Piura,10/08/2006
¡Pena de muerte para todos los delincuentes!
Es deprimente escuchar las propuestas
sobre pena de muerte contra los violadores que propone Alan García Pérez y
que es seguida por unos cuantos políticos peruanos; aún desconociendo que
somos signatarios del Pacto de San José. El debate actual se parece mucho a
la torpe intención de denunciar el Pacto en la época de Fujimori.
¿Podemos los hombres decidir sobre la
vida de otros hombres?. ¿Qué nos distingue de los animales?. Respecto a la
pregunta primera, vemos como la brutalidad humana es capaz de destruir miles
de vidas humanas en guerras fratricidas promovidas por el poder, como sucede
en el oriente. Se podría actuar pero se hace poco, en tanto, Israel sigue
matando.
Somos animales, que duda cabe, pero
racionales, tampoco cabe duda. Esta afirmación nos lleva a discrepar de la
intención de querer, en nombre de la sociedad, implementar la pena de muerte
contra unos enajenados, que saliéndose de la norma social violan y matan
niños. Claro, quienes han sido víctimas de estos "bestias" podrían no dudar
en votar para que se aplique la pena de muerte. Es de entender.
Particularmente no encontramos mucha
diferencia entre el violador, el ladrón habitual y aquel de "cuello y
corbata". Si de disponer la vida de otros seres humanos se trata,
porqué en nombre de la sociedad no planteamos que todo aquel que se roba los
recursos estatales, que son de todos los nacionales, también deben ser
pasibles de pena de muerte. ¿De ser así, se podría esperar que no se fuguen
del país y vivan cómodos en otros países y luego regresen muy frescos?.
Si de disponer la vida de otros seres
humanos se trata, porqué en nombre de la sociedad no disponemos que se
aplique pena de muerte a todos aquellos fiscales y jueces que hacen de la
justicia un modo de beneficio personal y de perjuicio social. ¿Se podría
esperar que todos esos sinvergüenzas que se encuentran en el Poder Judicial,
actúen con honestidad?. ¿Han sido víctimas de estos sinvergüenzas de saco y
corbata?.
Si matar es la solución que corona
tienen esos delincuentes que van por las calles, asaltando, violando y
matando, cuando las víctimas ofrecen resistencia. Hace un tiempo, fui
testigo del humano sentir de un hombre que vivió el inmenso dolor de ver el
sufrimiento de su esposa que un delincuente violó. ¿En nombre de la
sociedad, estos delincuentes también deben morir?.
El policía que debe proteger al
ciudadano, que se aposenta en una esquina esperando que le "donen" un nuevo
sol o dos, para permitir que se violen las normas de tránsito, o que
facilita la fuga de un narcotraficante o delincuente, tras recibir dinero;
¿También debería morir?.
El cura que violando la norma social,
seduce y deja al libre albedrío sus instintos homosexuales y busca
niños para desenfrenarse, ¿qué corona tiene para no pagar con su vida su
pederastia?.
El abogado de ejercicio libre, que
engaña y manipula la información para sacar prebendas económicas, que
chantajea a su cliente con el cuento de la condena y que hace poco por
exigir recta justicia; ¿por infractor de la norma social también debería
morir?.
El periodista que manipula la
información con fines económicos y que difunde falsedades para responder a
esos intereses; ¿qué corona tiene para no morir?.
Es decir, acabar con las lacras
sociales sería fácil aplicando la pena de muerte. ¿Cuál es la diferencia,
entre el acto delincuencial de un violador de niños, con el que te sorprende
por las calles y te deja sin pertenencias, o el juez que da una condena a un
inocente, o el empleado de un banco que se roba los ahorros de los
clientes?.
Si la sociedad y el Estado, cree que
la única manera de solucionar los problemas es aplicando la pena de muerte,
habríamos regresado a la época de la barbarie y habremos retrocedido como
seres humanos.
Nuestra posición es no a la pena de
muerte, por razones netamente humanas. Más allá de los
inconmensurables dolores que puede causar un hecho delincuencial, creemos
que como seres humanos estamos en la capacidad de construir una nueva
sociedad, que exige la responsabilidad de todos, incluso de aquellos que
pudieron aportar al cambio social, político y económico y no lo hicieron. .
El Director
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