Piura,27/01/2007
La desgracia tiene rostro de pobre
Las
lluvias y los huaycos han variado relativamente el interés ciudadano.
Decenas de pobladores de la selva quedaron enterrados entre sus vestigios
pobres y elementales y el barro que llegó sorpresivamente. Alan García,
siguió hablando de otras cosas y entre ellas que los terroristas y los
violadores merecen la pena de muerte.
Las fotografías del lugar de desastre son descarnadas. Pero nos lleva al
axioma que la desgracia tiene rostro de pobre. En el Perú, miles de peruanos
se encuentran en la pobreza extrema y ocupan el territorio de la forma más
precaria. Allí, en la sierra y en la selva, el Estado solo existe en el
papel. En tanto Alan García sigue soñando con la muerte.
Los problemas que requieren urgente
decisión, no son aquellos que le permiten a García inflamarse de verbo,
pasearse orondo con su ya obesa musculatura y distraer la opinión pública,
para protegerse de sus responsabilidades de mal gobernante. Los más graves
problemas se encuentran por todo el país, con esos seres humanos que nacen,
crecen, se reproducen y sino mueren por una de las tantas enfermedades que
nos dicen las estadísticas, quedan sepultados por un huayco o acabados por
un terremoto.
Ajenos a las capacidades que les
permitan protegerse, millones de peruanos, en la costa, en la sierra y en la
selva, se han ubicado en lugares deleznables y vulnerables., Los piuranos
conocemos mucho de estas cosas. Miles de familias viven en hondonadas,
porque allí decidieron ubicarse, porque nadie les alertó de los peligros o
si lo hicieron desoyeron lo expresado.
Ellos no tienen la culpa, en todo
caso su culpa es ser pobre, no tener capacidades y vivir al día, sin
importarles las consecuencias futuras. La culpa real la tiene el Estado, con
sus gobernantes irresponsables y precarios, que se alternan cada cierto
tiempo, pero que no solucionan los problemas críticos del país.
En cierto momento, difundimos las
apreciaciones de Fernando de Szyszlo, cuando consideró a Belaúnde como un
buen demócrata, pero un perfecto inútil como gobernante. Podemos extender
esta expresión para los siguientes y los anteriores y no habría diferencia
alguna. Los gobernantes, tienen otras prioridades y otras formas de entender
el mundo. La muestra, García vivió a cuerpo de rey en Francia; Fujimori goza
de las beldades chilenas y Toledo mira de lejos los problemas del país.
Los resultados de la Comisión de la
Verdad, hablan del flagelo del terrorismo, de las fisuras de la sociedad
peruana y de las responsabilidades de instituciones diversas. Se acentúa el
hecho que miles de muertos hayan sido de esos departamentos considerados
pobres. Pero, en tanto no hubo un atentado en Lima simplemente el problema
no era del Perú.
Las fisuras de la sociedad peruana,
las diferencias entre peruano y peruano son miles. No ha cambiado, aunque
ahora nos ufanemos que exportamos más y que estamos creciendo. Las cifras
macroeconómicas nos engañan y muchos se dejan engañar. Un grupo
felicita a García y hasta califican como buenos sus seis meses de gobierno.
Los que así expresan, son los empresarios y mineros quienes siguen gozando
de prebendas, sin entender que el Perú son ellos y también esos otros que
tienen menos oportunidades y posibilidades.
En tanto García, sigue hablando de la
muerte y la muerte, la que no sucedió en el frontón o Castro Castro, la
muerte estructural sigue cobrando vidas porque allí el Estado no existe.
La desgracia que viven un grupo de
peruanos afincados en lugares pocos conocidos de nuestra geografía, las
pérdidas de vida de esos niños y jóvenes que el alud los sorprendió en tanto
dormían, nos hace mirar que allí se puede encontrar esa lección que Amartya
Sen nos la recuerda cuando se habla del círculo vicioso de la pobreza.
García debería pensar más en esa
realidad estructural, que no se arregla con sus ya revividos balconzazos; él
tiene que olvidarse que de repente la CIDH lo encuentra culpable y deberá
pagar por ello, en tanto esté como presidente, su responsabilidad es acortar
las distancias entre peruanos y disminuir los riesgos que la pobreza trae,
entre ellos el de ser proclives a las más grandes desgracias.
El Director
|