Control emocional, impacto de las leyes y violencia contra la mujer

Andrés Vera Córdova
Typography

ERP. Recientemente entre varios varones, hice una encuesta sin ningún tipo de rigor técnico, para saber su comportamiento frente a casos tensionales entre un hombre y una mujer. Todos ellos negaron haber sido violentos y solo uno me expresó haber ido más allá de una discrepancia para reaccionar con violencia y uno entre sonrojos y sonrisas expresó que al contrario, muchas veces la agresividad era contra él.

La marcha realizada recientemente, buscó visibilizar la violencia en contra de la mujer, las agresiones físicas y psicológicas que se han convertido en comunes y muchas veces crueles en contra de ellas. Los feminicidios que cobran la vida de un buen porcentaje de ellas y la forma convenida de algunos magistrados del Poder Judicial al momento de resolver, donde las penas benignas se repiten de acuerdo a las condiciones económicas, sociales y de poder de los agresores.

Después de la marcha, muchos sabrán que las penas no serán tan benignas para ellos y que si cometen un hecho violento en contra de ellas, recibirán el máximo peso de la Ley. Es la manera de protegerla de esta violencia estructural que se asienta en la sociedad peruana y que se agrava día tras día, sin respetar ningún tipo de estrato social, pero haciéndose más evidente en sectores con menos información y con mucho más machismo que otros.

Pero sabemos que el camino para lograr disminuir los porcentajes de violencia no es fácil. Tanto como sucede con el delincuente común y corriente, igual sucede en casos de agresión femenina, lo que nos lleva a colegir que la solución no solo es legal sino fundamentalmente cultural y más que ello emocional.

Los especialistas en neurociencias han estudiado con prolijidad a los seres humanos; sobre la evolución del cerebro desde el reptiliano, pasando por el límbico y hasta llegar al neo córtex. Existen teorías sobre los comportamientos humanos y sobre inteligencia emocional. Entrar en este campo es tan interesante y aleccionador que todo paso en él nos permitiría conocer mucho más a los seres humanos, cuando resuelven desde los casos más sencillos hasta los más contradictorios.

Lograr control emocional no es un tema simple y sencillo. Mucho más cuando las estructuras familiares y ambientales en general, han creado un prototipo de ser humano que convierte en normal cuando algo no lo es y que poco a poco va internalizando formas de reaccionar, valorar, percibir o actuar. La unidad cuerpo, cerebro, mente, es la que condiciona un acto humano, y resolverá con violencia o con serenidad, en casos específicos.

Por eso, que no llama la atención lo acontecido con Carlos Feijoó Mogollón, un trabajador municipal de Tumbes, quien decidió o resolvió mentalmente, influido no por el neo córtex sino con el más elemental de los cerebros, que su mujer debe actuar conforme él lo decida y no como la libertad y el sentido común lo recomendaba.

Sin embargo, más allá del asunto emocional, se encuentra el rol de las instituciones. La víctima Milagros Rumiche, antes de ser agredida publicó y denunció dando cuenta de amenazas y agresiones, pero no le hicieron caso, sucede siempre y a diario. 

Este es un tema recurrente frente a la violencia contra la mujer, llegar a denunciar el hecho a una comisaría no solo es develarse en intimidades que quisiera ocultar, sino igualmente ser víctima de ludibrio de propios policías en su mayoría hombres con una deficiente preparación y formación. Lo mismo sucede con jueces y fiscales, quienes buscan siempre atenuantes para justificar estos hechos humanos.

La violencia contra la mujer no es un hecho nuevo. Es probable que se siga repitiendo y sorprendiendo; pero disminuirá si todos los seres humanos entienden que antes de los gritos, los golpes o el asesinato, existe un ser humano que debe ser respetado y protegido; más allá de las propias debilidades que las llevan a soportar una y otras vez agresiones personales. 

La responsabilidad de solución inmediata frente al problema que se comenta es de autoridades y población en general, al mediano y largo plazo será la educación quien coadyuve para lograr un control emocional de las personas hombres y mujeres que le puede dar un pleno conocimiento de sí mismo y controlar las emociones que lo lleven a la etapa del cerebro reptiliano o límbico, antecedentes del cerebro racional.