La Independencia de Piura

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP/Miguel Arturo Seminario Ojeda. Un día como hoy de 1821, los piuranos vivían con incertidumbre, quizá uno de los episodios en que los ciudadanos y no ciudadanos tuvieron que tomar una decisión de inmediato, frente a una invitación que los motivaba a expresar solemnemente, lo que ya vivían desde hacía más de una década, porque el espíritu de independencia no se improvisa de un instante al otro.

Como lo diéramos a conocer en una publicación auspiciada por el Concejo Provincial de Piura, siendo alcalde José Aguilar Santisteban, mucho antes de 1821, ya varios piuranos habían sido ganados por el ideal de independencia, los piuranos sabían, tanto como lo demás peruanos y americanos, que habían alcanzado una madurez en todo sentido, para gobernarse ellos mismos.

Era urgente la emancipación, es decir, romper el vínculo político que nos ataba a España, nación que en su momento fue la portadora de la cultura occidental que se trasladó hacia América, y que junto con el elemento nativo, daría paso a las naciones americanas, que ya mixtas, aspiraban a regir sus propios destinos, pese a la resistencia de la corona española.

En medio de este protagonismo, Miguel Jerónimo Seminario y Jaime resulta ser el actor principal, sin que por esto sea el único, y en realidad es uno de los actores principales, porque no solo los criollos terratenientes y militares estuvieron en este escenario de toma de decisiones, lo estuvo el estamento medio, y el estamento popular, como lo demostró el doctor Miguel Maticorena Estrada, al hacer la interpretación de una de las versiones, de cómo se vivió lo que describen en el tránsito de la independencia en Piura.

El 4 de enero de 1821, después de la lectura de los pliegos enviados por Torre Tagle, desde Trujillo, después que en esta ciudad se hiciera la declaración y proclamación de la independencia a fines de 1820, los piuranos tenían que tomar una decisión, es decir, apresurar lo que con toda seguridad ya habían decidido, ser libres e independientes de toda dominación extranjera.

Recordemos que la experiencia electoral que vivieron los piuranos entre 1809 y 1812, sobre todo esta última, les hicieron vivir la emoción del tránsito de súbditos a ciudadanos, con estos episodios se comenzaba a vivir la práctica de la democracia, novísimo modo de tomar decisiones, que se iría mejorando con el paso del tiempo.

Hace unos días cuando vi la bandera que bordaron las damas piuranas en 1821, y que se conserva en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia, me pregunté, porque no se hace una réplica para Piura, y se flamea cada 4 de enero, para que esperar el Bicentenario de la Independencia, sentí la misma emoción que experimenté cuando tuve en mis manos las medallas de plata y bronce que se acuñaron con motivo del Centenario de la Independencia de Piura.

Hoy, 4 de enero de 2017, reflexionemos sobre lo vivido, y recapacitemos para pensar si somos dignos del país por el que lucharon nuestros pretéritos, y hagamos un examen de conciencia para pensar, qué hemos hecho por nuestra patria chica, y no solamente, que hemos hecho por cada uno de nosotros.

Que nuestras conciencias respondan por cada uno, para enmendar la ausencia de decisiones en favor de Piura, y para comprometernos a fortalecer el futuro de la tierra de Grau, Merino, Montero Salaverry, Carlota Ramos de Santolaya, Josefina Ramos de Cox, Guillermo Garrido Lecca, Carlos Robles Rázuri, Miguel Maticorena Estrada, y otros tantos piuranos que lo demandan desde el cielo.