Independencia piurana I (*)‏

Laurence Chunga Hidalgo
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ERP (Laurence Chunga Hidalgo). Hacia los finales de la primera década del XIX, España era un caos. Mientras América despertaba a la independencia, en marzo de 1820, el rey Fernando VII se veía obligado a promulgar y jurar nuevamente la Constitución de Cadiz ya antes aborrecida por el mismo: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Esas fueron las palabras con las que selló su compromiso.

Ese mismo año, Guayaquil, Cuenca y Loja proclamaron su independencia, pero las reyertas y desencuentros no pararon, al punto que el coronel realista Vicente Gonzáles generó bajas en las huestes patrióticas, que a su vez motivó zozobra y desesperanza en las fuerzas libertarias, lo que se hizo conocido en Piura y hasta Lambayeque. A finales de ese año, el Callao y toda la costa estaban bloqueados por la escuadra de Lord Cochrane que impedía toda libertad de movimiento a los realistas, mientras en la sierra, los indígenas se sublevaron con el general Álvarez de Arenales, así los abastecimientos para Lima se habían cortado lo que encarecía la vida en la capital.

En 02 de enero de 1821, en las calles de Piura las gentes murmuraban sobre la proclama independentista de algunas ciudades costeñas, en particular las de Guayaquil y Trujillo. Se notaba el temor, en particular por lo que ocurriera con la ciudad ecuatoriana: “Dicen que Lo realistas tienen tomada la ciudad pero las fuerzas de Bolivar ya llegaron. Hay conversaciones para que esa ciudad se anexe a la Gran Colombia”, otros decían que “El Intendente Torre Tagle se ha visto obligado a proclamar la independencia a pesar de la oposición del obispo José Carrión, que se declara fiel a la Corona…”. Otros daban cuenta del apresamiento del religioso y de su remisión a la ciudad de Lima. La pregunta fundamental era sobre lo que pasaría en esta calurosa ciudad.

Don Clemente Merino, el subdelegado de la ciudad, en el año anterior apresó a los insurgentes de la sierra, en particular de Chalaco y sus anexos, empero, para estos días, se comentaba entre las gentes, que ya se pasado a las filas sanmartianas. Nuestro famoso pintor Ignacio Merino, hijo de aquel, apenas era un niño. En el otro bando, el Comandante José María Casariego había dicho que se mantenía firme, y que hará valer la ley… que apresaría a todos los que se sumen a las fuerzas insurgentes. La situación era un hervidero, cualquier noticia era buena: la gente del cuartel de Amotape estaba en estado de alerta, de intranquilidad y zozobra. Nadie podía predecir que deparaba el futuro inmediato. El Marqués Fernández de Paredes arengó a sus tropas para hacer frente al enemigo, bajo el temor de que lleguen por Paita alguna nave patriota… las cosas están que queman…

El día tres de enero, las gentes importantes de la ciudad, como quienes no quieren la cosa, coincidieron en la plaza de Armas. Don Fernando Torcuato Seminario y Jaime hacía referencia a su fidelidad real, incluso habría dicho que conversó con su vecino Joaquín Helguero y Gorgoña sobre el tema y también estaba de acuerdo. En realidad, había necesidad de asegurar los negocios y las propiedades. El nuevo orden no aseguraba nada. De la misma idea era el Tnte. Coronel Manuel Carrasco: “nuevas formas de gobierno pueden perjudicarnos”. En otro grupo la conversa era distinta, Manuel Rejón Trilles reconocía ser español de nacimiento, pero estaba cansado de tributar a favor del Rey y, no se veía ningún cambio ni progreso, indicaba que Paita apenas era un pequeño muelle mentras El Callao y Guayaquil eran ciudades importantes. Paita, apenas tenía una sola calle. “¿Así es como el rey pretende nuestra fidelidad? Ya es tiempo de ser libres…”.

Minutos más tarde, Pedro León y Valdez ponía en la balanza la situación: “Fíjense señores que Clemente Merino y su mujer Micaela Cañete ya se han proclamado independentistas, Fernando y su hermano Miguel Gerónimo anda en las mismas”, pero también reconocía que había otros, en el bando opuesto. Se reconocían vecinos, hijos de la misma tierra pero a la vez, divididos. Sabía que su autoridad de alcalde dependía de otras mayores: “Trujillo ya se independizó y el Intendente Torre Tagle ha enviado misivas a todos los partidos para que hagan lo mismo… Estamos a la espera de esas cartas…”.

Al rato llega un hombre montado a caballo, con aires de agitado y hambriento. Era José María Arellano que preguntaba por la oficina de correos para remitir cartas a las distintas ciudades del partido y también por el cabildo y la persona que estaba a cargo de éste. Se presentó con el alcalde Pedro León y Valdez, ingresaron a las instalaciones y conversaron brevemente. Venía con noticias desde Trujillo y aseguró de la decisiones independentistas tanto en esa ciudad como en los distintos pueblos en esta franja costera: “Es una orden del intendente Bernardo Torre Tagle… se darán facilidades para todos. Es una promesa del General San Martín que se respetará los bienes y propiedades de todos”. El alcalde salió emocionado y la comentó con algunos que estaban a la espera de noticias… parecía convencido.

No bastó su palabra. Dn Manuel Rejón vecino importante, presente circunstancialmente en las proximidades de la plaza mayor, exponía la necesidad del pronunciamiento de las demás autoridades: juez, cabildantes, el santo cura, las autoridades militares, incluso con los líderes reconocidos. Así, que luego de meter su cuchara convenció a todos de la necesidad de reunirse para decidir qué hacer. Se hacía saber que muchos de los vecinos de la actual calle Lima no estaban en la ciudad, sino que había salido a sus haciendas para continuar con su vida misma, algún jefe militar se encontraba en el valle del Chira; sin embargo, el tiempo era vital. Apremiaba. Convinieron en una reunión para las primeras horas de la noche en la casa del Sr. Alcalde Pedro León.

La cosa ardía…

(*) Exposición libre de las ocurrencias en los días de nuestra independencia local. Los personajes son reales, sus posiciones políticas también; en cambio, los parlamentos de cada quien son licencias permitidas por el autor.

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Laurence Chunga Hidalgo: Abogado con estudios de filosofía y de ciencias y humanidades con mención en historia.