Piura,06/09/2006
La triste historia de un magistrado que cayó en
desgracia
Una noticia dio la vuelta al mundo.
Los piuranos, quienes conocemos al actor de tan lamentable trama nos
sorprendimos y hasta compadecimos el difícil momento del ex presidente de la
Corte Superior de Justicia de Piura y Tumbes.
¡Harán escarnio con él! fue nuestra
primera impresión y no nos equivocamos. Palacios Villar es el símbolo ahora
de la corrupción y políticos, magistrados, abogados piden una sanción
severa, aunque nadie haya escuchado su defensa, excepto un monosílabo
expresado entre el paso raudo y el apretujón de periodistas y policías. Para
responder a la expectativa pública, el CNM se reúne de inmediato, con una
ligereza inusual.
He vivido bastante de cerca como
parte denunciada y como periodista de los "entuertos" del Poder Judicial, he
recibido decenas de solicitudes de coima y he respondido tantas veces que
no. La actitud que podría ser valiente, luego tiene poco de cómodo para
contarla. Resistirse a las presiones, frente a alguien que tiene el poder
para decidir, muchas veces tiene consecuencias que lamentar, por el honor
que siempre se busca conservar y por la familia que absorbe las vicisitudes
nuestras.
Mirando el caso que ha puesto en
desgracia a un hombre aparentemente probo, nos lleva a reflexionar con menos
apasionamiento que los convenidos que quisieran hasta decretarle la
guillotina a Palacios Villar. En el caso peruano tenemos una crisis
institucional que nadie quiere solucionar. El Poder Judicial es mucho más
corrupto que la pobre actitud del vocal piurano. Se mueven cifras de acuerdo
a la importancia de un proceso, y el "negocio" es compartido entre abogados
"exitosos", magistrados coimeros y secretarios/as proclives a la corrupción.
Lo sucedido con Eduardo Palacios
Villar, es una pequeña anécdota en un mar de atrocidades. Bastaría ver la
forma tan serpenteante como se resolvió el caso de Jorge Eduardo Díaz
Campos. El proceso fue tan extenso, como grandes las frustraciones de
quienes esperaban que el Estado les administre justicia con prontitud.
Administrar justicia de verdad, es
una latencia que se ve vuelve irrealizable porque quienes participan en una
denuncia o en una demanda, buscan las mejores maneras de torcer la decisión
de un juez. El dinero es el instrumento más persuasivo y en menor proporción
las vinculaciones políticas. "Todo tiene su
precio" o "siempre existirán magistrados negociables" es una
expresión que con mucha crudeza la escuchamos en boca de un tinterillo
piurano que se acostumbró a vivir de la
recaudación y entrega de coimas, a cambio de resoluciones favorables.
Los abogados litigantes saben,
conocen en detalle los entretelones de ese oscuro mundo del Poder Judicial.
El defensor honesto y de principios tiene que resignarse ver a su defendido
confinado en un cuarto oscuro; en tanto que el vivaracho tuerce voluntades y
resulta que en nuestro país, "el honesto es culpable y el culpable
inocente". El tema es conocido, pero todos son complacientes frente a la
corrupción.
Sin embargo, si la mayoría de
magistrados del Poder Judicial transitan por la corrupción y la viveza, no
es exclusividad de esta institución. La Policía Nacional de Perú tiene lo
suyo y lo expresa en los casos que que asume por razones de
competencia. En el transporte es insultante ver, como un "pobre" policía,
tiene que exigir vehículo en vehículo uno o dos soles para dejarlos trabajar
libremente; no es cuestión de bajo sueldo, es cuestión simplemente de una
palabra llamada VALOR.
Las municipalidades y los programas
del Vaso de Leche son una realidad similar. Los grandes negociados de
empresas y funcionarios, no tienen cuando acabar y se perfeccionan cada día
más. Los escándalos no son suficientes para decirles a quienes gobiernan el
país, que deben tomar decisiones y trabajar por resolver el problema moral
del país.
El desenlace triste y lamentable de
Eduardo Palacios Villar, debe obligar a reflexionar sobre la crisis
institucional y fundamentalmente sobre la crisis moral de los peruanos. Si
existe un corrupto activo, es porque existe uno pasivo. Ambas cosas se
retroalimentan y no pueden existir individualmente.
Hasta ahora, y seguro por mucho más
tiempo, no veremos situaciones reales para acabar con la corrupción como
lacra. Solamente escucharemos las frases encendidas de quienes se
escandalizan del otro, olvidándose que son parte del problema. La solución a
esta crisis nacional, implica a toda la sociedad peruana, a la gente que
maneja las instituciones y al ciudadano común y corriente. La salida no se
encuentra en leyes, sino en valores
y principios, cuya construcción es urgente. ¿Quién asume esa tarea?.
El Director
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