Piura,06/02/2006
En el calor de las elecciones
La democracia es el mejor sistema
de todos, nos expresaban como verdad de perogrullo, nuestros docentes y todo
hace indicar que es así. Las propuestas violentas y revolucionarias se
fueron al compás de la caída del muro de Berlín y los rezagos que ahora
existen son tan imperceptibles que nadie osa siquiera tomarlos como
paradigma.
Pero y aquí está lo particular,
la democracia peruana es más formal que real, es más de elecciones que de
prácticas cotidianas. Nuestras lecciones cívicas han sido tan elementales
que por un lado, tenemos un Estado que debe garantizar los procesos
democráticos y lo hace poco; y una población que es permisiva a prácticas
dictatoriales que impiden el perfeccionamiento de lo que tenemos.
Censuramos y en este sentido
recogemos a diario, los cuestionamientos por tanta predilección por ser
candidato presidencial, congresista, alcalde, regidor, presidente regional y
hasta consejeros. No interesa en absoluto las propuestas programáticas e
ideológicas en esta ola, lo que emociona es sentirse el centro de la
atención, aunque en el fondo la mayoría entienda que sus posibilidades son
tan mínimas para ejercer un cargo público de esta naturaleza.
Es esta vorágine de ambiciones
las que se censuran, sin ir hacia el fondo del asunto. Es lógico entender
que alguien será -si se mantiene el sistema- presidente de la república,
congresistas o autoridades municipales o locales y es legítimo; por lo
tanto, no debe ser motivo de asco que haya interés y masiva participación en
un proceso electoral.
Qué diferencia existe entre
Tongo, Melcochita, con los "tótem" de la política peruana, como para
negarles a los primeros capacidades para participar en asuntos públicos?.
Ambos tienen derechos que las leyes reconocen y por lo tanto son hasta
racistas las expresiones que pretenden sustraerlos de sus aspiraciones.
Pueden ser candidatos Tongo y sus
ademanes cholificados que lograron amansar la hostilidad del sistema, tanto
como el más sofisticado Javier Valle Riestra. La decisión no es de ellos
dos, lo será de una población electoral, que entendemos es la legítima
depositaria del poder. Porqué nos alarmamos?. Italia, un país diferente al
nuestro hace unos años eligió a una prostituta para su parlamento y no por
ello dejó de ser lo que es.
Si admitimos que es parte de la
democracia las elecciones, mal hacemos en sentirnos, erigirnos jueces
draconianos por ese otro, que es la realidad peruana, que no integra a todos
sus nacionales, sino que por el contrario los excluye. El Perú y nadie lo
puede negar, es tan disímil y variado que es diferente hablar del serrano
que en la puna mira con desinterés un proceso electoral, con el cholo de la
costa que avivado por la velocidad de vida, crea mecanismos de defensa para
no dejarse morir.
Entender esas diferenciaciones es
también usos de la democracia. No es el peruano ilustrado el único
predestinado para ejercer el poder. Además, desde la formación misma de la
República, hemos sido gobernados por los grupos de poder distribuido entre
curas, abogados o militares, y donde la exacción social fue fundamental, y
justamente no tenemos un país digno de orgullo.
Por más que nuestras decepciones
aumenten y nuestras percepciones no lleven a la depresión; debemos reconocer
el derecho de acceder a cargos públicos de los más diversos sectores
sociales, sin sesgar o limitar, porqué los tongo, melcochitas, y otros no
nos pueden dar una lección de hermenéutica parlamentaria o política o no nos
den una clase, al más estilo ilustrado, de gnoseología.
Los peruanos en su mayoría viven
una profunda crisis de conocimiento o de información, es decir son tanto
tongos como melcochitas, ¿nos sorprende?.
Sin embargo, este aparente circo,
explicado en la diversidad social y cultural, puede ser tratado en mejor
perspectiva. Trabajemos todos por la educación y la cultura de los peruanos;
por el crecimiento económico y por el desarrollo humano. Electores educados
y culturalmente preparados, con crecimiento personal y económico, tendrán la
suficiente capacidad para no dejarse engañar o manipular.
Pasemos de la democracia formal y
electoral -de kilos de arroz, medicinas y otros regalos- a una auténtica
opción democrática. Vayamos a la construcción de la democracia real que se
encuentra vinculada no solo al voto, sino a la educación, a la economía, a
la axiología y muchos otros aspectos, que se encuentran en los diagnósticos,
pero que como política de Estado y como responsabilidad social, dejarán de
estar en el papel.
El Director
|