Quisiera soñar como Kuczynski, pero la realidad es que…

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo

ERP. Este 28 de julio, Pedro Pablo Kuczynski ha asumido la presidencia del Perú. Si alguien me ayuda con el ordinal que le corresponde porque con tanto golpe de estado y zancadilla es difícil llevar la cuenta, como otros países donde se anuncia solemnemente “Fulano es el tantitos presidente de la República”. El hecho es que por ahí ya hemos roto un primer récord nacional: quince años de sucesión democrática sin interrupciones.

Ahora el Perú inicia un tránsito esperanzador hacia el bicentenario, pero también retador. Y Kucczynski parece estar concentrado en tres aspectos clave: inclusión, prosperidad y liderazgo. Claro, eso dijo; el otro asunto es que consiga tales objetivos en cinco años (aunque me pareció oírlo que en siete).

Antes que nada, habría que recordar la co-responsabilidad en la toma de decisiones que el presidente invocó cuando candidato, y que muy poca gente ha advertido: él gobierna el país, pero espera que la ciudadanía contribuya para que el gobierno llegue a esos objetivos. Lo ha reiterado en el mensaje de toma de mando, especialmente en el remate.

En ese sentido, por ejemplo, la lucha contra la corrupción implica que la ciudadanía denuncie, aunque también que él castigue si fuera el caso y los operadores de justicia hagan su chamba también. Dijo que va a reforzar la justicia para que sea “oportuna y predecible”. Eso sí que será titánico, considerando la jupiteriana carga procesal existente.

Sobre educación y salud de calidad, la verdad es algo que lo venimos escuchando por décadas, pero aún no saltamos más allá de leer o sumar mejor. De hecho, como lo comentaré el domingo, no hubo una palabra sobre el desarrollo de actitudes que garanticen seguridad en la relación entre familias, docentes y estudiantes para que los centros educativos no se conviertan en una suerte de cárceles, reformatorios o cuarteles donde tienes que llevar el pelo bien corto o bien amarrado, pero tu psique hecha una desgracia.

Quizás a este nivel, una frase que me genera expectativa favorable es: “Las artes, y en especial la música, serán junto con el deporte y la educación cívica materias obligatorias… así como las iencias y el aprendizaje de un idioma extranjero”.

Aunque en el tema de ciencias, estoy intrigado en saber qué va a hacer en concreto, pues por ahí está la veta que el país debería explotar si quiere desarrollarse.

Me da mucha esperanza también la constante alusión a que en el Perú debe erradicarse la discriminación, y en especial la intención de conseguir la igualdad de géneros, así como una revaloración de nuestras raíces, lo que se contrapone al racismo. “En el año 2021, el Perú será reconocido como un país donde se respetan los derechos humanos, especialmente de las minorías”, dijo Kuczynski, y a buen entendedor, pocas interpretaciones de este servvidor.

Y esa línea que parece nacer de la educación, también va a la salud, en la que, entre tantos componentes, se ha garantizado una lucha contra la anemia, la tuberculosis, el SIDA y los embarazos adolescentes, en un entorno de acceso universal; aparentemente, el indicador será la ausencia de colas en los establecimientos de salud. Eso significa meterle quimioterapia al personal. ¿El mal será tan agresivo que requerirá esa suerte de tratamiento radical?

Al menos en el papel, los temas sociales y de ciencias lucen bien. Ahora, el reto es cómo los concretamos y logramos que sean exitosos, de lo contrario serán más palabras al viento, y el país ya no está para eso.

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