Yo no olvido el año viejo...en Querecotillo

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP/Miguel Arturo Seminario Ojeda. Así comenzaba una canción de hace más de 40 años, y que se difundía en emisoras populares, el año que hacía 365 días había sido bien esperado, ahora era echado a palos por los mismos que lo recibieron en medio de algarabías; a veces las personas hacían exámenes de conciencia sobre lo vivido, pero al margen de eso, aunque el año hubiese sido muy bueno, despedían al año que terminaba, quemándolo en medio de risas y carcajadas.

Esto ocurre en casi todo el globo terráqueo, todos los seres humanos tienen formas particulares de celebración, lo cierto es que se despiden del año que termina, y dan una bienvenida extraordinaria, al año, que tras 365 nuevos días, también despedirán sin pena ni gloria.

Este 31 de diciembre los muñecos del año viejo estarán de nuevo en las calles de todo Piura, Sullana, Tambogrande, Chulucanas, Sechura, Talara, Querecotillo, Negritos, Ayabaca, Morropón, Huancabamba, Paita y en todo Piura, en una costumbre ya adoptada desde hace años, y de lo que no nos queda un registro primario que nos lleve a asegurar, desde cuando esto se hizo tradición en nuestro Piura.

Conversaba con Lucía (Lucha) Gallo Camacho sobre estos días en Querecotillo, y me dio una información particular sobre la confección de los muñecos. Yo siempre supe que los hacían rellenos de ropas viejas y de todo lo que transformaba al muñeco representativo del año que terminaba, en algo listo para quemarse, pero en Querecotillo el relleno era diferente.

Lucha Gallo Camacho recuerda que los rellenaban con pajilla de arroz, esa cascarilla que hoy, cuando la quemamos se convierte en pulitón, sustancia de uso casero en las cocinas que saca brillo a platos y a cuanto utensilio se limpie con este comercializado producto. Los muñecos rellenos con cáscara de arroz, y con “sartas de cuetes” en su interior, cada 31 de diciembre a la media noche, eran quemados en Querecotillo en medio de la lectura del testamento que generaba risotadas en cadena.

En una oportunidad, recuerda un querecotillano, le pareció que las “sartas de cuetes” estuvieron mal hechas, porque los sonidos que provocaban se parecían al de una exagerada aerofagia, las explosiones que salían del abdomen del muñeco generaban unos sonidos muy raros, nada parecidos a los explosivos normales, era como si el año viejo, molesto porque lo quemaban, se despedía en medio de un cólico de gases semejante a una explosión volcánica.

Quizá el informante lo dijo en tono burlesco, porque después me enteré que se sintió afectado por la forma como lo mencionaron en la lectura del testamento, pero según él, el muñeco del año viejo, quería expresar su desacuerdo con el contenido documental, y el malestar que le producía la mención que hicieron al quejoso.

Estando por terminar el 2016, yo también puedo decir, que “yo no olvido el año viejo”, nos dejó cosas muy buenas, y también pasaron cosas malas en el Perú y en el mundo, hubo cosas muy buenas que no es necesario mencionar, y cosas malas que no vale la pena evocar.