Piura,29/07/2006
Una lluvia de ofrecimientos en primer mensaje
presidencial
Alan García Pérez regresa al gobierno
tras ser considerado un resucitado de la política. Llegó y se retiró del
Congreso, con el paso marcial que sirve mucho a los imitadores y dejó en el
recinto una lista de intenciones y promesas, algunas de ellas poco
concordantes con sus ofrecimientos previos.
García habló como lo hizo en el 85;
y, leyendo porque la Constitución se lo obliga, pero igual pudo haber dicho
lo mismo sin mirar recurso alguno, porque es el último vestigio de esos
oradores grandilocuentes, teatrales y versátiles que encandilan tanto a la
población, creando utopías como realidades, que después el tiempo destruye.
Inició su discurso discrepando con su
antecesor, quien se paseó por todo el Perú buscando homenajes y mostrándose
exitoso, cuando en realidad el nivel de crecimiento hubiera sido igual con
un presidente diferente. García en todo su discurso deslizó críticas a la
banalidad y la bohemia, a los lujos y dispendios que caracterizó al "cholo"
de Cabana como él mismo se calificó.
García manifestó que trabajará para
detener el avance de la globalización; ¿Acaso él mismo no lo dijo hace un
buen tiempo que era imposible?. ¿Alguien en su sano juicio podría creer que
esa ola "mundializante" podría ser detenida?. Evidentemente la expresión es
inadecuada e irrealizable. No hay nada que pueda detener a la globalización,
solo convivir con ella y construir las capacidades para obtener beneficios
de ella.
García sostuvo que es la hora de los
13 millones de pobres que tiene el Perú. La trillada frase puede ser ideal
para el discurso, pero sin estrategias y capacidades es imposible hacerla
realidad. No es con mayores recursos para el Programa del Vaso de Leche y el
Programa Juntos cómo trabajaremos por tener menos pobres, ese tipo de
programas solo mancillan las capacidades, el honor y la estima de un ser
humano. El Perú requiere un país de triunfadores, no de mendigos del Estado.
García cree y nosotros también que
debemos crecer tanto como sea posible para superar el desarrollo de los
países vecinos; el objetivo es bueno, solo que, creemos que el conductor
deberá ser tan aséptico a las distorsiones del poder que ahora engendra para
no dejarse arrastrar por la creencia que al aprismo le corresponde la misión
histórica. En todo caso, se espera que empresarios, trabajadores y Estado,
asuman sus responsabilidades para crecer y desarrollarnos.
El nuevo presidente sostiene que
iniciará la transferencia de la educación primaria hacia los municipios. Los
municipios son un mar de errores y de falta de capacidades; cumplir con esta
tarea implicaría perfeccionar los mecanismos legales, administrativos y
políticos para no desfallecer en el intento.
Tratando de agradar a la platea,
García dijo que ganará solo 16 mil nuevos soles y los congresistas un poco
menos que él. El problema es mal entendido, no es una baja remuneración la
solución; bastaría ver cuando Olivera subió el sueldo a los magistrados y el
Poder Judicial no cambió. Se puede bajar las remuneraciones y el objetivo
tampoco lograrse. Quienes manejan el poder siempre encontrarán formas de
compensarse económicamente.
García habló de moralización
austeridad, simplificación, crecimiento, Poder Judicial, y decenas de temas
envueltos en su mensaje. Manifestó que hará prevalecer las 8 horas diarias y
que soltará inspectores hacia las empresas públicas. Con esta acción regresa
el Estado "controlista" de cuya experiencia aún no se nos borra el recuerdo.
Sistema Nacional de Inversión
Pública, educación primaria a los municipios, Banco Agrario, ventanilla
única, Enaco, descentralización, compras estatales y subasta inversa,
sueldos y salarios, responsabilidad, adunas, entre otros, han sido los temas
del discurso de García, quien quiere aparejarse a Piérola, el montonero
destructor de gobiernos que luego se convirtió en una eficiente presidente
tras culminar el siglo XIX.
La primera contradicción entre el
dicho y el hecho ya se dio en su mensaje. Bastaría leer algunos diarios
previos para darse cuenta qué es lo que opinó sobre los sueldos del PNUD que
reciben decenas de funcionarios. Para el aprismo deberían desaparecer, se
dijeron hace unos días; en el discurso se expresa que bajarán en un 25%, es
decir no desaparecerán. Es la muestra de lo que podría suceder.
Particularmente no abrigamos mayores esperanzas de este gobierno; pero
esperamos equivocarnos por el bien del Perú.
El Director
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