoy".
Sin una oposición responsable y
vigilante; fisgadora y permanente, los resultados pueden ser diferentes a
los que esperan quienes no tuvieron reparos en asumir la camiseta aprista
para oponerse al "nacionalismo".
García es impredecible y mutante. Su
peor decisión de gobierno llevó a la presencia política de Mario Vargas
Llosa. La gesta "democrática" del reconocido escritor impidió que se inicien
caminos autoritarios y populistas cuyo único propósito era oscurecer el
fracaso económico aprista.
El rol de Ollanta Humala, es
convertirse en defensor de la institucionalidad que con García podría verse
afectada. Por los votos obtenidos, presencia en el Congreso y por sus
propuestas de justicia social está llamado a ser el contrapeso necesario y
obligatorio para alguien que no muestra pergaminos de éxito político y
económico y que regresa al gobierno con una pléyade de respaldos,
contradictorios entre si, que buscarán cobrarle posteriormente la factura.
Tras el pírrico triunfo de García,
quien se encuentra premunido de un pasado desastroso, solo queda registrar
las cifras sociales y económicas actuales del país; soportar con estoicismo
la presencia pública del rostro atávico y maquillado de Mercedes Cabanillas;
el cansino verbo de Jorge del Castillo, Mulder y otros, y esperar, solo
esperar.
El Director
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